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¿Qué os parece?

La depresión es uno de los mayores problemas de salud pública en el mundo. Se estima que este trastorno afecta a más de 300 millones de personas en el planeta y es una de las principales causas de discapacidad, según los datos de la Organización Mundial de Salud. Lejos de disminuir, esta dolencia ha ido al alza en casi todos los países en las últimas décadas, acompañado también de un ascenso constante y marcado del consumo de fármacos antidepresivos.

A pesar de las diversas opciones terapéuticas, un porcentaje importante de los pacientes con depresión no responde al tratamiento convencional. Sin embargo, en los últimos años, la investigación científica está abriendo la puerta a una esperanza poco convencional para estas personas. Unas moléculas estigmatizadas durante décadas, las drogas psicodélicas, están recibiendo cada vez más atención en el mundo de la psiquiatría como unas potenciales aliadas que podrían tratar la depresión a través de un mecanismo completamente diferente de los antidepresivos más al uso. | @eldiario

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Entrevista a un joven con esquizofrenia catatónica, 1961 (activa los subtítulos en castellano)

Esquizofrenia catatónica

La sintomatología más característica se centra en los movimientos motores o en el llamado «estupor catatónico».  Suelen ser comunes las crisis de agitación psicomotriz o la actividad motora excesiva, pero aún más frecuentes son la inmovilidad, el negativismo, el oposicionismo, el mutismo (la no emisión de lenguaje verbal), la ecolalia (pensamiento repetitivo), la ecopraxia (imitación repetida de la conducta de otra persona) y los automatismos (repetición constante del mismo movimiento).

Lo habitual en estos casos es la inhibición psicótica de la movilidad. Estas personas presentan fenómenos como la flexibilidad cérea y pueden permanecer durante horas, o incluso días, en la misma posición, realizando posturas raras o inapropiadas, muecas o sin responder a ningún estímulo externo. Su rostro permanece inmóvil e inexpresivo y no percibimos ningún movimiento interior; incluso fuertes estímulos de dolor pueden no provocarle reacción alguna. Aún así los esquizofrénicos catatónicos sí que oyen y ven los estímulos del exterior (tienen la conciencia despierta) pero éstos no responden.

En los casos más graves pueden llegar a no hablar, ni comer, ni beber durante periodos lo suficientemente largos como para que peligre su vida. Pero lo curioso de todo esto es que en el interior del esquizofrénico pueden existir verdaderas tormentas de sentimientos, que a menudo solo se manifiestan en una aceleración del pulso.

Los cuadros de extrema gravedad, en los que la persona, por ejemplo, se mantiene sobre una pierna durante unas semanas, solo se observa muy raras veces gracias a las posibilidades actuales del tratamiento. Sólo ocurren cuando nadie se ocupa del enfermo o cuando el tratamiento no es eficaz. El pronóstico para este tipo de esquizofrenia suele ser malo.

Finalmente y contrariamente a lo que podríamos pensar, pueden surgir inesperadamente conductas de extraordinaria violencia, impulsivas, imprevisibles, de irrupción brusca y tras las cuales queda una indiferencia marcada. Son en estos momentos cuando la persona puede realizar algún acto delictivo como consecuencia de la sintomatología. Por ello, como siempre decimos, la mejor solución es la prevención y la aplicación del tratamiento adecuado al enfermo mental según sus diferencias individuales. | @pensamentpsicologia

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