En las cárceles españolas faltan médicos. Esta realidad, que lleva denunciándose años, se ha agravado en los últimos tiempos por el perfil de los presos que ingresan en los centros penitenciarios con problemas de politoxicomanías o de edad avanzada, que necesitan un seguimiento constante adecuado a sus circunstancias. Las primeras consecuencias de esta carencia ya es palpable en las prisiones. De hecho, el sábado pasado un interno de 84 años falleció en la enfermería de la cárcel de Alhaurín de la Torre. Había ingresado en la cárcel hacía un mes por haber matado a su esposa en Marbella.
Tras atragantarse en su celda mientras comía, fue trasladado a la enfermería. Antes había comenzado a sentirse mal. De inmediato fue trasladado a la sala de observación, donde funcionarios y el servicio de enfermería del centro intentaron reanimarlo, sin éxito. El sábado no había médico en la cárcel, con lo que los funcionarios y los enfermeros tuvieron que asumir las tareas de emergencia.
«Lamentablemente esta circunstancia se ha convertido en habitual», advierten desde el sindicato Acaip. «Llevamos mucho tiempo advirtiendo de la gravedad que supone la ausencia de médicos en los centros penitenciarios, calificando la situación de despropósito absoluto, especialmente teniendo en cuenta el alto número de reos con enfermedades mentales, patologías psiquiátricas y dolencias crónicas. La falta de atención médica adecuada pone en riesgo tanto la salud como la vida de los internos», indican fuentes del colectivo. | @elmundo
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