brutalismo

Así es el Edificio Princesa, la construcción de hormigón más verde de Madrid

Lo reconocerás por las inmensas enredaderas que cuelgan de las terrazas. Allí vivieron Tejero y el general Armada, en un edificio que emula las ruinas aztecas y por cuyos patios interiores una vez cayeron vísceras.

 

Para los forofos de la arquitectura brutalista (estilo que surge en la década de 1950 cuyas construcciones muestran los materiales de construcción sin adornos, desnudos, prevaleciendo sobre el diseño decorativo), hay tres buques insignias de este estilo en Madrid: Torres Blancas, la Torre de Valencia y el Edificio Princesa. Lo cierto es que te guste o no este tipo de arquitectura, no deja indiferente a nadie puesto que hablamos de construcciones que por su volumen captan desde lejos, la atención del ojo.

El Edificio Princesa que a día de hoy resulta de lo más innovador y eso que fue un encargo realizado en 1967, siendo finalizado en 1975, atesora distintos nombres en el barrio que lo acoge: el edificio San Bernardo (por su cercanía con la glorieta del mismo nombre), las casas de los militares (porque en su origen fue morada de altos mandos del ejército…). Si te dejas caer por allí enseguida lo reconocerás sin problema: una mole de hormigón, en origen blanco hoy oscurecido por la contaminación, con una vegetación exuberante que cuelga de las terrazas.

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PHOENIX: Bloque de apartamentos en Okinawa, Japón

Las curvas de hormigón roban protagonismo en los apartamentos Phoenix en Okinawa. Un par de escaleras espirales se envuelven alrededor de núcleos cilíndricos, en su parte inferior lavados en un rojo coral descolorido que brilla con la luz de la isla. El resto es más familiar: hormigón áspero, pantallas de bloques de brisa obligatorias, y la lenta mancha del aire salado y la humedad.

Probablemente construido en la década de 1970 u 80, esta no es una obra célebre de arquitectura, sino algo más tranquilo—un bloque de apartamentos diario con un estilo inesperado.
No hay ningún arquitecto de renombre, solo la huella de un constructor local trabajando dentro de las realidades del clima y el costo, pero aún así encuentra espacio para la expresión.

Okinawa está llena de edificios como este, anónimos, desgastados e inventivos. A veces la arquitectura más convincente no es la más famosa, sino la que casi echas de menos cuando buscas otra cosa. | @brutal_zen

Musiquita para acompañar:

«Modernismo socialista en Ucrania»

Hotel Salyut,
Kyiv, 1976-1982
Arquitecto: Avraam Miletsky

Parte del grupo escultórico “Paz y Trabajo” en la estación de metro “Dnepr”,
Kyiv (Ucrania)
Construido entre 1960-64

Llama eterna en el monumento a la victoria de la Segunda Guerra Mundial en Kiev, parte del complejo del Museo Nacional de Historia de Ucrania,
construido en 1981
Arquitecto: V. Elizarov
Escultores: V. Boroday, F. Sogoyan

Estación de metro Olimpijska,
Kyiv, Ucrania
Se abrió en 1981
Diseñado por A.S. Krushynskyi, T.A. Tselikovska, A.S. Andriienko, y Y.M. Sharanevych.

Edificio del Departamento de Cibernética, Universidad Nacional Taras Shevchenko de Kyiv, Ucrania,
Construido (1975-84)
Arquitecto: V. Ladni

Oficina del Registro Civil Central o Palacio de Bodas (ZAGS)
Kyiv,Ucrania,
Construido en 1982
Arquitecto: V. Gopkalo, V. Grechyna

Biblioteca Nacional de Ucrania que lleva el nombre de V. I. Vernadsky.
Kyiv, Ucrania,
Construido entre 1975–1989
Arquitecto: V. Gopkalo, V. Grechona, J. Piskovsky, V. Kolomiyets, et al.

Torres de Vivienda Colectiva “Obolon”,
Kyiv, Ucrania
Construido en 1981,
Arquitecto: Budilovsky M., Kolomiets V., Katsin V., Morozov V., Ivanov I. with Ladnyi V.

Proyecto urbanístico en la Avenida de la Victoria (antigua vía férrea Brest-Litovskiy), Kiev.
Construido en 1966-1972. Arquitectos: V.E. Ladny, M. Budilovsky, Z. Khlebnikova
Artists Ivan Litovchenko y Volodymyr Pryadka con Ernest Kotkov

Los mejores chollos en Chollometro

La utopía brutalista: las luces y las sombras del nuevo urbanismo ideado por la Unión Soviética

En julio de 1957, Jrushchov anunció que el estado daría prioridad a la construcción de viviendas con la intención de que cada familia tuviese un apartamento no compartido con fecha límite 1970. Entraba dentro del gran anuncio del líder soviético de que la actual generación de soviéticos viviría en el comunismo en 1980. Hasta entonces, lo desarrollarían.

La medida suponía dejar atrás los grandes traumas. La revolución del 17 se había producido durante la I Guerra Mundial. Luego vino la Guerra Civil, después la industrialización forzosa y, a continuación, la II Guerra Mundial. Las viviendas de madera se habían volatilizado como leña para calentarse en aquellos inviernos a la intemperie, buena parte de las demás casas habían sido arrasadas, y los planes quinquenales de Stalin habían atraído a numerosa mano de obra del campo a las ciudades.

La escasez de vivienda era, con diferencia, el problema más acuciante de esa sociedad.

Como escribió Mark B. Smith en Property of Communists, la idea que impulsó Jrushchov fue el mayor plan público de construcción de vivienda en masa puesto en marcha en toda la historia de la humanidad, hasta que China desarrolló los suyos tras la Reforma Económica de 1978. En 1960, un 60% de las familias soviéticas vivía en sistemas comunales, komunalkas, apartamentos para varias familias. Como describió Tatiana Pigarovia: «Pisos compartidos donde la cocina y el baño eran comunes y donde podían cohabitar una ex condesa, un chófer, un actor famoso y un alcohólico con tres perros».

El logro del plan Jurshchov fue que en 1974 quedase un 30% de la población en komunalkas. Entre el anuncio de las medidas a la muerte de Stalin y los años 80, se construyeron 2,2 millones de pisos al año. Según Henry W. Morton, autor de The Contemporary Soviet City, aunque la calidad de los edificios y el espacio por persona fuese menor que en occidente, la campaña era «extraordinaria».

Rápido, eficaz y barato: los khruschevki

En un estudio sobre esta política en la ciudad de Leningrado, Stories of House and Home: Soviet Apartment Life During the Khrushchev Years, de Christine Varga-Harris, aparecen cifras muy elocuentes. La ciudad tenía tres millones de habitantes antes del cerco al que fue sometida por los nazis en la II Guerra Mundial. En 1943, 600.000 personas habían resistido en una ciudad que había perdido cinco millones de metros cuadrados de vivienda. En 1947, esos habitantes, en esas circunstancias, sumados a todos los que retornaron a la ciudad, volvían a ser dos millones.

El problema de la vivienda necesitaba una solución inmediata.

La salida pasaba por los sistemas de vivienda industrializada que ya habían aparecido en Occidente. Está acreditado que en 1955 comenzaron las visitas de especialistas en vivienda y construcción soviéticos a Inglaterra promovidas por la Comisión Económica para Europa (CEPE). En septiembre de 1957, los jefes de Planificación, Arquitectura y Construcción de Moscú, Leningrado, Minsk y Kiev llegaron a Londres para informarse sobre reconstrucción urbana de posguerra.

La salida pasaba por los sistemas de vivienda industrializada que ya habían aparecido en Occidente. Está acreditado que en 1955 comenzaron las visitas de especialistas en vivienda y construcción soviéticos a Inglaterra promovidas por la Comisión Económica para Europa (CEPE). En septiembre de 1957, los jefes de Planificación, Arquitectura y Construcción de Moscú, Leningrado, Minsk y Kiev llegaron a Londres para informarse sobre reconstrucción urbana de posguerra.

Con las técnicas británicas aprendidas y, muy especialmente, las francesas y las escandinavas, los soviéticos desarrollaron su modelo de apartamento característico de la era Jrushchov, una forma de construcción prefabricada rápida y barata. Jelena Prokopljevic, profesora especializada en arquitectura socialista, explica que hasta entonces el modelo que se había seguido era insostenible: «Las edificaciones estalinistas eran un despilfarro terrible de tiempo y dinero. Las casas eran muy representativas, con decoraciones, columnas, estrellas, balcones… Pero respondían a una fórmula de demostración de poder». En 1954, en la Conferencia Nacional de los Trabajadores de la Construcción, Jrushchov, dos años antes de su discurso abjurando de Stalin en el Informe Secreto al XX Congreso del PCUS, ya manifestó su intención de eliminar todo lo superfluo del diseño arquitectónico para aumentar la productividad y acabar con el déficit de viviendas.

Prokopljevic entiende que hay que separar los discursos de los hechos, pero asegura que sí que hubo un antes y un después tras la muerte de Stalin en materia de vivienda: «Con Stalin ya estaban estudiando el sistema de prefabricación de edificios, para eso hacía falta I+D, fábricas especiales, tipologías de vivienda, modular proyectos y elementos de estructura. Con Stalin no se llegó a desarrollar, aunque es cierto que lo que él mantuvo fueron sus planes de construir rascacielos para demostrar que había ganado la guerra».

Con las nuevas técnicas por fin en marcha, se construyeron edificios de apartamentos a millones a lo largo de toda la URSS y los países satélite. Hasta tal punto que, a principios de los 60, los técnicos soviéticos estaban convencidos de que ya habían resuelto el problema de la vivienda gracias a la posibilidad de prefabricar y pegar grandes paneles.

Pero en la URSS el reto era de mayor envergadura como para resolverlo con una producción en cadena de edificios idénticos. Fundamentalmente, por las extremas diferencias climáticas que se daban en todo el país y el riesgo de terremotos en algunas zonas (algo que, según Mark B. Smith, tras la devastación del seísmo de Armenia en los 80, quedó demostrado que no se tuvo en cuenta), pero el Khruschevki, un modesto edificio de cinco plantas, revolucionó el propio comunismo.

Como explica Prokopljevic:

Los khruschevki eran paneles prefabricados de hormigón, un material barato que se podía producir a montones y permite crear estructuras enormes, tenían en teoría algún aislamiento, pero en la práctica la verdad es que no lo había. No obstante, permitía construir muchas casas de forma muy rápida. Ya tenía insertadas las ventanas y las puertas. Incluso se llegó a prefabricar toda la casa y luego montarla como si fuera una especie de Lego. Con varios sistemas, lograron llenar todos los suburbios de viviendas de 50 metros cuadrados. En una primera etapa, se hizo solo con los khruschevki, que tenían cinco plantas porque así, según la normativa, no era obligatorio un ascensor.

@xataka