
Os cuento el caso de mi madre. Mi madre era de las pocas inmigrantes ucranianas en España cuando llegó. Estaba aún la peseta. Los españoles no querían alquilar a ucranianos, porque no se fiaban, era algo desconocido. ¿Ucrania? ¿Eso dónde coño está? xdxd. Pero hoy en día hay cero problemas. Desde hace mucho tiempo ya, siendo ucraniano no tienes problema para que te alquilen una vivienda.

Los requisitos que desde los portales de alquiler piden a la población extranjera – a veces injustificados- como un seguro de impago, un contrato indefinido o un aval son determinantes, dicen, para bloquear o dificultar el acceso a la vivienda. Elena Martínez es responsable de evaluación de Provivienda: «Lo que se les dice a las personas extranjeras es que no está disponible la vivienda, es decir, se les miente sobre la disponibilidad. Además, los seguros de impago funcionan como un filtro, también se les ha mencionado a los propietarios que miran con peores ojos un NIE, que un DNI». | @cadenaser

Empezó a hablar antes de los dos años. Leía frases de cierta complejidad a los tres. A los cinco no quería juguetes: comenzaba a fabricárselos él. Sus padres todavía guardan bocetos de inventos que hizo a los seis. A los siete, tenía su escritorio lleno de computadoras, pantallas y dispositivos [vemos la foto y alucinamos] como si fuera la oficina de un hacker. A los ocho, destripaba un walkie talkie o un mini-karaoke para así construirle una batería para el móvil de su madre. Y desde entonces hasta hoy, la adolescencia esquinada de Jaime, el niño raro por divergente, el cerebro encriptado de un modo diferente, el chico distinto que a veces se sabía las respuestas pero que se las callaba.
Se llama Jaime y se apellida mente extraordinaria.
Cuenta con 15 años, estudia 3º de ESO y ya ha descubierto algo: que peor que el acoso escolar de otros niños ha sido la incomprensión de algunos profesores.
Lo bueno es que tiene una inteligencia prodigiosa para la tecnología. Lo malo es que tiene una inteligencia prodigiosa para la tecnología.
Es lo que tiene estar reconocido con alta capacidad en nuestro país. Que un celíaco -pongamos- dispone de un menú escolar adecuado para su estómago, cuenta con una dieta que le procura buena salud, pero una persona con alta capacidad es obligada a tragar el mismo menú académico que los demás. Un menú que le puede provocar daño. Uno que se le indigesta. Uno que les puede provocar baja autoestima, soledad, cierto apartheid, la enfermedad.
Lo cuenta mejor que nadie el catedrático y pedagogo Javier Tourón en el documental Out of the box (Fuera de la caja) que acaba de estrenar Movistar+ sobre la alta capacidad: «Cuando una persona está acostumbrada todos los días a calzar un zapato que le aprieta el pie, al final decide ir descalzo… Y eso le causa un daño, pisar piedras y cristales«.
Miradas como piedras. Risas como cristales. Y el daño que se hizo Jaime de la cabeza a los pies con una depresión en la infancia; con la ira de después en la pubertad; con el señalamiento habitual.
«Suelo estar siempre pensando. Puedo estar pensando en tres cosas distintas. Todos los días me levanto triste porque tengo que ir al colegio. Intento no contar lo que hago en mi tiempo libre porque a los demás les parece raro y al final me cuesto socializar. Digo que me interesa el futbol, pero no me interesa».
Unos se muestran disruptivos y desmotivados. Otros son carne de cañón o autodescuartizados. Otros son brillantes en público y otros prefieren serlo nada más que privado. «Si tenemos en cuenta que en el 90% de los casos no se identifica, que el 67% sufre bullying y que el 70% tiende a ocultar su talento», enumera Yolanda López, experta el altas capacidades, «hablamos de unos números que no deberían dejarnos dormir».
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