Plex es el que se la aprieta luego jeje

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Yo confío en que esto puede funcionar…

El artículo menciona varios países que han puesto a prueba jornadas más cortas o semanas de cuatro días, como Islandia, y los resultados muestran que en general la productividad no disminuye, y sin embargo, los beneficios para las personas (salud, bienestar, conciliación) tienden a mejorar.

La empresa andaluza situada en Jaén, Software DELSOL, también corrobora esta tesis. Fue pionera en implantar la semana laboral de cuatro días en enero de 2020, un modelo que, según sus responsables, ha traído beneficios como una mayor productividad, una reducción del absentismo y una mejora en la conciliación de la vida personal y laboral de sus empleados, sin afectar su salario.

Seguimos anclados en esquemas laborales del siglo pasado y en la trampa de trabajar muchas horas, viviendo poco y no necesariamente rindiendo más

Aun así, en pleno siglo XXI, con avances tecnológicos sin precedentes y una mayor conciencia sobre la salud mental y la sostenibilidad de nuestras vidas, seguimos anclados en esquemas laborales del siglo pasado y en la trampa de trabajar muchas horas, viviendo poco y lo que es más paradójico, no necesariamente rindiendo más.

Y es que las largas jornadas favorecen la fatiga, el estrés y la falta de concentración, manteniendo en muchos sectores una cultura del “presentismo” que confunde la cantidad de trabajo con el buen trabajo.

España destaca además por ser uno de los países europeos con mayores dificultades para conciliar la vida laboral y familiar. Las jornadas partidas, las pausas largas para comer y la falta de flexibilidad dificultan no sólo el cuidado de hijos o personas mayores, sino también la posibilidad de descansar, formarse, o simplemente tener tiempo libre. En España se trabaja más, pero no mejor.

Una consecuencia evidente se refleja en las bajas tasas de natalidad. Los jóvenes retrasan cada vez más la decisión de tener hijos, no porque no quieran, sino porque simplemente se hace insostenible. Pero la conciliación no es un lujo. Es una condición básica para el bienestar, la igualdad y la democracia. Si la gente no tiene tiempo para cuidar, para participar en actividades comunitarias o para descansar, se debilita la salud, el tejido social y aumentan las desigualdades.

En un mundo donde la inteligencia artificial, la automatización y el trabajo digital han revolucionado la producción, cabría esperar que el beneficio de esa eficiencia se tradujera en más tiempo libre. Pero no ha sido así. Sabemos que la tecnología no es neutra y a lo largo de la historia los avances tecnológicos han sido apropiados por las élites económicas, que los han utilizado para incrementar sus beneficios, sin que eso se traduzca de manera automática en mejoras para la mayoría trabajadora.

Y eso que, como ha documentado ampliamente la economista Mariana Mazzucato en su libro El Estado Emprendedor, detrás de las grandes innovaciones tecnológicas que luego explotan las empresas privadas, suele haber una fuerte inversión pública en investigación, educación e infraestructura y lo peor es que estos beneficios generados no retornan proporcionalmente a la sociedad que los financió, sino que sirven para hacer multimillonarios a unos pocos.

En innovaciones disruptivas como Internet, el GPS, microprocesadores o nanotecnología el Estado ha sido un actor decisivo. Reducir la jornada laboral sería una forma justa de devolver a la sociedad parte de ese progreso

En innovaciones disruptivas como internet, el GPS, los microprocesadores, la nanotecnología, las pantallas táctiles y un largo etcétera, el Estado ha sido un actor decisivo. Reducir la jornada laboral, por tanto, sería una forma justa de devolver a la sociedad parte de ese progreso.

Claro que siempre habrá resistencia, sobre todo a perder privilegios. Algunos sectores empresariales alegan que no podrán asumir el coste de pagar lo mismo por menos horas. Pero esos mismos sectores suelen olvidar que la precariedad, el agotamiento y la falta de conciliación también tienen un coste: rotación de personal, absentismo, desmotivación, y un sistema de cuidados colapsado que termina dependiendo de redes informales o del trabajo no remunerado de las mujeres.

Es hora de actualizar el contrato social: que el progreso tecnológico y económico se traduzca en tiempo libre, en salud mental y en calidad de vida. | @eldiario

«Buscan menores» xdxd

«Antes de venir, la gente con la que había hablado me decía: ‘Pues ahí son muy guapos todos’. Y yo siempre pensaba: ‘Bueno, puede ser que sean superguapos, pero no son de mi estilo’. Y se ve que la mayor parte de gente de España aquí acaba ligando con un caboverdiano. Se ve que aquí es el único sitio con más índice de prostitutos que de prostitutas [sic]».

«Yo venía aquí dándome igual y… [realiza aspavientos y simula que cae desmayada en la cama]. ¡Son perfectos! Vi a cuatro niños de nuestra edad y tienen la piel perfecta, los labios perfectos, los ojos, la sonrisa, los dientes, los brazos, el cuerpo».

El entrecomillado pertenece a un vídeo, de apenas unos segundos, que acumula millones de visualizaciones en TikTok. Una joven española, cámara en frente, comparte con sus seguidoras lo que presenta como un descubrimiento personal: la belleza de los hombres de Cabo Verde.

En los comentarios, emojis de fuego, frases en tono jocoso, bromas sobre viajar al archipiélago. Nada parece desentonar: se trata, a simple vista, de la enésima pieza de contenido viral sobre destinos «de moda» para grupos de amigas que buscan playas, fiesta y un toque de exotismo.

@eslayyys

Dato curioso

♬ sonido original – Lays🍟

Pero detrás de esos vídeos aparentemente inocuos late una realidad incómoda, difícil de nombrar: el turismo sexual femenino. Cabo Verde, un país insular de renta media baja, se ha convertido en los últimos años en un polo de atracción no solo para europeos en busca de resorts de sol y playa, sino también para mujeres, muchas de ellas españolas, que viajan con la expectativa —explícita o implícita— de mantener relaciones con hombres locales, mayoritariamente adolescentes.

Fenómeno tabú

El turismo sexual protagonizado por mujeres europeas lleva años documentado en otros destinos como Jamaica, Gambia o Kenia. En Cabo Verde, según reconocen misioneras, ONG y activistas locales, el fenómeno ha crecido en paralelo al aumento de los vuelos de bajo coste y a la popularidad del archipiélago en redes sociales como Instagram y TikTok.

«Existen mujeres que vienen buscando expresamente sexo con chicos jóvenes. Otras no lo dicen así, pero lo hacen. Y luego están quienes se enganchan emocionalmente y mantienen esas relaciones a distancia, enviando dinero todos los meses», explica Milagros García López, una religiosa española con más de dos décadas de trabajo en Mindelo, capital cultural del país.

En la jerga local, a esos jóvenes se les llama «niños de la Western Union«: varones que dependen de las remesas que les envían estas mujeres europeas a través de la empresa internacional de transferencias de dinero. La isla de Sal, con sus resorts y discotecas a pie de playa, concentra buena parte de estos encuentros.

Allí, hace muy pocos años que grupos de jóvenes españolas llegan atraídas por los paquetes turísticos asequibles, el clima estable durante todo el año y la promesa de ocio sin complicaciones. Lo que no se promociona en los catálogos, pero se comenta en voz baja, es la otra cara: la proximidad de chicos locales, muchos en situación de precariedad, dispuestos a convertirse en compañía ocasional o estable a cambio de dinero, regalos o incluso tan solo una promesa de un futuro billete de avión.

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Ya me jodería… Pero es que ir por Barcelona con un reloj así…

El suceso ocurrió el pasado 29 de agosto, cuando la víctima, un turista chino recién llegado a Barcelona para participar en un torneo de póker en el Casino, fue atacado en una terraza del Port Olímpic. El ladrón le arrancó de la muñeca un Richard Mille Chronograph RM65-01, valorado en unos 500.000 euros. El tirón le provocó arañazos en el brazo.

Aunque al principio dudó en denunciar, finalmente se decidió en presentar una denuncia en la que aportó imágenes del exclusivo reloj, con correa de caucho azul turquesa. Los Mossos d’Esquadra detuvieron días después a un joven de 19 años con 13 antecedentes, aunque el reloj de lujo aún no ha aparecido.

Detalles del detenido

El grupo Titani de los Mossos d’Esquadra, especializado en este tipo de robos, investigó el caso y confirmó que el reloj era auténtico. Gracias a las imágenes captadas por las cámaras de seguridad, pudieron identificar al autor, y el viernes pasado fuedetenido en la calle de la Cera, en Ciutat Vella. El detenido tiene 19 años y acumula 13 antecedentes policiales. No ha aportado pistas sobre dónde está el reloj, que sigue en paradero desconocido. | @antena3