contrato

Romántico no sé yo si es la palabra…

Las cláusulas de Catherine Zeta Jones y Michael Douglas

Antes de llegar al altar y convertirse oficialmente en marido y mujer, teniendo ella 30 años y él 55, Catherine Zeta Jones y Michael Douglas dejaron claras las condiciones de su matrimonio. 

La pareja acordó que, en caso de separación, Douglas debería pagarle a su mujer un millón de dólares por cada año que durara su matrimonio y una propiedad a su nombre, además de tres millones de dólares como pago inicial. 

La actriz añadió una cláusula de penalización: su marido debería pagarle 5 millones de dólares en caso de infidelidad. A cambio, Michael Douglas exigía que su mujer no engordara más de 10 kilos durante el matrimonio.

Tras 25 años de la firma del acuerdo, Catherine Zeta Jones y Michael Douglas siguen juntos, sumando años a su matrimonio y aumentando la cifra de ese millonario contrato. | @20m

Nace el primer contrato para regular las parejas abiertas

Las parejas abiertas celebran su amor pero no cierran su alcoba a personas ajenas: comparten relaciones sexuales con otros, manteniendo la parte afectiva con su pareja. Su núcleo no contiene el concepto de fidelidad más convencional, es decir, aquel que supone la exclusividad sexual, sino que acuerdan entre ellos cómo, qué, con quién y cuánto van a vincularse con terceros.

Un dato esencial es la confianza y el respeto, base para establecer los límites de sus prácticas y sus relaciones externas. Cuando una pareja se plantea abrir la relación, las fronteras sólo les conciernen a ellos pero, sobre todo al principio, muchas no saben por dónde empezar. ¿Se puede repetir pareja sexual en un escarceo? ¿Está permitido traspasar los límites de lo sexual y cruzar al plano afectivo? ¿Probamos solo el intercambio de parejas? Si alguno está incómodo, ¿hay marcha atrás?

Para muchos, desde luego, todas estas dudas y preguntas suponen demasiadas variables para afrontarlas con el detalle necesario. Un buen método para iniciarse es establecer un contrato privado donde tratar los aspectos que puedan preocupar a cada persona con el fin de evitar malentendidos.

El objetivo es explorar la propia sexualidad, descubrir fantasías, amar a otros, etc., pero siempre desde el cumplimiento de unas normas. Y para eso, no hay más reglas que las de la propia pareja. «Hay parejas que acuerdan intercambios soft (besarse, tocarse, sexo oral sin penetración), otras que pactan intercambios sin limitaciones en cuanto a las prácticas… Algunas deciden hacerlo todo juntas, otras que van por separado. No hay unas normas sobre cómo deben de ser las parejas liberales. Cada pareja se construye a su medida, en función de lo que a ambas les resulta más cómodo», explica Arola Poch, sexóloga de la red social liberal Wyylde.

Esta red social ha elaborado un modelo de contrato privado para todas aquellas parejas que hayan decidido dar el paso y que necesitan dejar por escrito qué líneas no quieren cruzar. Lo puedes descargar de su web y modificarlo a tu medida. Su propuesta incluye seis aspectos básicos a tener en cuenta para que no queden flecos, aunque atento a uno fundamental: siempre debes establecer un periodo de prueba y donde dije digo, digo Diego…

  1. ¿Para qué firmamos este contrato? La relación abierta evoluciona y cualquier momento es bueno para negociar y avanzar. Podemos descubrir que nos gustan prácticas no incluidas en nuestro acuerdo o que no nos molestan ciertas actitudes. Negociar implica buscar una solución con la que ambas personas se sientan a gusto, pero será necesario el acuerdo inicial arrancar.
  2. ¿Y si nos arrepentimos? Se determinará el tiempo. Lo habitual es imponer un mesy que sea prorrogable. Además, como en cualquier otro contrato, las partes podrían rescindir el contrato con un preaviso de 15 días.
  3. Yo prometo. Serían las obligaciones a tener en cuenta por ambas partes donde la honestidad y transparencia son fundamentales para que funcione la pareja. Aquí se pueden especificar aspectos como compartir sentimientos o escuchar a la otra persona sin juzgar. Es importante comprometerse igualmente a una revisión periódica del contrato para actualizar los acuerdos, según veamos qué nos funciona y qué no.
  4. Hora de poner límites. Se acuerdan límites que ayuden a mantener la confianza y el bienestar físico y emocional de la relación. Por ejemplo, si se está interesado en explorar el sexo de manera conjunta o por separado, si se quieren establecer límites en cuanto al tipo de prácticas sexuales, o si se puede pasar la noche fuera de casa. También se pueden tratar aspectos importantes como el uso de la casa en común, que no suele ser buen espacio para practicar relaciones sexuales con otros, o determinar si se puede o no repetir con la misma persona, con el fin de no establecer lazos afectivos.
  5. No te calles nada. La comunicación será constante, clara y honesta por todas las partes. Para ello, acordamos aspectos como hablar sobre cómo se desarrolla la relación con la otra persona, acordando qué detalles se comparten con el otro. También se debe fijar si la naturaleza liberal de la relación se trata públicamente o no en vuestro entorno.
  6. No te olvides de que tienes una pareja. Pasar tiempo de calidad con nuestra pareja es fundamental para que el resto funcione. Para ello se pueden establecer pautas como saber cuánto tiempo se va a pasar con la tercera persona.

@elmundo

Nota mental: Nunca salgas con una estudiante de Derecho xd

Durante una conversación en la que ambos debatían sobre si tener «algo serio», Verónica, la joven, aseguraba que le gustaría «formalizarlo de verdad». Utilizando sus conocimientos de Derecho y alegando ser una persona «muy desconfiada», la joven instaba a su ahora pareja a firmar un contrato de manera que evitaran cualquier engaño amoroso.

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