Una creadora de contenido de cohes brasileña llamada Tabata estaba parada en medio del tráfico cuando un ladrón se abalanzó sobre ella y le robó su iPhone

ahora no es que tengas que competir con otros machos, es que ahora las mujeres quieren estar solas xdxd

El verano se aproxima, poco a poco, a su fin. Y el momento de regreso a la rutina suele ir acompañado de otro fenómeno que se repite cada año: la ruptura de parejas. Según datos del Consejo General del Poder Judicial, en España, después del verano se producen más demandas de separación respecto a otros meses del año. Los problemas de convivencia, los ronquidos o el desgaste de pasar más tiempo juntos, son motivos que pueden actuar como detonantes.

Sin embargo, es la diferencia de la carga logística -un conflicto estructural-, algo que pesa frecuentemente sobre las parejas que atraviesan crisis. La investigadora Laura Sagnier ha bautizado esta sobrecarga como «losa de hormigón». Es un concepto que simboliza el peso desproporcionado de las tareas que recaen sobre las mujeres y que impactan negativamente en todos los ámbitos, incluida la pareja.

De hecho, la encuesta realizada en 2021 de Taskrabbit, app para planificar y contratar tareas domésticas, reveló que la mitad de las parejas discutía de forma habitual por las tareas, siendo una de las principales causas de ruptura de relaciones. Puede que la igualdad parezca conseguida de puertas para afuera, pero ¿por qué se resiste dentro de casa?

La corresponsabilidad doméstica, o que los novios o maridos se involucren en las tareas del hogar, la crianza o los cuidados, es uno de los últimos bastiones del patriarcado. Un refugio construido en torno a aferrarse a mantener los privilegios de no hacerse cargo de un trabajo que es invisible, repetitivo y pesado.

@meetingmara

Del homo erectus al homo feministus, la evolución que consiguen las mujeres a costa de su salud mental (y que les salga alguna que otra cana 🤣) #noviofeminista #hombrefeminista #hombresfeministas #masculinidades #masculinidad

♬ sonido original – Mara Mariño

Varias autoras han señalado esta resistencia, como Andrea Rueda en su ensayo, Oprimidas (Vergara, 2026): «Llevamos años escuchando que es muy importante que los hombres aprendan a llorar, pero es más importante que aprendan a dejar de sentirse cómodos mientras son cuidados sin cuidar a cambio«. También la cómica Victoria Martín lo expresó de forma cómica en su novela Se tiene que morir mucha gente (Plaza & Janés, 2022): «La libertad de las mujeres termina siempre cuando empieza el escroto de un hombre«.

Esto, según la psicóloga, se entiende mejor yendo al fondo del asunto: estar en una relación no puede ser sinónimo de que una persona sostiene y la otra se deja sostener. «Lo que nos acerca a la felicidad no es tener pareja. Es que si tienes una relación -sea del tipo que sea-, te sientas tan cuidada como cuidas, tan respetada como respetas y tan admirada como admiras«, resume Andrea.

El problema es que los datos siguen mostrando que la distancia es considerable. Según el INE, las mujeres dedican unas 26 horas semanales de trabajo doméstico frente a 14 horas que dedican los hombres. Una distancia que muestra como, socialmente, ellos hacen menos. Por eso resulta tan interesante ver que incluso otros hombres dejan claro que no participar se trata de un privilegio.

El privilegio de no involucrarse en la gestión del propio hogar que, como bien explicó Erling Haaland en una entrevista a Sky Sports: «Me parece ridículo que en 2026 los hombres sigan creyendo que esto es ‘ayuda’ y no parte del trabajo que tenemos que hacer como miembros corresponsables de nuestros hogares, nuestras comunidades y nuestras familias».

Losa de hormigón y carga mental

Para llegar a ese punto de equilibrar el reparto, muchas mujeres tomamos cartas el asunto y dedicamos horas de nuestro tiempo a explicar qué cosas hay que hacer, cómo limpiar mejor, damos consejos para que se organicen la agenda e incluyan las tareas… Incluso nos encargamos de que tengan a mano los productos de limpieza para que no tenga que preocuparse de ir a buscarlos. Lo que quizás nos libera de carga doméstica, pero aumenta la carga mental.

Un peso que cada vez más mujeres se niegan a asumir porque se encuentran hastiadas o descubren que prefieren no tener una pareja en esas condiciones. «Paso de maternar a un tío», «Si tengo que estar yo educándole, para eso me quedo soltera y tan a gusto» o «Es una tarea de los padres, no de las parejas». Frases que pueden sonar tajantes y no dejan de ser la prueba de que los tiempos de vivir este amor romántico -aceptando la desigualdad que durante generaciones se consideró normal-, han llegado a su fin.

Y por mucho que la brecha entre hombres y mujeres se siga reduciendo fuera de casa en el ámbito laboral, en la educación o en la vida pública, si dentro del hogar sigue manteniéndose, ellos no encontrarán a compañeras que acepten una desigualdad como la que vivían nuestras abuelas y nosotras no aceptaremos lo que no son mínimos, sino básicos. Por eso la revolución debería ser que no tengamos que elegir entre cargar con todo o estar solteras, sino encontrar hombres que entiendan que una pareja no es alguien que te cuida, sino alguien con quien cuidarse mutuamente. | @20m