




Extra:




Más tras el salto.
Chang era pobre y cuando el padre de Koong-Shee se enteró de su noviazgo, desterró a Chang y encerró a la pobre Koong-Shee dentro del pabellón que estaba rodeado con una valla en zigzag (que podemos contemplar al pie del plato).
Al mandarín no le bastó sólo con encerrar a Koong-Shee, además prometió la mano de su hija a Ta-Jin, un hombre rico, malvado y mucho mayor que ella.
El día de la boda, tras el banquete, cuando todos los invitados se encontraban bajo los efectos del alcohol, Chang se coló en el pabellón y Koong-Shee cogió todas sus joyas, las introdujo en un cofre y ambos huyeron a hurtadillas. Sin embargo; justo cuando llegaron a la puerta principal, el padre de Koong-Shee se despertó y en un arrebato de ira los persiguió a través del pequeño puente que cruza el río (que podemos contemplar también en el pie del plató en el lado izquierdo). Si nos fijamos atentamente podemos contemplar a tres personajes en el puente: Koong-Shee que lleva una rueca, detrás de ella está Chang que lleva el cofre con las joyas y el último es el mandarín blandiendo un látigo.
Los amantes logran escapar escondiéndose en el pequeño pabellón que está al otro lado del puente. (Podemos contemplar una pequeña pagoda).
En esta casa vivía la doncella de Koong-Shee y su esposo, el jardinero del mandarín, al que odiaban por tirano. El matrimonio recibió a los amantes y los protegió en su hogar. Desgraciadamente, el padre de Koong-Shee los descubrió y los jóvenes se vieron obligados a emprender nuevamente la huida. Condujeron un pequeño bote que (observar en lado izquierdo del plato) por el río Yangtsé hasta que llegaron a una isla (que también veremos dibujada sobre el bote de los amantes) y al llegar, vendieron las joyas del cofre y compraron la isla en la que construyeron una hermosa casa. Chang se dedicó a labrar la tierra hasta que florecieron todo tipo de frutas y verduras y tanto éxito logró en ese cometido que se dedicó a escribir un libro sobre cómo cultivar la tierra. El libro se hizo tan popular en toda China que incluso llegó a las manos del malvado Ta-Jin (el marido malvado al que estaba prometida Koong-Shee). Adivinando quién era el posible autor, envió a uno de sus soldados a la isla con el fin de vengarse del hombre que le había robado a su esposa.
El soldado sicario de Ta-Jin se encontró a Chang labrando la tierra y lo mató. Kong-Shee vio la escena desde lejos, corrió al pabellón junto a su marido y le prendió fuego. Decidió estar junto a Chang en la muerte como lo había estado en vida.
Los dioses, desesperados por la tragedia, se apiadaron de los amantes y los transformaron en el par de tortolitos que podemos contemplar en la parte superior del plato. Hasta hoy, podemos contemplar a Chang y a Koong-Shee, volando felizmente sobre el sauce azul, porque su historia vive para siempre en nosotros en el plato Blue Willow. | @elanticuario





