

They shoulda had this in Squid Game 😭 pic.twitter.com/AXIoSvsKxj
— Interesting As Fuck (@interesting_aIl) October 31, 2024
[Ver en X]


They shoulda had this in Squid Game 😭 pic.twitter.com/AXIoSvsKxj
— Interesting As Fuck (@interesting_aIl) October 31, 2024
[Ver en X]
Más tonta y no nace… #Valencia pic.twitter.com/awgASAwB7a
— Albert 🩵 (@albertgarccia) November 2, 2024



Si las fronteras del territorio están aseguradas y el macho está descansado, permanece en el núcleo familiar, cuidando activamente de los cachorros, e incluso jugando con ellos, enseñándoles a cazar. Además, el macho de león tiene más presencia y fuerza que la hembra, por lo que cuando él cuida de la prole, varias hembras que, de otro modo, se quedarían en la zona de cría, pueden permitirse descansar o salir con el grupo de caza, y aumentar el éxito de la depredación.

El macho de zorro es un padre dedicado y atento. No dedica tanto tiempo como la hembra al contacto directo y al cuidado, pero a cambio, es el principal proveedor de alimento para la familia. Cuando los cachorros crecen y empiezan a deambular, el macho mantiene una vigilancia constante tanto del territorio como de las crías. De este modo, protege a las críasde sufrir daños accidentales y la hembra recupera las fuerzas perdidas durante el parto y la lactancia.

Mantener el huevo en esta posición es muy costoso, y transferirlo a la pareja, peligroso. Por ello, el macho de pingüino se encarga de la incubación del huevo hasta su apertura y recibe su alimento de la hembra, que es la que sale a cazar. Cuando la cría nace, los papeles se invierten, es la hembra la que cuida del pollo hasta que es capaz de mantener su propia temperatura. Llegado ese momento, la crianza se vuelve más flexible, y ambos progenitores intercalan las tareas de cuidado y abastecimiento, más o menos por igual.

El fenómeno del embarazo masculino en el caballito de mar, junto con el pez pipa y el dragón de mar, representa una adaptación reproductiva única dentro del reino animal. Contrario a la mayoría de los animales, donde las hembras son las que incuban los huevos después de la fecundación, es el macho de la especie el que asume esta responsabilidad.

Desde que se realiza la reproducción, el macho entra en una carrera trepidante contrarreloj para mantener con vida a los huevos primero, y a los alevines después, hasta que sean autónomos. La misión: recoger todos los huevos posibles con la boca, y depositarlos en el nido de burbujas que hizo previamente. Ahí se mantendrán húmedos y, a la vez, en contacto con el aire.
De vez en cuando las burbujas se rompen y algún huevo cae; algo que la hembra puede aprovechar para comérselo. El peligro aumenta cuando nacen los alevines y comienzan a moverse, aprendiendo a nadar; con sus coletazos rompen las burbujas, se hunden en el agua, y corren el riesgo de ahogarse o de ser comidos por su desaprensiva madre. Por ello, el macho permanece haciendo guardia bajo el nido, manteniendo las burbujas, recolocando cualquier huevo o alevín que se desprenda, e incluso defendiendo la puesta —a mordiscos si es necesario— de los ataques de la hembra. Un padre protector que se mantiene siempre en guardia, hasta que las crías son lo suficientemente grandes como para valerse por sí mismas, y dejar de ser un bocado atractivo.