No imagino algo más cruel que quitarle a un padre/madre a sus hijos…

Antonio y Simona se enamoraron hace casi 13 años. Se conocieron en Murcia, donde él tenía una empresa de construcción que tuvo que declarar en concurso de acreedores en 2009. Hasta entonces, ella era una de sus empleadas; una chica muy joven que con 24 años se buscó aquí la vida tras llegar desde su Rumanía natal. Comenzaron una relación a pesar de la diferencia de edad (él tenía entonces casi 40 años) y pronto tuvieron familia: Zoraida Rocío, hace 12 años y, dos años más tarde, llegó María Emilia.

Todo iba aparentemente bien entre ellos hasta, según Antonio, el verano de 2015. Las niñas ya se habían ido veranos anteriores con su madre a Rumanía para pasar unas semanas con sus abuelos maternos. «Había algunas cosas que no me gustaban de allí, como su creencia extrema en la iglesia ortodoxa: obligaban a las niñas a levantarse a las 6:00 de la madrugada para ir a rezar pero al final entendía que era más importante que pasaran tiempo con su familia de allí ya que el resto del año estaban en España».

Así, aquel agosto de 2015, no había nada fuera de lo normal: los billetes avión estaban comprados y las maletas de las niñas terminadas. Solo un comentario de su niña mayor, Rocío, que le hizo sobresaltarse. Fue un par de días antes de coger ese vuelo: «Papi, mamá está haciendo muchos paquetes para las vacaciones». Él pensó que eran cosas para los abuelos y aquel día, 13 de agosto de 2015, fue a llevar a las tres al aeropuerto de Valencia, desde donde tomarían el vuelo a Bucarest. «Nos despedimos de forma normal, he pensado mucho en ese momento… Sí que hubo un gesto que se me quedó grabado. Cuando se iban hacia la puerta de embarque Simona se dio la vuelta y me miró por última vez: ella ya sabía que no volvería a ver más a mis hijas». Pero él no lo supo hasta unos días más tarde.

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