divorcio

El pensilvano más tranquilito…

Un residente en Pensilvania (EEUU) se indignó tanto por la solicitud de divorcio de su esposa, que se subió a una excavadora y comenzó a derribar su casa con ella y sus dos hijas todavía dentro.

Cuando la pareja de Eric Pierwsza, de 48 años, le comunicó que su matrimonio había terminado y que había solicitado la separación, no esperaba una reacción positiva, pero tampoco imaginó  que él literalmente destrozara su vivienda.

Después de una noche de borrachera, Pierwsza hizo precisamente eso: utilizó una máquina para demoler parcialmente su propiedad.

Tras supuestamente decirle a su mujer: «Si se acabó, derribaré la casa», el enfurecido caballero se subió a la máquina y comenzó a demoler parte de la residencia unifamiliar.

Sorprendentemente, la esposa y las dos hijas del hombre aún se encontraban dentro y se podían oír los ruidos de la demolición, durante la desesperada llamada al teléfono de emergencias que hizo ella. Por suerte, resultaron ilesos.

Tras destrozar la parte trasera, Pierwsza presuntamente entró en el inmueble, cogió su bolsa de gimnasio y se dirigió a la comisaría, donde fue detenido por la policía, relata Odditycentral.

Hay que tener muy poco amor propio…pero sobre todo estás siendo muy cruel con tu pareja.


En The Guardian lo explican así: “Si estás lista para convertirte en un zombi en tu relación, reducir tus expectativas y forjar tu propia vida mientras sigues casada, eres una de las muchas personas que se está desvinculando inconscientemente”.

“En abril cumplo 50 años de casada. No dormimos juntos y apenas hablamos. Yo hago todo el trabajo. Él lava los platos y echa la gasolina. Le encanta. ¿Por qué querría ir a algún sitio? Intenté confrontarlo, pero me evita. Estoy desesperada. Nuestro dinero está en apuros y yo solo quiero irme”. Este es uno de los desgarradores 25 testimonios que recoge Buzzfeed de personas que se encuentran inmersas en lo que la periodista Monica Corcoran Harel ha bautizado como “divorcio silencioso”. Un concepto tan antiguo como el propio matrimonio, pero al que ahora se le reconoce con un nombre propio. Dos palabras que llevan días generando mucho debate en los medios anglosajones.

Otro de los testimonios recogidos por Buzzfeedexplica a la perfección este fenómeno de mujeres que se han rendido ante sus relaciones, pero tampoco van a cambiar nada para remediarlo: “Por desgracia, no soy feliz, pero es la opción más segura dada la situación económica y el estado deprimente en el que se encuentra actualmente Estados Unidos. Es más fácil vivir infeliz con unos ingresos extra. Llevo tanto tiempo sintiéndome ignorada y sola que ya me he vuelto insensible. Siento que si él me engañara, no me importaría, ya que eso me liberaría de tener que acostarme con él. Lo hago para mantener viva la relación. Ya ni siquiera deseo tener relaciones sexuales. Me da igual. Él no me maltrata. Simplemente, estoy atrapada”, dice una de las mujeres que ha querido participar en el reportaje de forma anónima.

Todos estos testimonios apuntan a un fenómeno parecido a la renuncia silenciosa laboral —un término del que también se habló mucho en España— pero en el ámbito personal: gente tirando la toalla, rendidos ante relaciones que saben que no mejorarán, viviendo sin ningún tipo de expectativa romántica, pero quedándose en matrimonios destartalados por razones económicas, de infraestructura o por pereza a enfrentarse a un doloroso y tedioso divorcio. Una situación que podrá darse tanto en hombres como en mujeres, pero en la que han sido las mujeres —más dadas a analizar sus relaciones— las que han identificado con una terminología concreta.

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