«Para sofocar cualquier revuelta por adelantado, sobretodo no es necesario atacarla de manera violenta. Métodos arcáicos como los de Hitler son anticuados. Basta con crear un condicionamiento colectivo, reduciendo drásticamente el nivel y la calidad de la educación. Para que vuelva a una forma de integración profesional. Un individuo sin educación tiene horizontes de pensamiento limitados y cuanto más su pensamiento se limita a preocupaciones materiales y mediocres menos puede revelarse.
Necesitamos hacer cada vez más difícil y elitista el acceso al conocimiento. Que se cabe la brecha entre la gente y la ciencia. Que la información destinada al público en general, sea anestesiada de cualquier contenido subversivo. Aquí de nuevo, hay que utilizar la persuasión y no la violencia. Transmitiremos masivamente vía televisión estúpidos entretenimientos, siempre alegando el instinto emocional. Ocuparemos las mentes con lo que es inútil y juguetón. Es bueno con los chismes y la música sin parar para evitar que la mente pregunte, piense.
Pondremos la sexualidad a la vanguardia de los intereses humanos. Como anestesia social, no hay nada mejor. En general, nos aseguraremos de desterrar la seriedad de la existencia, ridiculizar todo lo de alto valor, mantener una constante disculpa de ligereza, para que la euforia de la publicidad y el consumo se conviertan en el estándar de la felicidad humana y en el modelo de libertad».