Fobia
Porque usuarios aseguran que este video que resume tus peores miedos genera una rara sensación al verlo. pic.twitter.com/LlPiv7XffN
— Por que es tendencia en México? (@TendenciaMax) November 1, 2025
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Los mejores chollos en Chollometro
Mohenjo-Daro es el equivalente piscinero de La Meca: cualquier devoto de los chapuzones debería visitarlo al menos una vez en la vida. El problema es que está disuasoriamente lejos. A 8.564,5 kilómetros o cuatro días enteritos conduciendo desde la Puerta del Sol. Además, quien viaje pensando en encontrar un despampanante rectángulo azul se llevará un chasco. Las ruinas de La gran bañera (12 x 7 y 2,40 metros de profundidad) se encuentran en una colina polvorienta. Hay que estrujarse bien las meninges para imaginar que allí, en uno de los mayores asentamientos de la civilización del valle del Indo (2500-1800 a.C.), en la actual provincia paquistaní de Sindh, el hombre descubrió la felicidad acuática.
«Quien posee una piscina también guarda en el bolsillo la llave de la alegría de otras personas«, escribió la periodista Anabel Vázquez en su ensayo-tratado Piscinosofía (Libros del KO, 2023), donde dedicó precisamente un capítulo a esta instalación milenaria construida con ladrillo. Se desconoce si tenía una función religiosa o erótico-festiva. Tampoco se sabe cómo se las apañaban sus usuarios para chapotear sin ahogarse. Mohenjo-Daro, por cierto, significa montículo de la muerte en urdu.
La comarca vallisoletana de Montes Torozos queda bastante más a mano que el valle del Indo. Y en su paisaje cereal de ocres y dorados sí que puede disfrutarse de una lámina de agua que, en el quinto verano desde su inauguración, se ha convertido en icónica. No sólo para la región y sus habitantes, sino incluso para la Bienal de Venecia de Arquitectura.
Antes todo esto era campo; hoy es la piscina de Castromonte.