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Ya llegó el «sunday scaries»

Llega el domingo por la tarde, que, teniendo en cuenta que solo solemos tener dos días libres a la semana, no es una franja de tiempo nada desdeñable. Y, de repente, empiezas a notar cierta sensación de disgusto difícil de explicar. No es cansancio, puesto que no has trabajado, pero sí percibes un bajonazo tremendo y un sentimiento de inquietud aliñado con tristeza que nos sabes a qué atribuir. Si los días de la semana tuviesen un termómetro de bienestar, a última hora del domingo estaría en su punto más bajo (quizá con el lunes a primera hora, aunque en ese momento ya estamos al menos más activados). ¿Qué nos pasa? Se llama síndrome del domingo por la tarde o sunday scaries (terrores del domingo) y es un sentimiento de ansiedad y desánimo que en algunas personas hasta cristaliza en dolores de cabeza, malestares digestivos e incluso palpitaciones. Pero, sobre todo, se caracteriza por una avalancha de pensamientos negativos. Cada cual sufre su propia versión: unas personas ven venir el lunes con preocupación y ante esta amenaza se bloquean, otros entran en rumiación -dar vueltas a las mismas ideas una y otra vez- y los más ansiosos tienen ataques de mal humor. ¿A alguien le suena?

«Muchas personas viven pensando en el fin de semana para sentir que su vida tiene sentido, quizás porque se encuentran en situaciones laborales, académicas o personales que no les gustan y apenas le encuentran sentido a lo que hacen: solo sienten que exprimen sus vidas cuando se acerca el viernes. Pero, como todo tiene un ciclo, cuando vuelve la tarde del domingo se remueven por dentro, porque saben que en pocas horas empezarán de nuevo a sentir un vacío», explica Marina Marta García Fuentes, psicóloga clínica y directora del Instituto Psicode.

Tal y como indica, nuestro cerebro no entiende en qué día estamos, si es domingo o lunes. Y, como quiere darnos la energía que necesitamos para acometer esas tareas de la semana en las que hemos empezado a pensar, comienza a activarnos… «Así que sentimos una tensión como si el problema laboral o de entre semana estuviera ahí en nuestro salón (y el caso es que nos encontramos en el sofá, observando cómo el cuerpo se nos acelera)». Es decir, el síndrome consiste en que, en ausencia de un problema futuro (no estamos aún en el lunes), lo traemos a nuestro presente y acabamos nerviosos (porque, encima, aún no podemos hacer nada para abordar esas cuestiones).
¿Qué podemos hacer para disfrutar de esa recta final del fin de semana? Hay varias vías que podemos probar para no desaprovechar ese tiempo de libertad. La psicóloga recomienda, por un lado, disfrutar del nadismo, es decir, no hacer nada y quedarnos en casa sin ningún tipo de remordimiento y haciendo cosas que nos gustan -leer, ver series, jugar con la consola…- pero que no carguen la agenda (hay agendas de fin de semana que dan miedo, llenas de compromisos, partidos de niños, etc), tal y como promueve el hygge danés, un concepto que invita a disfrutar del ocio en casa sin imponerse planes, reduciendo o prescindiendo de las redes sociales y disfrutando de la seguridad de estar en casa, nuestro lugar seguro donde no tenemos que fingir ser lo que no somos.
QUINCE MINUTOS
¿Esto significa que no debemos planificar nada de la semana que está a punto de empezar para no agobiarnos? Todo lo contrario. Si sufres del síndrome del domingo por la tarde, es mejor que dediques quince minutos de ese día a planificar por encima las jornadas venideras, mejor que estar toda la tarde y la noche con ese runrún tan dañino en la cabeza. «Cuando planificamos, parece que hacemos una especie de tregua con el cerebro, ya que, al tenerlo apuntado, no nos recuerda tantas veces lo que tenemos pendiente y descansamos mentalmente. Nuestra memoria no es infinita, apuntar ayuda a pasar página y poder poner la atención en otras cosas», señala la psicóloga, que añade un consejo imprescindible: no planificar más cosas de las que podemos hacer durante la semana, ya que, si no, la propia agenda se convertirá en un estresor visual. Hay que ir a básicos.
Otros tips que ayudan: planear actividades de domingo totalmente distintas a la habituales (para romper el bucle) y no cambiar mucho de horarios. Finalmente, deja para la noche algo que te guste mucho (tu serie favorita, pedir comida a domicilio, cocinar algo especial). Es decir, llena esas horas oscuras con algo bonito.

Y el temido lunes… ponlo en su sitio

Los domingos por la tarde estamos en horas bajas y esto, sin duda, influye en nuestra manera de iniciar el lunes (el día que tradicionalmente ha concentrado más suicidios). Reservar para este día de arranque una actividad que nos guste (quedar para comer con alguien que nos caiga bien, ir a la biblioteca, un rato de piscina, una clase de algo que te agrade, una caminata con tu perro) puede marcar la diferencia para no sentir que hemos perdido toda la autonomía sobre nuestro tiempo ni sobre la gente con quien lo pasamos. Si logramos encarrilar la semana con un buen lunes, en los días siguientes superaremos el llamado ‘monday blues’ (‘tristeza del lunes’). Según los expertos bursátiles, son días tan poco animados que hasta se nota en la tibieza de las inversiones: no hay euforia, no hay apuestas ni hay riesgo. | @diariodenavarra

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La depresión dominical. Ante todo, es real y se trata de un término que ha cobrado popularidad en la última década. Es el sentimiento de tristeza, desesperanza o insatisfacción que muchos dicen sentir los domingos. Este pavor comienza de manera ligera por la mañana, luego aumenta a lo largo del día y culmina por la noche en una gran ansiedad, irritabilidad, dolores de cabeza, depresión y sueño inquieto. Una encuesta de LinkedIn de 2018concluyó que el 80% de los adultos lo sufren.

Otra encuesta sugiere que la hora media de llegada de estos miedos es a las 3:58 de la tarde. También conocido como Sunday night blues o Sunday scaries, es probable que hayamos estado de luto por el final de los fines de semana de una forma u otra desde que existen los días libres.

Consejos para superarlo. Desafortunadamente, esta ansiedad nunca va a desaparecer del todo (a menos que nos jubilemos). Aunque hay pequeñas mejoras que pueden suavizar sus efectos. El deporte, ver películas que te hagan desconectar o pasar tiempo con familiares y amigos son remedios para minimizar el pavor dominical. Una manera de «extender la sensación del fin de semana» programando estratégicamente esas actividades cuando los miedos suelen aparecer y olvidarse de la inminente vuelta a la rutina. | @xataka