Os cuento una cosa, cuando pillé el coronavairus y perdí el gusto y el olfato, dejé de echarle el poco azúcar que solía echarle al café. Y así sigo, la cosa es acostumbrarse. Os invito a todos, dejar el malvado azúcar asesino opresor.
Os cuento una cosa, cuando pillé el coronavairus y perdí el gusto y el olfato, dejé de echarle el poco azúcar que solía echarle al café. Y así sigo, la cosa es acostumbrarse. Os invito a todos, dejar el malvado azúcar asesino opresor.