



La policía británica detuvo el pasado mes de junio a un hombre en el hospital Ysbyty Glan Clwyd de Gales tras subirse al tejado disfrazado de la Muerte, portando lo que parecía ser una guadaña y atemorizando a pacientes y médicos al mirarlos fijamente.
El autor de los hechos ha sido identificado como Leon Gillespie, un galés de 26 años condenado al pago de una multa de 200 libras esterlinas (unos 233 euros) por causar, sin justificación razonable, alteraciones del orden y molestias al personal sanitario y a los enfermos. Además, Gillespie se negó a abandonar las instalaciones cuando se lo exigieron, manteniendo su actitud incluso ante la llegada de los agentes. | @elmundo
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La historia real:
Década de 1980 – Cádiz: Canelo era un perro mestizo que vivía con un hombre humilde en la ciudad. El animal lo acompañaba siempre, también al hospital Puerta del Mar cuando su dueño debía someterse a diálisis.
Como no se permitía la entrada de animales, el hombre dejaba a Canelo esperando en la puerta hasta terminar el tratamiento. El perro se quedaba quieto, paciente, vigilando.
Un día, el hombre falleció durante la diálisis. Canelo no lo supo, pero lo esperó igualmente.
Tras la muerte de su dueño, Canelo siguió yendo cada día, durante más de 12 años, a la puerta del hospital, aguardando el regreso de la persona que ya no volvería.
Fue alimentado por vecinos y transeúntes que se enteraron de su historia.
En un momento, se intentó llevarlo a una perrera, pero la presión popular logró su liberación para que pudiera volver a su puesto.
En 1990, Canelo fue atropellado accidentalmente cerca del hospital.
Su fidelidad había conmovido tanto a los gaditanos que se convirtió en un símbolo local.
En Cádiz hay una calle llamada “Perro Canelo”.
Existe una placa conmemorativa cerca del hospital que dice:
“A Canelo, que esperó fielmente durante 12 años en la puerta del hospital la vuelta de su amo fallecido”.