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La utopía brutalista: las luces y las sombras del nuevo urbanismo ideado por la Unión Soviética

En julio de 1957, Jrushchov anunció que el estado daría prioridad a la construcción de viviendas con la intención de que cada familia tuviese un apartamento no compartido con fecha límite 1970. Entraba dentro del gran anuncio del líder soviético de que la actual generación de soviéticos viviría en el comunismo en 1980. Hasta entonces, lo desarrollarían.

La medida suponía dejar atrás los grandes traumas. La revolución del 17 se había producido durante la I Guerra Mundial. Luego vino la Guerra Civil, después la industrialización forzosa y, a continuación, la II Guerra Mundial. Las viviendas de madera se habían volatilizado como leña para calentarse en aquellos inviernos a la intemperie, buena parte de las demás casas habían sido arrasadas, y los planes quinquenales de Stalin habían atraído a numerosa mano de obra del campo a las ciudades.

La escasez de vivienda era, con diferencia, el problema más acuciante de esa sociedad.

Como escribió Mark B. Smith en Property of Communists, la idea que impulsó Jrushchov fue el mayor plan público de construcción de vivienda en masa puesto en marcha en toda la historia de la humanidad, hasta que China desarrolló los suyos tras la Reforma Económica de 1978. En 1960, un 60% de las familias soviéticas vivía en sistemas comunales, komunalkas, apartamentos para varias familias. Como describió Tatiana Pigarovia: «Pisos compartidos donde la cocina y el baño eran comunes y donde podían cohabitar una ex condesa, un chófer, un actor famoso y un alcohólico con tres perros».

El logro del plan Jurshchov fue que en 1974 quedase un 30% de la población en komunalkas. Entre el anuncio de las medidas a la muerte de Stalin y los años 80, se construyeron 2,2 millones de pisos al año. Según Henry W. Morton, autor de The Contemporary Soviet City, aunque la calidad de los edificios y el espacio por persona fuese menor que en occidente, la campaña era «extraordinaria».

Rápido, eficaz y barato: los khruschevki

En un estudio sobre esta política en la ciudad de Leningrado, Stories of House and Home: Soviet Apartment Life During the Khrushchev Years, de Christine Varga-Harris, aparecen cifras muy elocuentes. La ciudad tenía tres millones de habitantes antes del cerco al que fue sometida por los nazis en la II Guerra Mundial. En 1943, 600.000 personas habían resistido en una ciudad que había perdido cinco millones de metros cuadrados de vivienda. En 1947, esos habitantes, en esas circunstancias, sumados a todos los que retornaron a la ciudad, volvían a ser dos millones.

El problema de la vivienda necesitaba una solución inmediata.

La salida pasaba por los sistemas de vivienda industrializada que ya habían aparecido en Occidente. Está acreditado que en 1955 comenzaron las visitas de especialistas en vivienda y construcción soviéticos a Inglaterra promovidas por la Comisión Económica para Europa (CEPE). En septiembre de 1957, los jefes de Planificación, Arquitectura y Construcción de Moscú, Leningrado, Minsk y Kiev llegaron a Londres para informarse sobre reconstrucción urbana de posguerra.

La salida pasaba por los sistemas de vivienda industrializada que ya habían aparecido en Occidente. Está acreditado que en 1955 comenzaron las visitas de especialistas en vivienda y construcción soviéticos a Inglaterra promovidas por la Comisión Económica para Europa (CEPE). En septiembre de 1957, los jefes de Planificación, Arquitectura y Construcción de Moscú, Leningrado, Minsk y Kiev llegaron a Londres para informarse sobre reconstrucción urbana de posguerra.

Con las técnicas británicas aprendidas y, muy especialmente, las francesas y las escandinavas, los soviéticos desarrollaron su modelo de apartamento característico de la era Jrushchov, una forma de construcción prefabricada rápida y barata. Jelena Prokopljevic, profesora especializada en arquitectura socialista, explica que hasta entonces el modelo que se había seguido era insostenible: «Las edificaciones estalinistas eran un despilfarro terrible de tiempo y dinero. Las casas eran muy representativas, con decoraciones, columnas, estrellas, balcones… Pero respondían a una fórmula de demostración de poder». En 1954, en la Conferencia Nacional de los Trabajadores de la Construcción, Jrushchov, dos años antes de su discurso abjurando de Stalin en el Informe Secreto al XX Congreso del PCUS, ya manifestó su intención de eliminar todo lo superfluo del diseño arquitectónico para aumentar la productividad y acabar con el déficit de viviendas.

Prokopljevic entiende que hay que separar los discursos de los hechos, pero asegura que sí que hubo un antes y un después tras la muerte de Stalin en materia de vivienda: «Con Stalin ya estaban estudiando el sistema de prefabricación de edificios, para eso hacía falta I+D, fábricas especiales, tipologías de vivienda, modular proyectos y elementos de estructura. Con Stalin no se llegó a desarrollar, aunque es cierto que lo que él mantuvo fueron sus planes de construir rascacielos para demostrar que había ganado la guerra».

Con las nuevas técnicas por fin en marcha, se construyeron edificios de apartamentos a millones a lo largo de toda la URSS y los países satélite. Hasta tal punto que, a principios de los 60, los técnicos soviéticos estaban convencidos de que ya habían resuelto el problema de la vivienda gracias a la posibilidad de prefabricar y pegar grandes paneles.

Pero en la URSS el reto era de mayor envergadura como para resolverlo con una producción en cadena de edificios idénticos. Fundamentalmente, por las extremas diferencias climáticas que se daban en todo el país y el riesgo de terremotos en algunas zonas (algo que, según Mark B. Smith, tras la devastación del seísmo de Armenia en los 80, quedó demostrado que no se tuvo en cuenta), pero el Khruschevki, un modesto edificio de cinco plantas, revolucionó el propio comunismo.

Como explica Prokopljevic:

Los khruschevki eran paneles prefabricados de hormigón, un material barato que se podía producir a montones y permite crear estructuras enormes, tenían en teoría algún aislamiento, pero en la práctica la verdad es que no lo había. No obstante, permitía construir muchas casas de forma muy rápida. Ya tenía insertadas las ventanas y las puertas. Incluso se llegó a prefabricar toda la casa y luego montarla como si fuera una especie de Lego. Con varios sistemas, lograron llenar todos los suburbios de viviendas de 50 metros cuadrados. En una primera etapa, se hizo solo con los khruschevki, que tenían cinco plantas porque así, según la normativa, no era obligatorio un ascensor.

@xataka

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