pintura

El cuadro de hoy, «Ejecución de Lady Jane Grey» 1883 de Paul Delaroche

En contraste con la oscuridad de la obra, la pálida piel de Lady Jane así como su corpiño y su enagua de raso de color blanco crean un potente foco de luz. El artista capta la atención del espectador situando las paletas de color blanco más intensas sobre el pañuelo que cubre los ojos de Jane así como en la zona de su enagua entre su mano izquierda y el borde del bloque.

Delaroche hizo uso asimismo de pequeños detalles con el fin de aumentar el dramatismo de la obra. Los personajes poseen diversas expresiones, como los gestos de dolor y desesperación de las dos damas de compañía, la ternura casi paternal con que el barón asiste a Lady Jane, y el disgusto reflejado en el rostro del verdugo por tener que llevar a cabo la ejecución. Otros detalles destacados son las argollas del bloque de decapitación las cuales lo sujetan firmemente al suelo mediante cuerdas, así como el borde afilado y a la vez desgastado del hacha. Ghislaine Kenyon, subdirectora de educación de la National Gallery, señala que la paja limpia, colocada normalmente cerca del lugar de ejecución con el fin de que ésta absorba la sangre, al igual que el vestido blanco, son elementos utilizados por el artista para insinuar al espectador lo que sucederá a continuación.

Experimento

La ejecución de Lady Jane Grey fue una de las pinturas seleccionadas para llevar a cabo un experimento en la National Gallery. Los participantes fueron invitados a observar el cuadro durante veinte segundos, monitorizándose sus ojos con cámaras y siguiendo el recorrido de los mismos.

El punto inicial de atención de todos los participantes fue el rostro de Lady Jane Grey. Después, los ojos bajaron por su brazo izquierdo y se detuvieron en el bloque de decapitación. Posteriormente se desplazaron a la derecha, posándose sobre el hacha y ascendiendo después hasta detenerse en el rostro del verdugo, cuya zona íntima fue también apreciada por los visitantes, siendo la figura del teniente de la Torre de Londres apenas percibida. De las dos doncellas, fue la que está de espaldas la que mayor atención atrajo por parte de los espectadores, quienes estudiaron detenidamente la nuca de la mujer.

Detalles:

Sin embargo, la obra que más te puede sonar de este pintor no es esa. Sino el retrato de Napoleón:

Napoleón la víspera de su primera abdicación en Fontainebleau; representación de Delaroche, recreando el momento dramático.

El cuadro de hoy, uno de mis favoritos: «En una hostería romana» (1866) de Carl Heinrich Bloch

Carl Heinrich Bloch (1834–1890) fue uno de los pintores más destacados del clasicismo académico danés. Aunque comenzó retratando escenas costumbristas de la vida cotidiana, alcanzó la inmortalidad artística gracias a su obra religiosa y sus magistrales representaciones de la vida de Jesucristo. Su enfoque combina el rigor técnico de la academia con una profunda sensibilidad humana.

Realismo Académico y Emotivo: Bloch poseía una técnica virtuosa capaz de reproducir texturas, anatomía y detalles con precisión fotográfica. Sin embargo, su realismo no era frío; buscaba generar una conexión emocional inmediata con el espectador, conmoviéndolo a través del gozo, el sufrimiento o la introspección.

Composición Teatral: Sus cuadros están organizados como si se tratara de una puesta en escena teatral. La disposición de los personajes secundarios y los elementos del entorno guían la mirada del espectador directamente hacia el punto neurálgico del relato.

Rompiendo la «Cuarta Pared»: Una constante en su estilo es la inclusión de uno o varios personajes que miran directamente al espectador. Esto ocurre tanto en su obra costumbrista (como en la famosa pintura En una hostería romana) como en sus cuadros religiosos. Esta técnica confronta al observador y lo hace partícipe de la escena.

Espiritualidad sin Artificios: A diferencia de la tradición católica barroca, el arte religioso de Bloch (de corte luterano) carece de querubines, grandes alas o halos de luz flotantes. Prefiere retratar la divinidad a través de la dignidad humana, la compasión y expresiones genuinas.

«The Accolade» (La investidura; 1901) de Edmund Blair Leighton

Era un hábil dibujante retratista y era considerado un pintor excelso y perfeccionista con resultados casi fotográficos. Sus obras eran de temas históricos o principalmente de temas románticos muy expresivos y con hiper realismo. Representaba a menudo a hombres (en segundo plano) y mujeres de la nobleza cuyo prototipos eran símiles a los rasgos griegos como patrón recurrente, teniendo como personajes principales a damas elegantes de delicados rasgos faciales e intensa expresión de femineidad posicionadas en paisajes o interiores medievales o en la época victoriana o de la Regencia

Otras obras suyas:

GodSpeed! (¡Buena suerte!; 1900).

«Stitching the Standard» (Bordando el estandarte; 1911).

My Next-Door Neighbour (Mi vecina de al lado); 1894.

My next door neighbour
*oil on canvas
*81 x 50 cm
*signed b.r.: E.BLAIR LEIGHTON.1894

San Francisco de Asís by Francisco de Zurbarán (1598-1664)

Francisco de Zurbarán (Fuente de Cantos, Badajoz, 7 de noviembre de 1598-Madrid, 27 de agosto de 1664) fue un pintor del Siglo de Oro español que destacó en la pintura religiosa, siguiendo las disposiciones de la contrarreforma sobre el Arte. Sus obras muestran una aguda observación y reproducción del natural, especialmente en la captación de los valores táctiles.

Más obras suyas:

Crucificado (1627)

Apoteosis de santo Tomás de Aquino (1631)

Defensa de Cádiz contra los ingleses (ca.1634)

Martirio de Santiago (ca.1636-1640)

Santa Dorotea (ca.1640-1650)

Virgen de los cartujos (ca.1655), perteneciente al conjunto de la Cartuja de las Cuevas, el último conjunto monástico realizado por Zurbarán.

Santa Casilda (ca.1635) tal vez la primera Santa Virgen de Zurbarán.

Santa Dorotea (ca.1645, según Delenda)

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«Iván el Terrible y su hijo» también conocido como «Iván el Terrible mata a su hijo» by Iliá Repin, 1885.

Es uno de los cuadros más famosos y controvertidos de Rusia.

Historia de la obra

Estas dos figuras son Iván IV el Terrible (1530-1584), primer zar del Zarato moscovita, y su primogénito, Iván Ivánovich (1554-1581). Según escritores polacos, este hecho sucede cuando Iván IV, en uno de sus ataques coléricos, trata de golpear con un bastón a la esposa de su hijo, quien estaba embarazada, por vestir ropas poco ortodoxas; por lo que el primogénito se enfrenta a su padre con la mala suerte de recibir un fuerte golpe en la sien que acaba con su vida. Ante el acto llevado a cabo por el zar, este se arroja a abrazar a su hijo tratando de obstruir la salida de sangre en un momento de lucidez y arrepentimiento. En este aspecto el artista consigue captar perfectamente la psicología del personaje, pero mostrando la escena de forma estremecedora, no idealizada.

En el siglo xix, se dan dos teorías que hablan de que el zar padecía algún trastorno mental (manía persecutoria) o la sífilis, la cual, durante el siglo xvi, se trataba con pequeñas dosis de mercurio, lo que provocaba efectos secundarios como insomnio, dolor de cabeza o alteraciones emocionales. Con esto estaríamos ante una justificación a los actos violentos por los que era famoso Iván el Terrible, aunque dichos actos no eran temidos por el pueblo ruso, por lo que la violencia y agresividad de su mandato fue en aumento hasta alcanzar cierto grado de locura, llegando a asesinar a amigos y familiares. Además, este temperamento colérico no solo viene dado por supuestos problemas físicos o mentales, sino que sus orígenes podrían atribuirse al ambiente en el que creció o a una serie de inoportunos acontecimientos ocurridos durante su reinado, como la pérdida de su primera esposa o su fallida campaña de expansión mercantil hacia Occidente por el mar Báltico.

Que aparezca este personaje como figura principal de la composición no es de forma azarosa, pues Iván el Terrible tuvo una gran importancia en el desarrollo de la historiografía de Rusia. Entre los historiadores y cronistas, tanto de la actualidad como de épocas pasadas, hay ciertas discrepancias sobre su actuación política y social durante su reinado. En primer lugar, están los que defienden sus actos genocidas para “evitar un mal mayor” para el Estado, es decir, que toda la política de represión que lleva a cabo ante la alta aristocracia, la Iglesia o el pueblo está justificada como un hecho que beneficia el avance y la estabilidad política y económica del país. Se le considera un héroe de la patria. En segundo lugar, y en oposición a esta visión patriótica, encontramos la postura que critica estas acciones genocidas. Estas teorías hacen referencia a su «mala política», ya que se considera que todo lo llevado a cabo no fue bajo sus órdenes, sino que se hicieron bajo la dirección de un Consejo o que lo bueno que le ocurrió al país fue consecuencia del azar. En el caso de esta obra, Repin opta por mostrar una de las consecuencias del temperamento del zar, representando el rostro de Iván el Terrible con una expresión consternada por lo que acaba de hacerle a su hijo. Con esto el artista trata de profundizar en la psicología del personaje, además de hacer una especie de crítica hacia la dinastía del zar, dando a entender que las acciones llevadas a cabo por Iván IV, tanto en el ámbito privado como en el público, y su ambición de poder, le llevan al desgaste mental extremo, llegando a acabar con la vida de su amado primogénito.

‘El Reencuentro de Odiseo y Telémaco’ de Henri-Lucien Doucet (1856-1885).

El cuadro representa un momento de La Odisea de Homero, donde Odiseo, después de casi dos décadas de ausencia por la Guerra de Troya y su difícil viaje a casa, se reencuentra con su hijo Telémaco. La pintura captura la intensidad emocional de este reencuentro padre-hijo, quienes no se habían visto desde que Telémaco era un bebé. Esta escena es crucial en la epopeya, ya que marca el comienzo de su esfuerzo conjunto para recuperar su hogar de los pretendientes de Penélope, con la guía y el apoyo de la diosa Atenea.

En la escena, Odiseo, disfrazado de mendigo para ocultar su identidad de sus enemigos en Ítaca, se revela a Telémaco. El escenario es probablemente la cabaña de Eumeo, donde los dos se encuentran en privado. Telémaco se aferra a Odiseo en una mezcla de incredulidad y alegría, abrumado por la comprensión de que su padre perdido hace mucho tiempo ha regresado. Atenea, en el fondo, destaca la intervención y el apoyo divino en este reencuentro. La reunión no es solo una reconciliación personal y familiar, sino también un punto de inflexión en la narrativa.

La pintura ganó el Prix de Rome en 1880, un prestigioso premio que reconocía el talento excepcional entre los jóvenes artistas. El premio incluía una residencia de varios años en la Villa Medici en Roma, donde los ganadores podían estudiar arte clásico y renacentista. Este galardón marcó un logro significativo en la carrera de Doucet, consolidándolo como un artista prometedor dentro de la tradición académica. | @artconnoiseur