Porcentaje de los que piensan que la «mujer debe obedecer siempre a su marido»


El ejercicio consciente es perjudicial para la salud
Gustaff Yamalson, antropólogo de Estocolmo al frente del estudio, afirma que «una sociedad que se marca por obligación un tiempo diario específico y deliberado para ponerse en forma es una sociedad enferma«. Acorde con tales postulados, su encuesta de ámbito internacional ha probado que los países más felices son aquellos en los que sus habitantes mantienen un estilo de vida inconscientemente activo, acudiendo a sus empleos a pie y trabajando en labores físicas y exigentes para sus cuerpos. «Es decir», completa el científico, «el ejercicio que realmente aporta vitalidad y felicidad es aquel que se hace mientras la persona no piensa que está haciendo ejercicio. Toda gimnasia autoimpuesta, todo esfuerzo físico que implique que seamos conscientes de que estamos realizando ese esfuerzo, resulta antinatural y solo trae consigo un sentimiento de desánimo y depresión que rubrica nuestra decadencia».
Según parece, esa decadencia de la vida europea comenzó a inicios de este siglo con la proliferación de gimnasios, los cuales instalaron en la mente de los ciudadanos la falsa y extendida idea de la obligatoriedad de mantenerse en forma. «La tecnologización del acto laboral contribuyó a llevarnos a este infierno Imagínense: ustedes se pasan ocho horas trabajando como mulas en su oficina, a lo peor en tareas que detestan y que solo efectúan por dinero. Y después de salir de allí agotados mentalmente y con ganas de tomarse un vermut, les convencen de que además tienen que pasarse dos horas adicionales sudando y fatigándose aún más en un gimnasio, corriendo, haciendo pesas y perdiendo el resuello en ejercicios sin fin. ¡Como para no deprimirse!», asevera el experto sueco con un envidiable manejo del castellano.
Adiós al amor libre
Otro factor de peso lo aporta el American Way of Life, exportado como fórmula postiza de funcionalidad social. El puritanismo estadounidense ha calado paulatinamente en la sociedad europea a través de las películas de Hollywood, haciendo creer a sus habitantes que la monogamia y la fidelidad son cualidades positivas. «Antes, los hombres y las mujeres en Europa se mantenían en forma al disponer de su amante, o varios amantes, integrados en la armonía conyugal. Que ambos miembros de la pareja contaran con sus machucantes, como los llaman en Dinamarca, estaba bien visto. Ello les proporcionaba no solo joie de vivre, sino que los mantenía en forma, atléticamente óptimos, y creaba un dinamismo sanoque impedía el anquilosamiento de las relaciones estables. En la actualidad, la condena moral de la sociedad al adulterio y la obligación de ser fiel a la pareja degeneran a la larga en una abstinencia sexual que nos pone fondones a todos», concluye mirando su propia barriga el estoico estocolmense. «Esto es el colmo», remata. | @elconfidencial