A las preguntas de siempre -si has adelgazado o engordado, si ya tienes pareja, para cuándo la boda o los hijos- estas Navidades se ha sumado una nueva incomodidad inesperada. No tiene que ver con la vida personal, pero provoca silencios igual de tensos alrededor de la mesa: ¿puedo cargar el coche eléctrico en tu casa?
El auge del vehículo eléctrico ha traído consigo situaciones sociales para las que todavía no hay normas claras. Llegar a casa de un familiar o amigo para una comida larga y darse cuenta de que la batería no aguanta toda la jornada plantea un dilema nuevo: pedir el enchufe puede parecer razonable o profundamente incómodo, según cómo y cuándo se haga.
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