Pensar en las Fiyi o en Tonga nos lleva a aguas cristalinas, arrecifes de coral, arenas blancas… a un paraíso terrenal perdido en el océano Pacífico, una posición que sin embargo sitúa estas islas en una ruta crucial para el narcotráfico, tanto el que procede de América Latina como el de Asia, un fenómeno por el que ya han expresado su preocupación tanto la ONU como las autoridades locales porque tiene un gran impacto en el consumo de drogas entre la población local, que ha aumentado a niveles que la organización independiente Iniciativa Global contra el Crimen Organizado Transnacional (GI-TOC) califica de “epidemia”. Un consumo que lleva aparejado otras consecuencias, como el aumento de la delincuencia y un alarmante crecimiento de las infecciones por VIH (virus de la inmunoficiencia humana) debido al uso de jeringuillas compartidas y a una peligrosa tendencia que se está extendiendo en entornos marginales de otras zonas del mundo: el ‘bluetoothing’: inyectarse sangre de otros consumidores para obtener el mismo colocón, un “colocón secundario”, como lo han bautizado algunos expertos.
Para practicar ‘bluetoothing’, un primer consumidor se inyecta una droga como heroína o metanfetamina. Luego, la sangre de esa persona —ya mezclada con la droga— se inyecta en otro consumidor, con la esperanza de colocarse con la misma dosis, de forma más barata. Dos al precio de uno. No se conoce la dimensión del fenómeno a nivel mundial pero sí se sabe que está extendido a algunos países africanos y ha merecido ya la atención de medios internacionales como los diarios ‘The New York Times’ ‘The Guardian’, las cadenas de televisión británicas Sky News y BBC o la australiana ABC, entre otros, y de investigadores y autoridades sanitarias mundiales por el altísimo potencial que tiene en la propagación de enfermedades como el sida o la hepatitis. | @elperiodico



