

Cada vez más mujeres jóvenes se reconocen bi
Así pues, nos preguntamos si la bisexualidad nace o se hace, en un contexto en el que, según el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), cada vez más personas se identifican como bisexuales, especialmente mujeres jóvenes.
Las cifras son estas: el estudio Sexualidad: hábitos y opiniones, del pasado marzo, dice que un 3,1% de los españoles varones se identifica como bisexual y en el caso de las mujeres, el dato alcanza el 7,3%. A partir de los 50 años, no hay diferencias significativas entre ellos y ellas, pero de ahí para abajo sí, sobre todo en la franja de edad 18-34. En este tramo, se reconocen bisexuales el 6% de los hombres frente al 17% de las mujeres. Aunque la brecha se ha matizado con respecto a otra encuesta del CIS de 2025, siguen identificándose como bi más chicas que chicos.
Sara es el nombre ficticio de una adolescente de 15 años que reside en el sureste de la Comunidad de Madrid. Vinculada a un proyecto estudiantil para acoger y abrazar la diversidad sexual, confirma con rotundidad este gap de género presente también en la Generación Alfa. Con respecto a la precocidad de esta identificación fuera de lo normativo, añade: «Para la mayoría de adolescentes la orientación sexual es un espectro más que una etiqueta. La gente va descubriendo lo que le gusta y tendemos a encasillarnos menos que las personas más mayores», sostiene. Y ¿por qué crecen los bisexuales, especialmente entre los jóvenes? ¿Se atreven más a experimentar (se hayan topado o no con perlas en el camino)? «Creo que la orientación sexual no es algo que pruebas. Simplemente lo sientes. Tampoco considero que ahora haya más bisexuales. Antes esa opción no existía para la mayoría y muchos otros tuvieron que esconder su orientación por miedo. Ahora son más visibles», opina la adolescente.
El ¿resbaladizo? concepto de la fluidez
Noelia Salido, cocoordinadora del Grupo de Políticas Bisexuales de la Federación Estatal LGTBI+, amplía más ese espectro y hace una puntualización que alude a ese concepto tan resbaladizo para generaciones anteriores, pero tan orgánico para los zetas, como es la fluidez: «Los bi se sienten atraídos por personas de su mismo género y otro u otros. Es un término paraguas, no binario, que incluye una gran diversidad. Por eso preferimos decir bi+».
Para ella, el relato de una relación lésbica empujada por el desengaño hetero no se sostiene y, además, perpetúa los roles de género: «Cualquiera puede experimentar, no pasa nada, pero ¿huir de los hombres porque no te han tratado bien y probar con mujeres porque cuidamos mejor? ¿Si un chico te trata muy bien es menos macho? Implica seguir con la misma idea de siempre», dice rotunda. Salido señala también los discursos peligrosos que pueden nacer de esa idea: «Una mujer no se relaciona con otra porque odie a los hombres. Preferimos verlo como una opción tomada en la libertad de permitirnos probar algo que nos atrae, pero no como un escape«.
El activismo de la Federación ha contribuido, afirma Noelia, a la creación de referentes, esencial para reconocerse en una orientación ajena a la heterosexualidad y a la homosexualidad «Tengo 31 años y hasta los 25 no supe que era bisexual. Tardé mucho. Vivo en un pueblo de 7.000 habitantes y no tenía tantas posibilidades para hablar de ello. Ahora la información es más accesible y están las redes sociales. Hay influencers bisexuales y yo misma doy charlas en los institutos. Todo eso ayuda a que la gente se identifique antes», cuenta.

Esos referentes salpican también nombres del mainstream. Además de la citada Rosalía, se ha conocido la bisexualidad de Dulceida, Lola Índigo y Melani Olivares, como algunos ejemplos locales, y otros del plano internacional son Lady Gaga, Miley Cyrus y Kristen Stewart. La existencia de personajes reales y de ficción es el clic que muchas mujeres necesitan para reconocerse.
Alguien a quien llamaremos Lola, de 34 años e identificada como bisexual desde hace dos años, dice: «Creo que algunos libros, series y películas han facilitado que me pusiera en el lugar de la protagonista y mirara mis sentimientos. Pienso en Carol [novela de Patricia Highsmith y posterior filme protagonizado por Cate Blanchett]. La naturalidad de Rosalía también ha ayudado. Y Lily Rose Depp. También tengo una amiga mayor muy religiosa que me confesó que le atraían las mujeres y que había estado con un par; eso me trajo mucho alivio. Los referentes y la aceptación social contribuyen a que te sientas menos rara y más libre», cuenta.
Esta mujer descubrió su orientación sexual tras una ruptura dolorosa con su novio, después de siete años de relación. Considera que se nace con «esa tendencia» y que hay circunstancias que la desencadenan en la práctica. Y resuelve: «Las experiencias con algunos hombres te dejan agotada. A veces es como tener un hijo en lugar de un novio. Así que si está más aceptado, estás harta de hacer de novia-madre y te cruzas a una persona que te atrae, te permites seguir tu intuición».
Tardan más en salir del armario
La estanqueidad de las etiquetas, continúa la portavoz de la Federación Estatal LGTBI+Noelia Salido, también ejerce un papel limitante a la hora de que un bisexual se identifique como tal: «Tardamos más en salir del armario porque nos encasillan en gays o heteros según la relación que tengamos y no nos permiten descubrir quiénes somos», se queja. Y ¿por qué existen más mujeres que hombres identificadas con esta orientación?, preguntamos. Los roles clásicos asignados a unos y otras serían los culpables de esta castración: «El feminismo favorece el autoconocimiento y el empoderamiento de todos, pero ese mensaje no está llegando a un sector de hombres que se creen atacados y demonizan la feminidad. Les ha calado ese discurso de odio y, para ellos, reconocerse bisexuales les resta masculinidad«, zanja.
Sobre el boom bi entre las chicas, la sociología tiene sus propios análisis, que contemplan también a la existencia de los famosos perlas. Arantxa Grau-i-Muñoz, profesora en la Universidad de Valencia, especializada en género y sexualidad, explica el aumento general de la bisexualidad por la crisis del binarismo («la vida ya no se entiende así, sobre todo en los jóvenes») y porque la heterosexualidad ya no es necesaria para un proyecto vital adulto, puesto que casarse o tener hijos ya no se circunscribe a las relaciones tradicionales.
Y añade otro factor, que alude a la politización del deseo: «No se trata de que las chicas elijan de quién enamorarse, pero la atracción ya no reside sólo en un cuerpo: alguien te gusta también por su visión de la vida, por criterios éticos, políticos… Esto abre el abanico. Antes suponía una crisis identitaria tremenda, pero ahora el sexo se ha desdramatizado mucho. Si una chica te atrae, ya no existen tantas barreras para dar el salto».
La socióloga Maike van Damme, del Centro de Estudios Demográficos de la Universidad Autónoma de Barcelona, concluyó en un estudio de 2024 que existen entre un 12% y un 15% menos de hombres con estudios superiores y valores igualitarios que mujeres. Este déficit implicaría que un tercio de féminas no podrían encontrar una pareja masculina como ellas y que podría animarlas a emprender una búsqueda sentimental en otros mercados. Y Grau-i-Muñoz remata: «Cuando vemos en redes el machismo de la manosfera, pienso ‘¿qué chica va a comprar ese discurso?’. La transformación que estamos viviendo es que se pueden erotizar otras alternativas».
Los clichés: promiscuos, infieles, indecisos
Noelia y Sara reniegan de los clichés más comunes sobre la bisexualidad que dibujan personas promiscuas, infieles e indecisas. «Como había roto con un hombre y había sufrido mucho, mi madre me dijo que sólo estaba pasando por una fase«, añade Lola, en alusión a la experiencia bi como un periodo transitorio, uno de los mitos más extendidos.
Beth Giraldo, vicepresidenta de Cogam (Colectivo LGTBI+ de Madrid), insiste: «Nos creen viciosas o que nos atrae todo el mundo». Y reivindica: «Se nos cuestiona porque se cree que debemos tener las mismas parejas hombres que mujeres para ser bi, casi al 50%. El resultado es que se invisibiliza la bisexualidad sobre todo en nosotras. Las mujeres en la sociedad estamos en un segundo plano y dentro del colectivo LGTBI+ sucede lo mismo». Ella no compra la teoría de la elegibilidad de ninguna orientación sexual, tampoco la suya: «Nace, no se construye, ni se fuerza. Otra cosa es fluir hasta los límites que uno desee y dejarse llevar si alguien te gusta, pero ¿obligarte? Sería hasta contraproducente». | @elmundo



