graffiti

Hemos dibujado ñocos, culos, poIIas y tetas desde hace 100000 años y ahora lo banean!

Una fachada de ladrillo rojo en la localidad belga de Jette, junto a Bruselas, alimenta estos días el debate sobre los límites entre el desnudo artístico y la provocación en el espacio público.

«No hay ningún pene, ninguna vagina, nada pornográfico. Sin embargo, la desnudez ha impactado a parte de los vecinos», declara el coresponsable de la galería.

Una fachada de ladrillo rojo en la localidad belga de Jette, junto a Bruselas,alimenta estos días el debate sobre los límites entre el desnudo artístico y la provocación en el espacio público. El objeto de la discordia es un gran mural en blanco y negro firmado por el fotógrafo belga Pierre Radisic (La Hestre, 1958), expuesto de cara al exterior en la galería Atelier 34 Zéro Muzeum.

La imagen muestra la figura de una mujer embarazada que atrapa entre sus piernas desnudas la cabeza de un hombre. El varón, del que sólo se aprecia el cuello y la espalda, aparece boca abajo, con la cabeza introducida bajo el cuerpo de ella. A la izquierda, otra lona muestra a un hombre con kipá judía y otro con pañuelo palestino que se besan en la boca; y a la derecha, un mural caricaturesco retrata al presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Pero sólo la fotografía central del desnudo ha generado debate público.

«No hay ningún pene, ninguna vagina, nada pornográfico. Sin embargo, la desnudez ha impactado a parte de los vecinos y también influyeron algunos medios que vinieron a preguntarnos», dice el coresponsable de la galería, Daniil Shestakov. La imagen forma parte del universo creativo de un fotógrafo que «ha utilizado mucho el cuerpo humano como material: se ha interesado por la carne, la textura, las asperezas de la piel, y ha intentado crear una especie de geografía corporal», dice.

«Nace de una reflexión sobre la dualidad hombre-mujer. Intenta complementar al máximo los dos cuerpos. Puede verse como una imagen de nacimiento, como un abrazo, como consuelo, como amor… Las interpretaciones son infinitas», agrega Shestakov.

La instantánea data de 2002 y fue un encargo de la pareja retratada para utilizarla como invitación de boda, explica  Radisic desde su residencia en Mataró (Barcelona, España).  «No hay absolutamente nada extraordinario, pero hay gente que no tiene nada más que hacer que sorprenderse por tonterías», zanja por teléfono el fotógrafo, razonablemente satisfecho por el inesperado golpe publicitario. | @20m

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