En mi vida me he fijado en las matrículas hasta el dichoso día en que mi hijo me lo enseñó. Un juego para formar palabras con las letras de las matrículas y ahora NO puedo dejar de hacerlo y estoy obsesionada.
Objetivamente, nunca he visto uno más bonito. Todo parece perfecto: sus ojos, su pelaje, sus ragos faciales, sus patas… Incluso está algo gordito por lo que dan aún más ganas de acariciarlo