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Llega el «michipapá»

El ‘michipapá’ entra en escena

El fenómeno ha llamado recientemente la atención de The New York Times, que en un artículo titulado It’s a Great Time to Be a Guy Who Loves His Cat (Es un buen momento para ser un hombre que quiere a su gato), firmado por la periodista Sophia June, analiza precisamente el auge de los hombres que conviven con gatos y el cambio cultural que lo acompaña.

El reportaje parte de historias como la de Joseph Clayson, un camionero estadounidense de 33 años que comparte sus largos recorridos por carretera con dos gatos. Tras seis años en el ejército, un gato negro de pelo corto llamado Medivh entró en su piso. Desde entonces, Medivh se convirtió en su copiloto habitual de carretera. Años más tarde, J. Clayson rescató de la calle a una gata, Smoke, e hizo un ajuste insólito en la cabina de su camión de mercancías para retirar el asiento del copiloto e instalar un árbol rascador de varios niveles. Hoy, Medivh acumula más de 1,6 millones de kilómetros recorridos en ruta, y Smoke ronda el millón.

Más allá de lo llamativo de la historia, el interés del caso está en lo que representa. Tradicionalmente, la masculinidad hegemónica ha estado asociada a los perro de gran tamaño y a los perros de trabajo, donde el control y la obediencia encajaban dentro de la proyección social del hombre. Sin embargo, Joseph Clayson explica que aunque no es habitual encontrar a otros hombres camioneros que lleven gatos consigo, cuando los encuentra reconoce en ellos una especie de complicidad y un rasgo en común: no están especialmente preocupados por proyectar una imagen más o menos masculina.

La idea encaja con un cambio que también está detectando la industria de animales de compañía. Según la Asociación americana de productos para mascotas (APPA), 53 millones de hogares estadounidenses tenían al menos un gato en 2025, un 5 por ciento más que el año anterior. Los hombres representan el 43 por ciento de las personas que tienen gatos en ese país y el crecimiento resulta especialmente marcado entre los hombres de la generación Z (1997-2012).

Pero no se trata únicamente de que haya más hombres con gatos, sino que también está cambiando la forma de presentarlos. La expresión en inglés de ‘cat dad’, que literalmente sería ‘papá gatuno’ pero en Animaleroshemos preferido rebautizar como ‘michipapá’ se ha convertido en una categoría comercial y cultural propia, asociada a hombres que cuidan, muestran afecto y hablan abiertamente de su relación con los animales.

The New York Times recoge varios ejemplos que van desde campañas publicitarias de alimentación y productos para gatos hasta iniciativas que presentan al ‘papá gatuno’ como un modelo de masculinidad más abierto emocionalmente, y en donde las empresas han encontrado gracias a esta figura una nueva manera de vender productos y, al mismo tiempo, de participar en una conversación social sobre cómo se supone que debe comportarse un hombre.

El fenómeno ha llegado incluso a la cultura deportiva. La aparición pública de jugadores de la NBA que comparten su vida con gatos ha contribuido a hacer visible una imagen que durante muchísimo tiempo parecía incompatible con determinados modelos de masculinidad.

La doble vara de medir

Que la percepción esté cambiando no significa que los viejos estereotipos hayan desaparecido de un plumazo. Uno de los estudios más citados para analizar esta cuestión es el publicado en 2020 por Lori Kogan, de la Universidad Estatal de Colorado, en Estados Unidos, y Shelly Volsche. Las investigadoras querían comprobar cómo influía la presencia de un gato en la percepción que proyecta un hombre dentro de un contexto de citas.

Para ello, seleccionaron a mujeres jóvenes heterosexuales para que vieran fotografías de hombres solos o sosteniendo un gato y evaluaran distintos aspectos de su personalidad, masculinidad y atractivo como posible pareja. El resultado fue bastante diferente del que se habían planteado inicialmente, y los hombres fotografiados con gatos fueron percibidos como menos masculinos, así como también obtuvieron puntuaciones más altas en rasgos como neuroticismo, amabilidad y apertura. En conjunto, fueron considerados menos deseables como potenciales parejas. La lectura rápida de este estudio puede llevar a la confusión, porque lo interesante no es utilizar este trabajo para concluir que “a las mujeres no les gustan los hombres con gatos”. El estudio no permite afirmar algo tan general. Lo que mostró es que la imagen de un hombre con un gato activaba determinadas asociaciones relacionadas con la figura de la masculinidad.

La comparación resulta especialmente interesante porque el estereotipo aplicado a las mujeres ha funcionado históricamente en una dirección muy diferente. La figura de la ‘loca de los gatos’ presenta a una mujer como alguien solitaria, excéntrica, emocionalmente inestable e incapaz de establecer relaciones satisfactorias con otras personas.

‘Gatos y vino serán tu destino’

La asociación entre mujeres, gatos y desviación social tiene además raíces históricas. La reconstrucción de la mitología moderna ha vinculado a los gatos con la brujería o como representación para las mujeres independientes, sanadoras o viudas que vivían al margen de la tutela masculina. Con el paso del tiempo, la figura de la mujer independiente y sin pareja sentimental fue adquiriendo otros estereotipos, entre ellos el de la solterona que acumulaba gatos.

Mucho después, a comienzos del siglo XX, el movimiento por el sufragio femenino en el Reino Unido y Estados Unidos volvió a ver cómo la figura del gato se utilizaba como arma arrojadiza. La propaganda antisufragista de la época saturó la prensa y las postales con caricaturas donde las activistas eran representadas como gatos con sombreros absurdos o donde se mostraban hogares devastados y descuidados con un gato abandonado como metáfora del ‘peligro’ que suponía conceder el voto a las mujeres.

En el presente, el estereotipo ha encontrado nuevas formas de expresión en las redes sociales. En algunos espacios vinculados a las comunidades incel (término utilizado para referirse a hombres que se identifican como célibes involuntarios) y en los discursos  de la conocida como machosfera, se utiliza la expresión ‘gatos y vino serán tu destino’ como una especie de amenaza dirigida a las mujeres que no tienen pareja. La frase presenta la vida acompañada de gatos como sinónimo de fracaso personal y convierte una opción de vida perfectamente posible en un supuesto castigo. | @20m

Está claro, si cada vez tenemos más mascotas xd. Yo ahí veo un nicho de mercado.

El turismo ‘pet-friendly’, aquel que es acogedor con mascotas, se consolida en España como un segmento en expansión con una previsión de crecimiento anual hasta del 10 % en los próximos años, impulsado por un cambio en la relación entre las personas y sus mascotas.

En España, el número de animales de compañía ha aumentado un 14 % en los últimos cinco años, hasta superar los quince millones, la mitad perros y cerca del 40 % gatos, según datos oficiales de 2025.

El 70 % de los propietarios se informa previamente de si puede viajar, comprar o disfrutar del ocio acompañado de su mascota, según ha indicado a EFE el secretario general de la Asociación Española del Comercio e Industria del Sector del Animal de Compañía (Aedpac), Ignasi Solana.

Sus índices sitúan a parques y playas en el 86 % de adaptación; la hostelería en el 68 %; y viajes y alojamientos en el 58 %.

Sin embargo, reconoce que el sector turístico “aún tiene mucho por hacer”, ya que necesita desarrollar protocolos, formación y sobre todo ofrecer información clara y rigurosa al usuario que accede con mascota.

Según datos de la plataforma Booking, las búsquedas de alojamientos que admiten mascotas han superado los 7,5 millones durante el 2025 y el filtro “admite mascota” es el tercero más usado en la plataforma, por encima de opciones como wifi gratuito o disponibilidad de piscina o spa. | @infobae

Los mejores chollos en Chollometro

Normal, si no tenemos descendencia, ¿a quién se lo vamos a dejar?

En 2021, Bill Doris, empresario de éxito del estado estadounidense de Tennessee, dejó en herencia 4,1 millones de euros a Lulu, su border collie de ocho años que le había hecho compañía en su último tramo de vida. El dinero fue transferido a un fideicomisodedicado a su cuidado hasta que falleciera. Este tipo de herencia a la mascota –o de donación condicionada a eventuales herederos– ha estado tradicionalmente muy vinculada a EEUU, pero cada vez es más común en España.

La semana pasada, Consuelo, de 71 años, contaba en el programa ‘Y ahora Sonsoles’ que le dejaba toda su herencia a su perro. «Yo no estoy loca. Es algo que tengo hablado con mi hijo, que él es también muy amante de los animales y no necesita el dinero. Tiene un buen trabajo, una buena profesión y no le quiero dejar a él el cargo de su cuidado», contaba la mujer, que acudió al notario a dejar por escrito su voluntad, aunque no pudo vehicular su legado a la mascota directamente, porque en España los animales no tienen personalidad jurídica. Lo hizo a través de la fundación Animal Rescue, con la que venía ya colaborando. «Yo les ayudo todos los meses, son encantadores. Están los 365 días al año con los animales», explicaba.

Fideicomiso

Los abogados apuntan a que cada vez es más común encontrarse con este tipo de herencias y donaciones. «Vemos testamentos que condicionan los legados al cuidado de los animales; este asunto se va a tener que regular como en EEUU, donde se crea un fideicomiso (‘pet trust’) en el que un administrador es el que vela por que el animal reciba cuidados hasta que fallezca. La sociedad lo está demandando», apunta Manuel Hernández, CEO de Vilches Abogados, un conocido bufete de Madrid por el que pasan cientos de herencias y donaciones al año, una figura legal esta última que va al alza en España, con un aumento del 67,8% en siete años.

Desde la reforma del Código Civil de 2021, los animales han dejado de ser considerados cosas para convertirse en seres sintientes a ojos del Derecho y, aunque no pueden heredar directamente, sí pueden hacerlo a través de terceras personas que se encargan de gestionar el patrimonio para garantizar su cuidado y bienestar. «La gente quiere garantizarse que la mascota va a estar cuidada el tiempo que viva y hay casos que donan su casa a una persona para que cuide de su mascota hasta que se muera», señala Hernández. | @elperiodico