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Yo no vivo en un pueblo y llevo una vida muy parecida xdxdxd

«Para el verano que había gente, bien, pero cuando ya se quedaron prácticamente solos o con los cuatro vecinos que viven, pues no tenían vida«, ha añadido la regidora.

Esa capacidad de adaptación entre verano e invierno es un factor clave ahora que debe tener la familia que aspire a reabrir el bar del pueblo y a vivir allí. «Hemos tenido un montón de demanda», ha asegurado Lapeña, cuyo perfil deseado es el de una familia que ya haya vivido en un pueblo similar o haya regentado un negocio de este tipo, y no necesariamente con hijos.

En este sentido, aclara la alcaldesa, «nos estamos centrando más en familias ya más consolidadas, que ya lo tienen todo más hecho y lo que quieren es un poco de tranquilidad y ganarse la vida«.

La oferta para trabajar allí continúa siendo igual de atractiva que antes: vivienda gratis y alquiler gratuito del local donde está el bar durante el primer año. «Lo vamos a dejar todo gratis, o casi, para ver si se saben adaptar y que les sea más fácil».

El establecimiento está totalmente equipado y dispone de un comedor con capacidad para 40 personas. La oferta de alojamientos en el pueblo se completa con un albergue, también de titularidad municipal, que fue acondicionado hace unos años en la antigua ermita de San Roque y que acoge, de forma constante, grupos de excursionistas que buscan la tranquilidad o la aventura que puede ofrecer este pueblo de montaña de la comarca del Moncayo. | @20m

¿Alguien lo dudaba?

El Informe ‘Así es nuestra Calidad de Vida y Felicidad Social. España, 2020-2025’, elaborado por el Observatorio de Intangibles y Calidad de Vida (OICV) de la Universidad de Castilla-La Mancha, lo deja claro: las personas que viven en municipios pequeños son, de media, más felices que quienes residen en grandes ciudades.

Y no, no es solo una cuestión de paisaje o aire limpio.

Más felicidad en los municipios pequeños

El informe señala de forma explícita que «la respuesta de valoración de la felicidad social es mayor en 2025 en los municipios más pequeños que en las grandes ciudades».

Esta diferencia no responde únicamente a factores ambientales. Según el estudio, cuando se analiza el promedio de satisfacción, «el lugar idóneo para residir aún bascula hacia las zonas rurales». Es decir, incluso teniendo en cuenta variables como trabajo o servicios, el entorno rural sigue ofreciendo una ventaja clara en términos de felicidad.

La fuerza de las relaciones y la confianza vecinal

Uno de los factores clave que explica esta diferencia es la calidad de las relaciones sociales. El informe subraya que «las relaciones más fuertes se producen en los municipios rurales», un dato que se traduce en mayor confianza entre vecinos y una red social más sólida.

Vivir en un entorno donde las relaciones son más cercanas tiene un impacto directo en la tranquilidad cotidiana. La confianza vecinal, la ayuda mutua y el sentimiento de pertenencia funcionan como amortiguadores frente al estrés diario y refuerzan la sensación de bienestar.

Más seguridad y menos desgaste emocional

El estudio también destaca que la percepción de seguridad es más alta en los municipios pequeños. Los residentes en zonas rurales valoran mejor este aspecto, lo que influye directamente en su calidad de vida. Vivir con menos miedo y menos tensión cotidiana contribuye de forma decisiva a una mayor felicidad social.

A ello se suma un ritmo de vida más manejable. Tras la pandemia, el informe recoge que muchos ciudadanos prefieren «casas mucho más amplias y sitios cercanos a la naturaleza», una tendencia que se ha consolidado y que refuerza el atractivo de los pueblos frente a las grandes ciudades.

El cambio silencioso hacia una vida más feliz

El informe no idealiza la vida rural ni ignora sus retos, pero sí confirma una realidad cada vez más evidente: la felicidad no crece con el tamaño del municipio. Por el contrario, los datos muestran que en los entornos pequeños se concentran algunos de los factores que más pesan en el bienestar cotidiano.

Menos anonimato, más relaciones reales, mayor sensación de seguridad y un entorno vital más estable. Elementos que, según los datos del OICV, explican por qué «el lugar idóneo para residir aún bascula hacia las zonas rurales». | @diariodeleon

Yo también lo haría, de cabeza

Hace apenas un mes, Andrés Felipe y su pareja Mayra Alejandra dejaron atrás Valencia para empezar una nueva vida en Cardenete, un pequeño pueblo de la provincia de Cuenca con apenas 470 habitantes. El cambio no fue fruto del azar, sino el resultado de una decisión consciente, motivada por el deseo de tranquilidad, contacto con la naturaleza y una vida más sostenible. Lo más sorprendente es que ahora pagan solo 250 euros de alquiler por su vivienda.

Ambos, colombianos residentes en España desde hace cuatro años, descubrieron el Proyecto Arraigo -una iniciativa nacional de repoblación rural- a través de ChatGPT. “Solo puse que quería mudarme a un pueblo en España y en cuestión de una hora ya me había contactado una persona”, cuenta Andrés. Fue el primer paso hacia una transformación personal y profesional en la que han encontrado mucho más que un nuevo domicilio.

El encanto de lo simple

La decisión de mudarse fue impulsada principalmente por el amor a la naturaleza. “Practicamos senderismo y necesitábamos un entorno que nos permitiera conectar con eso. En Torrent (Valencia) nos sentíamos encerrados”, explica. Cuando visitaron por primera vez Cardenete, lo tuvieron claro: “A primera vista nos encantó. Era justo lo que buscábamos”.

Andrés trabaja como editor de vídeo y creador de contenido en remoto, mientras que Mayra es desarrolladora web. El teletrabajo ha sido clave para que su integración en el mundo rural fuera posible sin renunciar a su actividad profesional. Y lo mejor es que, a nivel técnico, la experiencia ha sido prácticamente idéntica a la de la ciudad. “La conexión a internet es buena, igual de rápida. La diferencia es que aquí trabajas sin ruido, con más calma”.

Una casa por 250 euros

Uno de los aspectos más llamativos de esta historia es el coste de la vivienda. Por solo 250 euros al mes, viven en una casa que, en comparación con los precios de ciudad, resulta casi simbólica. “Hemos visto viviendas a precios muy favorables. Si teletrabajas y quieres ahorrar dinero, definitivamente vete para un pueblo”, recomienda Andrés, convencido de que la calidad de vida rural supera con creces la urbana.

La tranquilidad, el silencio y el contacto humano son otros factores que destacan. “En la ciudad todo el mundo va corriendo, cada uno en su mundo. Aquí todo es más colaborativo”, añade. La acogida por parte de los vecinos ha sido una grata sorpresa, con regalos, favores desinteresados y un espíritu comunitario que no esperaban encontrar. “Nos han regalado hasta mesas, sillas y comida. Aquí la gente no está pensando en dinero, te ayudan sin esperar nada a cambio”, dice. | @eldigitaldecuenca

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