salud mental

¿En vuestros tiempos cómo eran esas "zonas de respiro"? xdxd

Los colegios vascos deberán habilitar «arnasgunes» –«zonas de respiro», en euskera– que garanticen «espacios de escucha y regulación emocional» para el alumnado. La idea es que se favorezca la «expresión del malestar, la regulación emocional y el acompañamiento educativo» en situaciones que así lo requieran.

En lo respectivo a la convivencia, una de las grandes novedades será la creación en todos los centros del denominado «arnasgune» emocional. Según explica el texto, «estos espacios podrán utilizarse, con el acompañamiento de la profesora o profesor de referencia u otra persona adulta responsable del centro, cuando el alumnado precise un entorno de escucha, regulación emocional o apoyo educativo individualizado», especialmente cuando exista un protocolo abierto por conductas suicidas, acoso escolar o violencia contra las mujeres; o, en general, cuando el estudiante lo solicite por necesidades «personales y socioemocionales o cuando se encuentre «en una situación de crisis emocional». @elcorreo_com

Fuente: El Correo.

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Pues habría que ver POR QUÉ ocurre

Puede parecer el mundo del revés, pero no lo es: es el mundo real. A más edad, menos probabilidad hay de cogerse una baja por enfermedad. Cuanto más jóvenes, más posibilidades se registran. Hasta el punto de que esa probabilidad prácticamente se duplica frente a los sénior. Es decir, la frecuencia en cogerse bajas por incapacidad temporal (IT) es, paradójicamente, inversamente proporcional a los años: por cada mil trabajadores menores de 35, casi 43 están acogidos a una prestación por IT, una cifra que se reduce a 29 para el colectivo de afiliados entre 36 y 55 años y a 25 para los mayores de 55.

Y lo más preocupante es la tendencia que se viene registrando en estos últimos ejercicios, especialmente a raíz de la pandemia: así, mientras que la incidencia a cogerse una baja laboral entre las nuevas generaciones se ha disparado más de un 160% en apenas siete años (lo que supone que se ha multiplicado por 2,6), entre los sénior se ha reducido un 25%. Son datos oficiales proporcionados por la patronal de las mutuas, AMAT. Pero se confirma también con otros del Ministerio de Seguridad Social a los que ha tenido acceso en exclusiva este periódico: casi dos millones de menores de 35 se cogieron una prestación por IT en 2025 y se perdieron más de 84 millones de jornadas laborales. | @elcorreo

Extra: Y no nos olvidemos de los chinos…

«No quieren esperar mucho tiempo y tener la tienda cerrada»

Esa realidad ayuda a entender por qué, como apunta el cirujano plástico Zhan Qiao Lin, la decisión de ir al médico para sus compatriotas suele posponerse hasta el límite: parar significa perder ingresos, dejar el local sin atención y romper una rutina económica muy exigente.

En una entrevista en el pódcast ‘Un chino y medio’, el doctor apunta que muchos evitan acudir al médico salvo que la situación sea realmente grave. «Los chinos no van a los hospitales en España porque no quieren esperar mucho tiempo y tener la tienda cerrada», indica.

El cirujano plástico reconstructivo en el Hospital La Paz de Madrid atribuye esa conducta a varios factores, entre ellos las dificultades con el idioma, la costumbre de un sistema sanitario en China en el que la atención se asocia a copago y, sobre todo, el temor a perder tiempo en esperas que obliguen a cerrar un negocio.

El asiático hace mención en la entrevista a que existe una especie de regla no escrita entre los médicos: si un paciente chino acude a urgencias, es porque realmente «está jodido», ya que nadie de su comunidad cerraría su negocio temporalmente por una dolencia menor. | @abc

@unchinoymedio_oficial

Cuidado cuando un chino va al hospital #unchinoymedio #podcastenespañol

♬ sonido original – un chino y medio – un chino y medio

Y aún más arruinan la salud mental cosas como el no poder acceder a una vivienda, por ejemplo.

David tiene 38 años, vive en Barcelona y confiesa que, a veces, se descubre a sí mismo sintiendo una desconcertante familiaridad hacia personas que apenas conoce en la vida real. A algunos no los ha visto nunca, pero sabe cómo se llaman sus hijos o conoce al dedillo las rutinas de sus mascotas.

“Pueden ser amigos de amigos, pero lo sé todo sobre ellos”, explica de entrada. “Son informaciones tan aleatorias que a veces me pregunto por qué demonios sé a dónde se va a ir de vacaciones esa persona, cuando ni siquiera debería saber que existe”. Su experiencia no es un caso aislado, sino un síntoma de un uso de las redes sociales que las (y nos) está haciendo colapsar.

“Pero, ¿usted quién es?”

El ecosistema de plataformas como Instagram ha transformado radicalmente nuestro horizonte relacional. Lo que comenzó como una herramienta para mantenerse en contacto con nuestro círculo cercano de familiares y amigos se ha convertido en un escaparate saturado de perfiles que la sociología empieza a definir bajo nuevos conceptos.

David estima que entre el 60 y el 70% de las cuentas que aparecen en su pantalla pertenecen a personas que “pasaban por ahí”, perfiles que no entran en la categoría de amigos, familiares o conocidos. También es cierto que, personalmente, no siente que le afecte muchísimo debido a que su uso de Instagram consiste en “ponerme ahí a chafardear y ya está”, comenta, reconociendo también que de vez en cuando prefiere “silenciar a la gente si veo que me sale demasiado”. Pero esta acumulación de impactos visuales genera un ruido constante en el día a día que acaba haciendo mella. | @eldiario

Extra:

Rebajar el ritmo de vida

El también profesor de la Universidad de Barcelona, defiende que un sector considerable de la juventud española no está dispuesto a renunciar a un cierto ritmo de vida basado en un gasto en el ocio recurrente. Y es que las cantidades de dinero que intercambia por estos bienes y serviciosresultan incompatibles con guardar fondos para una inversión mayor.

“Ahorrar cuesta esfuerzo y uno no puede pegarse la vida padre y ahorrar a la vez”. “La gente joven tiene futuro, pero gasta como si no hubiera ninguno”, comentaba el experto acerca de esta realidad que observa en estas generaciones, lo que les impide siquiera acercarse a adquirir una vivienda en propiedad.

Por el contrario, son muchos jóvenes los que denuncian el crecimiento irrefrenable de los precios del mercado inmobiliario y el estancamiento de los salarios, generando un desequilibrio cada vez más pronunciado entre los interesados en hacerse con un hogar y los inmuebles disponibles para su transacción. | @elconfidencial