“En Bilbao, el turismo está generando un proceso de expulsión de los vecinos”

Durante décadas, fueron uno de los motores económicos de Bizkaia. De las minas se extraía hierro de primerísima calidad que se exportaba a países como Bélgica o Reino Unido. Pero los recursos son finitos. El mineral rojizo se agotó. Las minas se cerraron y, con ellas, se extinguieron los puestos de trabajo que generaban.

Es el símil que utiliza el sociólogo y activista por el derecho a la vivienda Eriz Mendizabal para ilustrar qué podría ocurrir con el turismo, una industria que, a su juicio, erosiona seriamente el comercio, el uso del espacio público e incluso la identidad cultural del Casco Viejo, sometido, según denuncia, a una presión turística excesiva. “Me preocupa que los lugares que están destinados a que la gente viva, comparta sus vidas y cree vínculos culturales y sociales estén siendo alterados por una economía extractiva: la economía del turismo. Se comporta como la minería: llega a un lugar, extrae todos sus recursos y, cuando los ha agotado, lo abandona”, resume.

Frente a ello, las instituciones y el tejido comercial y hostelero de la ciudad defienden que el modelo turístico de Bilbao es “sostenible y equilibrado” y destacan su capacidad para generar empleo. Mendizabal, en cambio, cambia el foco y pone el acento en las condiciones laborales que rodean al turismo: cuál es esa supuesta riqueza que genera, en manos de quién acaba y cómo se redistribuyen sus beneficios.

En ese sentido, sostiene que diferentes análisis socioeconómicos apuntan a que la redistribución de los beneficios generados por el turismo se encuentra entre las más bajas de las distintas actividades económicas. “Únicamente se destina, de media, el 18% al pago de salarios, que además son salarios muy bajos. Los ingresos que genera este modelo económico no acaban, por tanto, principalmente en los trabajadores, sino que terminan engrosando los beneficios de quienes han montado esas empresas”, precisa.

Describe el turismo como una suerte de hidra de siete cabezas: una economía de carácter transversal que, por su propia naturaleza, incide en ámbitos tan diversos como la vivienda, el comercio o el espacio público.

Uno de los casos “más evidentes” es la vivienda. Asegura que “está más que comprobado” que existe una relación directa entre el número de plazas destinadas al turismo, ya sean apartamentos, viviendas turísticas u hoteles, y el aumento del precio de la vivienda. Los datos del mercado inmobiliario sitúan al Casco Viejo entre las zonas más cotizadas de Bilbao, con un precio medio que, según Idealista, oscila entre los 3.442 y los 3.666 euros por metro cuadrado. Es, además, uno de los barrios que concentra un mayor número de viviendas de uso turístico de la villa, una presión que ha llevado al Ayuntamiento a adoptar medidas para limitar su proliferación. | @deia

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