En las tripas de la «Torre Zidane»

La Torre de Cristal, propiedad de Mutua Madrileña, es en la actualidad un edificio de oficinas destinado al alquiler. Sirvan algunas cifras de esta pequeña gran ciudad al norte del Paseo de la Castellana, y en cuyas entrañas trabajan 4.500 personas, para entender sus proporciones titánicas. Para el recubrimiento de la fachada se emplearon 44.000 metros cuadrados de cristal extra claro. El equivalente, por regresar al símil del deporte rey, a seis campos de fútbol. Unas góndolas robotizadas se encargan de su limpieza, y se tardan 12 meses en terminar una vuelta completa al exterior de la Torre.

Góndola robótica limpiacristales

Para vaciar la zona en la que se ubican los sótanos se removieron 90.000 metros cúbicos de tierra, y en su construcción se emplearon 40.000 metros cúbicos de hormigón, una cantidad más que suficiente para llenar 33 piscinas olímpicas. Y el cable eléctrico que recorre sus entrañas supera los 250 kilómetros, la distancia que une Madrid y Zamora.

Obras de la Torre de Cristal

Más números, más vértigos más récords. Un total de 26 ascensores se mueven a velocidad de ocho metros por segundo (o lo que es lo mismo, 40 kilómetros por hora), lo que los convierte en los más rápidos de Europa. Con semejante velocidad, algunas de estas lanzaderas llegan a realizar hasta 400.000 viajes al año. En cambio, si se quiere descender a pie por las escaleras de emergencia se necesitan 25 minutos. Y para rematar este vademécum de virguerías, un jardín vertical de 600 metros cuadrados (diseñador por Patrick Blanc, el midas planetario en estos menesteres) corona el interior de la última planta, detrás de la fachada de vidrio; es, cómo no, el más alto del continente.

Colocación del jardín vertical.

El engranaje cotidiano de todas las piezas de la Torre de Cristal es un auténtico reto diario. Hay que dar servicio nada menos que a 52 plantas, divididas en una planta baja de acceso, 46 para oficinas y 5 para instalaciones técnicas -además de a otras 6 subterráneas destinadas al aparcamiento con una capacidad para 1.206 coches-. «El principal desafío del mantenimiento es que parezca invisible», explica Juan Diego Carrasco, director de Inmuebles de Mutua Madrileña, que en la actualidad tiene arrendada buena parte de la Torre de Cristal a 21 empresas -aunque todavía haya 6 plantas disponibles, el 15% del edificio-. «Hay unas 80 personas especializadas en diferentes mantenimientos y servicios técnicos, y su objetivo es que todo funcione a la perfección sin que interfiera en la actividad de los usuarios. Nos gusta hablar, por ejemplo, de ‘seguridad amable’, que consiste en aplicar los estándares más altos en la materia con la mínima invasión».

Entre las virguerías tecnológicas del edificio destaca su pared bioclimática, que integra la ventilación interior y gradúa automáticamente el control de la luz solar con unas persianas colocadas entre los vidrios; se acaba de instalar, además, un nuevo sistema de iluminación led sensorizada -con mapas de calor, monitorización de la ocupación, análisis del histórico de datos, programación flexible…- y un elemento de sombreamiento en el interior de su fachada, con el afrancesado nombre de brise soleil, que mejora la climatización de las instalaciones. Con todos estos mimbres, la Torre de Cristal vuelve a batir otro récord: está considerada una de las oficinas más eficientes de España.

Gimnasio de última generación.

Diseñada por el argentino César Pelli (fallecido en 2019 y padre, entre otras joyas, de las Torres Petronas de Kuala Lumpur), la Torre de Cristal también tuvo una importante participación española gracias a Ortiz. León Arquitectos, cuya presencia en el proyecto fue fundamental. «Nos presentamos al concurso, y aunque lo ganó César Pelli terminamos formando equipo con su oficina, algo que fue una experiencia maravillosa, porque cuando trabajas con arquitectos internacionales se crean sinergias inimaginables», explican a GRAN MADRID Íñigo Ortiz y Enrique León, socios fundadores del despacho. «Hacer un edificio de 249 metros de altura en aquella época, cuando ni siquiera existían los programas de 3D, era todo un reto».
Ortiz. León Arquitectos definen así a uno de sus trabajos más especiales: «Se diseñó como un obelisco, una forma clásica, un cristal tallado. Está vivo y respira en cada planta. Fue pionero en ahorro energético, en confort, en la flexibilización de los espacios, con esa fachada activa que lleva al equilibrio térmico y de luz natural en el interior, y que después ha sido muy copiada en todo el mundo. Estas tecnologías han ayudado a que el diseño de los edificios sea amable, cercano, pensado para que el espectador lo disfrute y el usuario se sienta cómodo. La Torre de Cristal se adelantó a su época no solo por su planteamiento holístico, sino también porque es resiliente, porque su imagen no pasa de moda».

Hall de entrada, recientemente remodelado.

Hablan ambos arquitectos del edificio como si fuese una criatura viviente, que sigue latiendo como el primer día 25 años después de su inauguración. «En los días de viento fuerte está previsto que en su parte alta pueda desplazarse más de medio metro», aseguran. Y es que en el exterior del techo de la Torre la temperatura es cinco grados más baja que a ras del suelo, igualándose a la de la Sierra de Madrid. Y un último dato desvelado por sus padres españoles, y que agranda aún más la leyenda de este gigante: durante su construcción, su altura se acortó 10 centímetros por su propio peso. Un desliz de 10 centímetros en la batalla por tocar el cielo que, sin embargo, no le apearon del top 1. | @elmundo

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