
Waheed Alli, también conocido como el barón Alli, con sangre india y guyanesa, entró en la historia como el primer miembro musulmán y gay de la Cámara de los Lores, allá por 1998. Tenía entonces 33 y su nombramiento fue posible a instancias del entonces premier, Tony Blair, que le agradeció así sus generosas donaciones a las arcas laboristas.
La suya fue una entrada polémica y deslumbrante en la Cámara Alta, con la túnica de rigor y con pendientes de diamantes brillando en sus orejas, como señal de su poderío económico y de su intención manifiesta de defender «la política de la sexualidad y de la igualdad» para la comunidad LGTB.
Fue de hecho uno de los lores más jóvenes y activos en su primeros años, en contraste con sus 800 compañeros de fatigas en la vetusta cámara, alternando las sesiones parlamentarias con sus éxitos como financiero y como productor de televisión. Su presencia en Westminster rubricaba de alguna manera el ascenso de los «laboristas de champán», prestos a aflojar la chequera con la misma soltura que los millonarios conservadores. | @elmundo
En poco más de dos décadas, Lord Alli ha contribuido con más de 700.000 libras (830.000 euros) a las arcas laboristas, y unas 60.000 desde que arracó el año. Sus recientes aportaciones no llegaron en dinero contante y sonante sino en freebies; o sea, regalos personales a Keir y Victoria Starmer: gafas para él y trajes para ella, pasando por pases de fútbol y cuatro entradas para ver a Taylor Swift. También le dejó pasar cinco días de vacaciones en su apartamento en Manhattan a la número doslaborista, Angela Rayner.
De la noche a la mañana, el lord laborista se ha visto en el ojo del huracán, crucificado en los titulares con la misma fruición que mereció en su día Evgeny Lebedev, barón de Hampton y Siberia, hijo de un ex espía de la KGB y sin embargo elevado a la Cámara Alta por gentileza de Boris Johnson.
El caso es que la entrada en escena de lord Ali -con una fortuna estimada en más de 240 millones de euros- ha puesto en un serio compromiso a Keir Starmer. El premier confiaba en celebrar por todo alto su reciente victoria electoral en la Conferencia Nacional del Partido Laborista esta semana en Liverpool, pero ha tenido que dedicarse en los últimos días a lanzar balones fuera y a defenderse de las acusaciones de amiguismo. Ante las presiones de su propio partido, Starmer se ha visto obligado a renunciar públicamente a recibir nuevos regalos personales de donantes (se estima que podría haber aceptado más de 120.000 euros en freebies en cuatro años).
El caso es que la entrada en escena de lord Ali -con una fortuna estimada en más de 240 millones de euros- ha puesto en un serio compromiso al premier Keir Starmer, que llegó hace menos de tres meses a Downing Street con la promesa de acabar con el «amiguismo» por el que tanto se distinguieron los tories.
El premier aspiraba a celebrar por todo lo alto la reciente victoria electoral en la Conferencia Nacional Laborista en Liverpool esta semana. Pero el escándalo también conocido como el Wardrobegate (por los regalos en trajes tanto a él como a su esposa) le está pasando una altísima factura, y más al trascender que los freebies recibidos en cuatro años podrían superar los 120.000 euros.
Parece que fue precisamente lord Alli, que en tiempos estuvo al frente del portal de moda Asos, quien decidió durante una reunión en su apartamento de lujo en el West End que había llegado la hora de «renovar» el vestuario al entonces candidato, y de paso regalarle también una gafas más a la moda y de montura más ligera.
«Hay gente en la política que quiere que se hagan cosas, y luego están los que dan la cara ante la prensa», declaraba recientemente a The Guardian una fuente interna de la campaña laborista. «Waheed es de los primeros».
De modo que el barón Ali reivindicó a los 59 años su cualidad natural de fixer y con un papel activo en la campaña de Starmer, con la misión de aliviar fricciones y aprovechar su propia experiencia con los medios, labrada a la sombra del productor Charlie Parsons (el creador de la franquicia Survivor), su socio y compañero sentimental.
El Partido Conservador ha aprovechado las circunstancias para disparar bajo la línea de la moralidad de Starmer y reclamar transparencia sobre el papel del vistoso donante: «Nadie nos ha explicado aún cómo lord Alli ha conseguido un pase especial para Downing Street y cómo se le ha permitido organizar una fiesta en el jardín». ¿Estamos ante un remake del Partygate en versión laborista?








