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Artículo: Llanto y responsabilidad juvenil

Pensaba hablarles de  reglas fiscales y gobernanza europea. Se lo debo, aunque no estoy seguro que les apasione. Una encuesta de Sigma Dos en El Mundo sobre las preferencias de los jóvenes me ha hecho cambiar de opinión. «La primera generación que no vive para trabajar» titulan sin pudor. Yo hubiera preferido, «La España de la opulencia, una generación que pretende vivir del trabajo de los demás», pero claro eso hubiera sido crispar y hasta me acusarían de provocar un conflicto generacional. Porque la pregunta que debería hacer la encuesta y no hace es quién les paga la fiesta a estos supuestos modernos que nos miran con superioridad a los pringaos que solo sabemos trabajar. La pregunta relevante, insisto, es si piensan vivir de sus padres y de lo que hereden aprovechando que son casi hijos únicos, o del Estado y de lo que éste les regale por su derecho a ser felices.

A esto de vivir del trabajo ajeno le pasa como al déficit público, que en el pensamiento posmoderno se ha vuelto progresista. Las históricas proclamas de la izquierda, «la tierra para el que la trabaja», «garantizaremos la igualdad de oportunidades», han sucumbido a las políticas identitarias. El derecho al trabajo es ahora reaccionario y lo progresista es el derecho de las nuevas generaciones a que alguien les pague para que sean felices. El pensamiento dominante es tan unidireccional que la falacia de que maltratamos a los jóvenes se ha convertido en lugar común. Por eso conviene pensárselo dos veces y analizarlo con cierto detenimiento.

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