Porque tú, en su día, le has «anulado» xdxdxd

De todas formas, es normal no tener el mismo círculo de amigos que tenías con 18 años.

En algunos matrimonios de mediana edad, llegado el viernes por la tarde, el hombre se instala en el sofá sin ningún plan a la vista. No parece especialmente triste. Tampoco dice que se sienta solo. Simplemente no tiene a quién llamar. La mujer, en cambio, maneja una agenda llena de cafés, comidas, cenas grupos de WhatsApp y amigas a las que puede llamar cuando necesita desahogarse. La escena puede parecer anecdótica hasta que con los años se repite con más frecuencia. Los hijos crecen, los compañeros de trabajo desaparecen de la vida cotidiana, los amigos de juventud se mudan o dejan de verse y la pareja acaba ocupando casi todo el espacio social.

A partir de los 50, cuando la jubilación empieza a asomar en el horizonte y las obligaciones familiares cambian de naturaleza, esa estrechez en la vida social puede hacerse mucho más visible. Y surge una pregunta incómoda: ¿Por qué tantos hombres llegan a la madurez con una red de amigos mucho más pequeña de la que tenían décadas atrás?

La periodista Mónica Corcoran Harel parte de esa pregunta en un reciente artículo publicado en The Cut, titulado ‘Mi marido no tiene amigos’. Su marido, Gadi, es deliberadamente la excepción al título. Tiene amigos, queda con ellos, participa en un programa de YouTube con otros hombres, juega al póquer con antiguos compañeros y mantiene rituales sociales propios. Ella agradece profundamente que sea así, porque si su marido tiene amigos ella no tiene que ser su única fuente de conversación, entretenimiento, intimidad y apoyo emocional.

Corcoran Harel observa que algunas mujeres de su entorno viven la situación opuesta. Sus maridos han ido perdiendo amigos y no parecen demasiado interesados en recuperarlos. Algunas cuentan que sus parejas dejaron de salir con amigos después de casarse o tener hijos. Otras dicen que después de una mudanzanunca hicieron el esfuerzo de construir nuevas relaciones.

Ellas, entretanto, mantienen sus propias redes sociales. Algunas terminan sintiéndose culpables cuando salen con amigas y dejan a sus parejas en casa. Otras intentan introducir a sus maridos en nuevos círculos, organizar cenas, empujarles a conversar con otros hombres o incluso buscarles actividades. Es decir, la responsabilidad de mantener conectada a la pareja puede acabar recayendo también sobre quien sí tiene vida social.

Existe incluso un nombre para ese trabajo invisible. El término es‘mankeeping’ y fue acuñado en 2024 por Angelica P. Ferrara y Dylan P. Vergara, investigadores vinculados a Stanford, en un artículo publicado en ‘Psychology of Men & Masculinities’. Lo utilizaban para describir el trabajo que realizan algunas mujeres para compensar las carencias de las redes sociales de los hombres y reducir las consecuencias de su aislamiento sobre la pareja y la familia.

La masculinidad tradicional puede dificultar la intimidad

Por otra parte, la psicología lleva décadas estudiando cómo determinadas normas culturales sobre la masculinidad influyen en la expresión emocional y en la búsqueda de apoyo. La idea de que un hombre debe ser autosuficiente, controlar sus emociones y resolver sus problemas por sí mismo puede dificultar que reconozca sus necesidades afectivas o que las comparta con otros hombres. Esto no significa que los hombres sean menos capaces de intimidad, sino que algunos han aprendido a relacionarse dentro de unos códigos que no siempre facilitan expresar vulnerabilidad.

Una investigación cualitativa dirigida por el profesor Paul Willis, de la Universidad de Bristol, estudió las experiencias de hombres de entre 65 y 95 años que vivían solos en Inglaterra e identificó tres patrones recurrentes. Algunos hombres mantenían silenciosobre su soledad y su malestar; otros intentaban sobreponerse mediante la autosuficiencia, mientras que algunos recurrían a distracciones domésticas que proporcionaban alivio temporal sin resolver la falta de conexión. | @telecinco

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