relación abierta

Muy complicado y problemático.

En estas situaciones lo que suele pasar es que la tía se hincha a fokar y el tío se come tremendo ñordón. Solo puede funcionar si los dos están sobrados y también tiene que haber una confianza enorme en tu pareja y no menos importante, buena autoestima y seguridad en si mismo. Y lo más importante, que ninguno se sienta arrastrado por el otro, lo tienen que querer las dos partes.

La euforia al conocer una nueva pareja (y la decepción al conocerla de verdad); los problemas para manejar los celos; la alegría de profundizar en el amor de formas inesperadas; la búsqueda de marcos teóricos que den respuesta a su nuevo estatus como mujer casada en un matrimonio abierto… Y, por supuesto, las dificultades que entraña conjugar todo lo anterior con la crianza de dos niños pequeños.

De todo ello habla el primer libro de Molly Roden Winter, que atrapa desde la primera página. Unas memorias extremadamente francas que nos invitan a explorar los altos y los bajos por los que pasa desde que decide, junto con su pareja, abrir su relación sentimental.

Tras haber entrado desde su lanzamiento el año pasado en la prestigiosa lista The New York Times Best Sellers azuzando en Estados Unidos la conversación en torno al poliamor y su conjugación con la maternidad, ¡Más! Memorias de un matrimonio abierto(Gatopardo, 2025) se edita ahora en España. Hablamos con su autora.

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Nace el primer contrato para regular las parejas abiertas

Las parejas abiertas celebran su amor pero no cierran su alcoba a personas ajenas: comparten relaciones sexuales con otros, manteniendo la parte afectiva con su pareja. Su núcleo no contiene el concepto de fidelidad más convencional, es decir, aquel que supone la exclusividad sexual, sino que acuerdan entre ellos cómo, qué, con quién y cuánto van a vincularse con terceros.

Un dato esencial es la confianza y el respeto, base para establecer los límites de sus prácticas y sus relaciones externas. Cuando una pareja se plantea abrir la relación, las fronteras sólo les conciernen a ellos pero, sobre todo al principio, muchas no saben por dónde empezar. ¿Se puede repetir pareja sexual en un escarceo? ¿Está permitido traspasar los límites de lo sexual y cruzar al plano afectivo? ¿Probamos solo el intercambio de parejas? Si alguno está incómodo, ¿hay marcha atrás?

Para muchos, desde luego, todas estas dudas y preguntas suponen demasiadas variables para afrontarlas con el detalle necesario. Un buen método para iniciarse es establecer un contrato privado donde tratar los aspectos que puedan preocupar a cada persona con el fin de evitar malentendidos.

El objetivo es explorar la propia sexualidad, descubrir fantasías, amar a otros, etc., pero siempre desde el cumplimiento de unas normas. Y para eso, no hay más reglas que las de la propia pareja. «Hay parejas que acuerdan intercambios soft (besarse, tocarse, sexo oral sin penetración), otras que pactan intercambios sin limitaciones en cuanto a las prácticas… Algunas deciden hacerlo todo juntas, otras que van por separado. No hay unas normas sobre cómo deben de ser las parejas liberales. Cada pareja se construye a su medida, en función de lo que a ambas les resulta más cómodo», explica Arola Poch, sexóloga de la red social liberal Wyylde.

Esta red social ha elaborado un modelo de contrato privado para todas aquellas parejas que hayan decidido dar el paso y que necesitan dejar por escrito qué líneas no quieren cruzar. Lo puedes descargar de su web y modificarlo a tu medida. Su propuesta incluye seis aspectos básicos a tener en cuenta para que no queden flecos, aunque atento a uno fundamental: siempre debes establecer un periodo de prueba y donde dije digo, digo Diego…

  1. ¿Para qué firmamos este contrato? La relación abierta evoluciona y cualquier momento es bueno para negociar y avanzar. Podemos descubrir que nos gustan prácticas no incluidas en nuestro acuerdo o que no nos molestan ciertas actitudes. Negociar implica buscar una solución con la que ambas personas se sientan a gusto, pero será necesario el acuerdo inicial arrancar.
  2. ¿Y si nos arrepentimos? Se determinará el tiempo. Lo habitual es imponer un mesy que sea prorrogable. Además, como en cualquier otro contrato, las partes podrían rescindir el contrato con un preaviso de 15 días.
  3. Yo prometo. Serían las obligaciones a tener en cuenta por ambas partes donde la honestidad y transparencia son fundamentales para que funcione la pareja. Aquí se pueden especificar aspectos como compartir sentimientos o escuchar a la otra persona sin juzgar. Es importante comprometerse igualmente a una revisión periódica del contrato para actualizar los acuerdos, según veamos qué nos funciona y qué no.
  4. Hora de poner límites. Se acuerdan límites que ayuden a mantener la confianza y el bienestar físico y emocional de la relación. Por ejemplo, si se está interesado en explorar el sexo de manera conjunta o por separado, si se quieren establecer límites en cuanto al tipo de prácticas sexuales, o si se puede pasar la noche fuera de casa. También se pueden tratar aspectos importantes como el uso de la casa en común, que no suele ser buen espacio para practicar relaciones sexuales con otros, o determinar si se puede o no repetir con la misma persona, con el fin de no establecer lazos afectivos.
  5. No te calles nada. La comunicación será constante, clara y honesta por todas las partes. Para ello, acordamos aspectos como hablar sobre cómo se desarrolla la relación con la otra persona, acordando qué detalles se comparten con el otro. También se debe fijar si la naturaleza liberal de la relación se trata públicamente o no en vuestro entorno.
  6. No te olvides de que tienes una pareja. Pasar tiempo de calidad con nuestra pareja es fundamental para que el resto funcione. Para ello se pueden establecer pautas como saber cuánto tiempo se va a pasar con la tercera persona.

@elmundo

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