jubilados

Era algo que no se podía sostener mucho tiempo…

Se trata de un libro a modo de reportaje extenso y con la participación de decenas de voces, en el que los prejuicios y las experiencias del lector terminan de configurar el retrato planteado por la autora, despertando una notable polémica. «Se ha generado todo un discurso de ‘tú estás haciendo una guerra generacional’», dice. «Yo creo que no. Yo simplemente estoy explicando cómo han sido las cosas para esa generación y qué consecuencias está teniendo». Lo repite para que quede claro: «No es un agravio comparativo ni se trata de inculparles a ellos». Su objetivo es «hacer un retrato de esa generación» y, a partir de ahí, «ver cómo han crecido y cómo se ha desarrollado su vida en muchos aspectos».

Sobre estos 20 millones de boomers, Analía reconoce realidades que hoy resultarían directamente ilegales -como que muchos de ellos empezaron a trabajar con 14 años-, que, sin embargo, han desembocado en la generación con una vida más cómoda en la España actual. «El jubilado de hoy en día o el que está a punto de jubilarse se está pegando la vida cañón», sostiene, no como provocación, sino como descripción: «Después de una vida de gran esfuerzo, ese perfil [de españoles] tiene la casa pagada, los hijos fuera de casa, buena salud y una red de seguridad que le permite dedicarse a viajar, a consumir un poco… o a salir con los amigos». En definitiva, «están disfrutando de la vida», resume.

En este sentido, apunta que, observando los datos por franjas de edad, quienes se encuentran entre los 55 y 65 años «se han convertido en una cohorte superrica», en parte gracias al ahorro, en parte gracias a derechos laborales consolidados y, también, a causa de la brutal escalada en los precios de la vivienda que experimentan ciudades como Madrid durante las últimas tres décadas. «Han comprado viviendas que se han revalorizado mucho, y van a dejar toda esa riqueza en manos de mucha menos gente, porque ellos han tenido muchos menos hijos que las generaciones anteriores».

De este modo, este retrato ensayístico sobre los boomers devuelve al lector a una realidad incómoda: «Está viviendo mejor que sus hijos», sostiene la autora antes de matizar, casi de inmediato, que «por lo menos a nivel material». Y este es el punto de fricción intelectual que hace que algunos de los retratados por esta obra de Analía Plaza observen su trabajo con una beligerancia digna de La carga de los mamelucos de Goya y no con el costumbrismo de El parasol.

«Ellos llevan mucho el argumento de ‘es que nos hemos esforzado’», concede. Una reivindicación a la que ella responde sin rodeos: «Nadie te dice que no te hayas esforzado, pero es que ese esfuerzo te ha rendido mucho más». Esta clave la desarrolla junto a las voces de numerosos expertos junto a alguna que otra reflexión personal a modo de anotaciones de la propia autora -como un «Joder, pues quién lo pillara», cuando algunos boomers hablan sobre las comodidades de las que disfrutan- que, además de un toque de humor, permiten que el libro tengan distintas interpretaciones en las que «depende también de quién lo lea».

| @elmundo

Hay cosas que aprender de los jubilados, pero también de los jóvenes.

A través de sus testimonios, reflexionan sobre los motivos por los que consideran que los jóvenes de hoy tienen más problemas de salud mental y comparten consejos que, según ellos, podrían ayudar a superarlos. Todos coinciden en una idea: los jóvenes viven rodeados de facilidades, pero sin la disciplina ni la fortaleza mental que ellos tenían en el pasado por necesidad.

“Antes un niño de 12 años ya trabajaba”

“Los padres hemos tenido mucha culpa: les dimos demasiado y ahora falta disciplina”, reconoce un jubilado. Para él, los jóvenes crecen sin límites, con un futuro laboral incierto y un entorno marcado por la precariedad y las drogas.

Otro pensionista pone el foco en la comparación generacional: “Antes un niño de 12 años ya trabajaba; hoy, con esa edad, casi siguen con chupete”. A su juicio, las redes sociales agravan el problema, porque magnifican cuestiones que no son realmente importantes. “Si no tienes dinero, la depresión se hace más grande. El dinero hace mucho”, añade con crudeza.

 

 

“No había tiempo para pensar en estar triste”

Muchos de los entrevistados relatan infancias duras, en las que ni siquiera podían permitirse “un día malo”. Uno de ellos recuerda que se quedó huérfano con siete años y que desde entonces compaginaba la escuela con trabajos de carpintería: “No me aburría nunca. Si no me levantaba, sabía que me caía un castigo o que ese día no comía”.

Otro mayor subraya que la pobreza y la obligación de trabajar desde niños forjaron un carácter fuerte: “No había tiempo para pensar en estar triste. Había que salir adelante”.

Consejos de jubilados para evitar la depresión

Cuando se les pregunta qué hacer en un “día malo”, las respuestas se repiten: mantener la mente ocupada y no quedarse en la cama.

Una jubilada cuenta que adoptó un perro “para obligarse a salir” incluso cuando no tenía ganas. Otro entrevistado lo resume en una filosofía sencilla: “La vida hay que aceptarla como viene. No hay otra”. | @huffingtonpost

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Esta pareja de jubilados tiene 300IQ

Tras la pandemia de Coronavirus que mantuvo a todo el planeta prácticamente encerrado en su casa fue el detonante para que el matrimonio formado por Marty y Jess Ansen, una pareja de jubilados australianos, decidiera que era el momento de salir y viajar. Sin embargo, quisieron hacerlo a lo grande y es que el 16 de junio de 2022 embarcaron por primera vez en un crucero y todavía no han bajado, han ido encadenando viajes hasta llegar a contratar 51 cruceros seguidos.

Y aunque nos pueda parecer a priori una locura lo que está haciendo esta pareja, ellos aseguran estar muy felices ya que pueden disfrutar de una gran oferta de ocio y de entretenimiento y sobre todo y quizá sea lo más llamativo es que aseguran que realizar todos estos viajes les ha resultado más económico que si hubieran estado en una residencia. | @hablandoenplata