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Pues has dado en el clavo, es justo lo que más me mola. Espacios grandes y abiertos, estilo industrial, todo con pinta de inacabado, viejo, pero a la vez muy logrado y pensado… Y sobre todo, colores y materiales, hormigón, madera, cristal, cuero, colores tranquilos, lo verde de los jardines. Nada de plásticos baraturrios y colores chillones feos. Mis dieses

Ayer viendo Westworld (ep3, temp3, es la casa de Serac, para los curiosos) pensé que una entrada sobre La Fábrica de Ricardo Bofill venía muy al pelo en tu blog estos días. “No os gusta el cemento? Tomad la puta fábrica entera”.
Hace tiempo cuando leí sobre ella me pareció una sacada de chorra espectacular. A ver si también os gusta a ti y a tu selecta audiencia.

rbs

[…] Abrumado por la telúrica belleza de la antigua fábrica cementera de Sant Just Desvern, un municipio a las afueras de Barcelona donde ya había diseñado su emblemático Walden 7, Ricardo Bofill decidió adquirir el terreno y los restos del conglomerado industrial. Chimeneas abandonadas, silos semiderruidos, grandes naves de hormigón, desnudas, vacías, brutalistas y abruptas. ¿Quién querría vivir ahí?

El año era 1973 y el joven Ricardo Bofill, a la postre uno de los arquitectos más importantes de la historia de España, comenzó a imaginar de qué modo habría que repensar y reinventar los espacios del antiguo espacio cementero para convertirlo en un lugar habitable. Bofill y su estudio comenzaron así a derribar espacios, a desnudar la fábrica y a adecuar sus antiguos diseños industriales a propósitos habitables. […] @xataka

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