prohibición

La otra cara de la moneda

Conxa Borrell asegura que hay «tantos perfiles de clientes, como hombres» y que, por tanto, los servicios que las trabajadoras sexuales ofrecen son muy variados, desde sexo hasta una charla o un masaje. «Una de las cosas más demandadas son los abrazos», afirma, para poner de manifiesto la realidad de muchos clientes que acuden a las trabajadoras sexuales buscando compañía. También lo hace para reinvidicar que «para hacer nuestro trabajo no solo usamos nuestro cuerpo, también nuestro cerebro. Somos putas, no tontas. Nuestros clientes no son ajenos a la sociedad». | @elcomercio