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Tengo miedo de que la gente se entere de que tengo altas capacidades. *Procede a dar una entrevista en ElMundo* xd

Ahora está rematando su doble grado en la Universidad Carlos III, en Getafe (Madrid), y el 9,7 que tiene de nota media (hasta el pasado febrero) concuerda con el nivel de detalle de su discurso. Es lo que se conoce como una empollona y desde hace muy poco sabe, además, que tiene altas capacidades intelectuales. Su expediente académico (ya obtuvo un 10 rotundísimo en Bachillerato) la ha hecho beneficiaria de las becas del Proyecto Dorotea, un programa de la Fundación Adecco para apoyar a personas con sobredotación o expedientes brillantes y que además, se encuentren en situación de vulnerabilidad económica. La iniciativa cumple ahora su tercera convocatoria, abierta hasta el 8 de junio.

«Sé que tengo altas capacidades desde enero. Conseguí la beca por expediente y mi tutora me propuso hacer el test, pero ni yo ni mi familia sospechamos nunca nada. En los estudios he sido siempre muy constante y no respondo a los prejuicios de la timidez, entre otros. Sí tengo un rasgo frecuente: aprendí a hablar tarde, a los 2 años, aunque luego ya no paré», bromea. «O sea, que eres una superdotada muy normal», proponemos. «A lo mejor…», responde discretísima la andaluza. «No deja de ser una etiqueta que te encasilla y yo no encajo en algunos prejuicios, como el fracaso escolar o el aburrimiento en clase», dice, aunque al mismo tiempo reconoce: «Esa misma etiqueta también ayuda a entender que tu cerebro funciona diferente y que influye en la personalidad. Yo, por ejemplo, tengo hipersensibilidad y alta empatía, y soy muy autoexigente y perfeccionista».

Estadísticamente, los superdotados (CI superior a 130) suponen el 2% de la población, y las personas con altas capacidades (superior a 120), el 10%. Sara tiene un 128, que se dispara al 141 en comprensión verbal. | @elmundo

Mientras tanto en Chueca

La noche del martes al miércoles, una pareja de venezolanos (aunque el varón tiene DNI español) salió con unos amigos a divertirse por los garitos de Chueca. Para el novio, era el día perfecto para poner el colofón a sus tres años de relación. Muy enamorados, estaban en un bar de ambiente de esa zona del centro de Madrid, pasándoselo en grande.

El joven llevaba en el bolsillo una caja con dos anillos de compromiso dentro. Una joya que pretendía usarla esa madrugada para hincarse de rodillas y pedirle que se casara con él. Pero sobre las cuatro de la madrugada se torcieron sus planes. Y de qué manera.

En el interior de un bar, bailando, la novia se dio un beso en la boca con una de sus acompañantes, según explican a ABC fuentes de la investigación. Otras fuentes apuntan también que a un hombre. Cuando el novio presenció ese gesto, entró en cólera.

Se marchó muy enfadado del local y ella fue detrás, pidiéndole que se calmara y que no tenía importancia. Se mostraba muy arrepentida, mientras que él, ya a la altura del número 15 de la Gran Vía, exclamaba: «¿Cómo pudiste hacerme esto a mí?», a semejanza de la famosa canción de Alaska y Dinarama. Eran ya las 4.15 de la madrugada.

Él la agarró de los brazos, en un pequeño forcejeo, y uno de los testigos intentó ayudarla y avisó a la Policía Nacional, que no tardó en llegar. La chica no sufrió lesión alguna, de hecho, no quiso presentar ninguna denuncia y solo hacía perdirle perdón.

El joven no paraba de explicar a los agentes lo sucedido, que llevaban tres años juntos, que tenía los anillos de compromiso encima y su intención de proponerle matrimonio, pero que, al ver lo del beso con la otra joven, se enfadó muchísimo. «En ningún momento iba a hacerle daño, solo me encontraba muy nervioso». Hubo forcejeo, pero no la llegó a golpear.

Finalmente, el varón, de 33 años, fue arrestado por maltrato en el ámbito familiar, pero no por violencia de género. Ella, de 26, seguía excusándose. Ninguno tiene antecedentes previos. Lo que quedaba de noche, al final, la pasaron separados. Se quedó descompuesto y sin novia. | @abc

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