Nunca he usado tinder y me alegro. Menudo pozo de mierda tiene que ser aquello… (por lo que he oído)

La frialdad digital de las primeras impresiones, la superficialidad manifiesta de los intereses y la falsa presunción de éxito de las aplicaciones de citas hacía tiempo que decepcionaban a Laura Bou. Antes de conocer a su actual pareja, esta joven controladora de tráfico ferroviario risueña y extrovertida vio torpedeadas sus expectativas emocionales en el cosmos digital y decidió volcarse al encuentro analógico.

«Al final, en una aplicación somos carne que se vende», afirma reflexiva. «Se genera una dinámica en la que todo pasa por la estética. Y eso hace que sea muy difícil filtrar y encontrar a alguien que te resuene de verdad. De forma honesta y sin una premeditación forzada. Por eso me decidí a centrarme en conocer gente en actividades físicas, entre ellas el crossfit«.

Los datos dan fe de ello: las aplicaciones de citas están perdiendo fuelle. Bumble ha despedido a más del 30 % de su plantilla, Tinder sufre una caída de usuarios entre la generación Z y las acciones de su matriz, Match Group, han perdido más del 70 % de su valor en solo dos años. Al mismo tiempo, crecen los clubes de corredores, las clases colectivas de fitness, las comunidades de crossfit o los bares de salsa y bachata como lugares donde los cuerpos se mueven y, a veces, hasta se encuentran. | @20m

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