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Algunas de las cataratas más espectaculares del mundo

Cataratas Victoria, frontera de Zambia y Zimbabue

Las cataratas tienen una anchura aproximada de 1,7 km y 108 m de alto. Se consideran un espectáculo extraordinario debido al estrecho y raro abismo en que el agua cae.

David Livingstone, el misionero y explorador escocés, visitó la cascada en 1855 y las bautizó con el nombre de la reina Victoria, aunque son conocidas localmente como Mosi-oa-Tunya, el humo que truena.

Cataratas Kaieteur, Guyana

Posee una caída libre de hasta 226 metros desde la salida del agua hasta la primera vez que toca rocas, pero entonces fluye hacia una serie caídas de aguas escarpadas, que estando incluidas en la altura de la catarata la hacen llegar hasta unos 256 metros.

Las cataratas Kaieteur son hasta 5 veces más altas que las cataratas del Niágara, ubicadas entre EE. UU.

Cascada Vernal, California

La cascada Vernal es una gran cascada en el río Merced, justo río abajo de la cascada Nevada, en el Parque nacional de Yosemite, EE.UU.

El flujo de agua es constante durante todo el año, aunque al final del verano se reduce sustancialmente su volumen y puede separarse en varios cauces menores, en vez de una única cortina de agua.

El nombre original de la cascada era Yan-o-pah (“nube pequeña”). La cascada fue llamada “Vernal” por Lafayette Bunnell, un miembro de la Brigada “Mariposa” en 1851. Aparentemente, la cascada le recordaba a Bunnell la primavera. Cabe destacar, como curiosidad, que esta cascada apareció por error en un sello de Filipinas (1932) en lugar de la original “The Pagsanjan Falls” (Isla de Luzón).

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Monte Saint-Michel, Isla de Francia

Comienza emergente como una protuberancia gris, entre el azul del cielo y el marrón de la inmensa bahía que lo envuelve. Y conforme nos acercamos, termina siendo majestuoso, descomunal y, al mismo tiempo, coqueto.

Original como pocos lugares en el mundo, el Mont-Saint-Michel es una fabulosa paradoja : presume de ser una de las mayores atracciones turísticas de Francia, pero se esconde del mundo, agazapado en los confines del noroeste galo, casi dejándose querer en lugar de atraer con su arquitectura grandiosa.

Templo de la peregrinación religiosa o víctima del turismo de masas, conocerlo a fondo no deja indiferente a nadie.

Lo más atrayente del Mont-Saint-Michel es, sin duda, la acción de sus mareas, las más grandes del viejo Continente. Situado en el estuario del río Couesnon,y en medio de una bahía periódicamente invadida por el mar, en función de la hora del día podemos estar en una isla, o en un peñón conectado con el Continente a través de un vasto terreno de arenas movedizas. Algo que siempre lo hizo ideal como fortaleza defensiva ante ataques enemigos.

El lugar llegó a servir como prisión durante la Revolución francesa, y se conservó milagrosamente intacto tras la ocupación alemana y posterior liberación aliada en la Segunda Guerra Mundial.

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