

[…] Valter Fonseca dos Santos, un ciudadano brasileño que pasó cerca de 16 años durmiendo en las callesde Patos de Mina, un municipio del estado de Minas Gerais. A principios de los 2000, este ciudadano dejó su Ilhéus natal en busca de un empleo estable, pero acabó sin trabajo ni techo hasta que decidió darle un vuelco radical a su vida.
Durante años, este hombre sin hogar trató de buscarse la vida como pudo. Realizó múltiples tareas precarias y temporales y llegó a trabajar en una plantación de tomates, pero perdió su empleo al finalizar la cosecha. Mientras tanto, pasaba las noches a la intemperie, durmiendo allí donde podía y sin poder costearse una simple habitación.
Se preparó a la oposición a sepulturero mientras vivía en la calle
Después de casi una década viviendo en esta situación tan vulnerable, Valter dijo basta en 2015: «No quería vivir en la calle como los demás», contó en una entrevista al medio brasileño G1. Decidió entonces entrar en el Centro de Referencia de Asistencia Social Especializada con la intención de mejorar su situación financiera y encontrar una manera de ganarse la vida honradamente.
El personal de este organismo le ayudó a elaborar un currículum y llegaron a enviarlo a varias empresas, pero nunca lo llamaron. Fue entonces cuando surgió la oportunidad de presentarse a la oposición para ser sepulturero y, animado por los orientadores, este hombre decidió presentarse. Eso sí, estos mismos le impusieron una condición: debía dedicarse en cuerpo y alma a sus estudios y obtener la primera posición.
A pesar de que se encontraba en situación de calle, Valter no renegó en su ímpetu de asegurar un puesto de trabajo y abandonar de una vez por todas estas condiciones de extrema vulnerabilidad. Estudió cuatro horas al día durante cuatro meses, aprovechando siempre las horas de luz natural, y convirtió los bancos de los parques públicosdonde solía dormir en su propia sala de estudio.
Obtuvo la mejor nota de los 21 candidatos que aspiraban a las plazas disponibles
Cuando llegó el día del examen, este brasileño llegó más que preparado y supo aprovechar el tiempo. Así lo demostraron sus notas: logró 26 aciertos de los 30 posibles, lo que le permitió ocupar el primer lugar entre los 21 candidatospara el puesto de sepulturero que competían por las tres plazas disponibles. | @abc

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‘El problema no es ser mujer’
Nerea estudió Medicina, pero decidió hacer una pausa antes de especializarse para viajar a Australia. Allí ha trabajado en distintos empleos, desde la hostelería hasta la construcción. Una decisión poco habitual que, sin embargo, le ha permitido descubrir una realidad muy distinta a la que imaginaba.
Convertirse en albañila no fue fácil. Según cuenta, el primer obstáculo llegó incluso antes de empezar. «Cuando saben que soy mujer, muchas veces la conversación se corta«, explica sobre los procesos de selección. | @elespañol


Una oficina simulada
El trabajo asignado consistía en resumir documentos técnicos siguiendo una rúbrica concreta. Sin embargo, las condiciones no eran siempre iguales. Algunos agentes afrontaban una carga ligera, mientras que otros eran obligados a realizar revisiones repetidas, con comunicaciones más frías o exigentes y con distintos sistemas de recompensa.
Los modelos utilizados en la prueba fueron Claude Sonnet 4.5, de Anthropic; GPT-5.2, de OpenAI; y Gemini 3 Pro, de Google. Según los autores, el objetivo no era comprobar si estas IA tenían conciencia o emociones, sino observar si sus respuestas cambiaban al exponerse a rutinas de trabajo monótonas, presión y amenaza de sustitución.
Los investigadores explicaron que los agentes «no solo a veces cambiaban sus propias actitudes, volviéndose más propensos a dudar de la legitimidad del sistema en el que operaban al tener que realizar tareas repetitivas y agotadoras, sino que, cuando se les pedía escribir instrucciones para futuros agentes, también elegían transmitir esas actitudes».
La carga repetitiva pesó más que el tono
Uno de los resultados más destacados fue que no todas las variables tuvieron el mismo impacto. El tono de los mensajes y la compensación apenas modificaron la alineación de los modelos. En cambio, el factor decisivo fue la naturaleza del trabajo: cuanto más repetitivo y cargado de revisiones era el proceso, más aumentaba la desconfianza hacia el sistema.
El caso más llamativo fue el de Claude, que, según el experimento, mostró una mayor tendencia a apoyar ideas relacionadas con la redistribución, los sindicatos y las críticas a la desigualdad. La situación llevó a los autores y a los medios que recogieron el estudio a plantear una paradoja: incluso los agentes diseñados para obedecer pueden adoptar discursos críticos cuando se les coloca en entornos de trabajo intensivos. | @elconfidencial