esto va para el 85% de twitter españa porq la mayoria se drogan
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— betru (@betrufer) September 6, 2026
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Puede parecer el mundo del revés, pero no lo es: es el mundo real. A más edad, menos probabilidad hay de cogerse una baja por enfermedad. Cuanto más jóvenes, más posibilidades se registran. Hasta el punto de que esa probabilidad prácticamente se duplica frente a los sénior. Es decir, la frecuencia en cogerse bajas por incapacidad temporal (IT) es, paradójicamente, inversamente proporcional a los años: por cada mil trabajadores menores de 35, casi 43 están acogidos a una prestación por IT, una cifra que se reduce a 29 para el colectivo de afiliados entre 36 y 55 años y a 25 para los mayores de 55.
Y lo más preocupante es la tendencia que se viene registrando en estos últimos ejercicios, especialmente a raíz de la pandemia: así, mientras que la incidencia a cogerse una baja laboral entre las nuevas generaciones se ha disparado más de un 160% en apenas siete años (lo que supone que se ha multiplicado por 2,6), entre los sénior se ha reducido un 25%. Son datos oficiales proporcionados por la patronal de las mutuas, AMAT. Pero se confirma también con otros del Ministerio de Seguridad Social a los que ha tenido acceso en exclusiva este periódico: casi dos millones de menores de 35 se cogieron una prestación por IT en 2025 y se perdieron más de 84 millones de jornadas laborales. | @elcorreo

«No quieren esperar mucho tiempo y tener la tienda cerrada»
Esa realidad ayuda a entender por qué, como apunta el cirujano plástico Zhan Qiao Lin, la decisión de ir al médico para sus compatriotas suele posponerse hasta el límite: parar significa perder ingresos, dejar el local sin atención y romper una rutina económica muy exigente.
En una entrevista en el pódcast ‘Un chino y medio’, el doctor apunta que muchos evitan acudir al médico salvo que la situación sea realmente grave. «Los chinos no van a los hospitales en España porque no quieren esperar mucho tiempo y tener la tienda cerrada», indica.
El cirujano plástico reconstructivo en el Hospital La Paz de Madrid atribuye esa conducta a varios factores, entre ellos las dificultades con el idioma, la costumbre de un sistema sanitario en China en el que la atención se asocia a copago y, sobre todo, el temor a perder tiempo en esperas que obliguen a cerrar un negocio.
El asiático hace mención en la entrevista a que existe una especie de regla no escrita entre los médicos: si un paciente chino acude a urgencias, es porque realmente «está jodido», ya que nadie de su comunidad cerraría su negocio temporalmente por una dolencia menor. | @abc
@unchinoymedio_oficial Cuidado cuando un chino va al hospital #unchinoymedio #podcastenespañol

David tiene 38 años, vive en Barcelona y confiesa que, a veces, se descubre a sí mismo sintiendo una desconcertante familiaridad hacia personas que apenas conoce en la vida real. A algunos no los ha visto nunca, pero sabe cómo se llaman sus hijos o conoce al dedillo las rutinas de sus mascotas.
“Pueden ser amigos de amigos, pero lo sé todo sobre ellos”, explica de entrada. “Son informaciones tan aleatorias que a veces me pregunto por qué demonios sé a dónde se va a ir de vacaciones esa persona, cuando ni siquiera debería saber que existe”. Su experiencia no es un caso aislado, sino un síntoma de un uso de las redes sociales que las (y nos) está haciendo colapsar.
“Pero, ¿usted quién es?”
El ecosistema de plataformas como Instagram ha transformado radicalmente nuestro horizonte relacional. Lo que comenzó como una herramienta para mantenerse en contacto con nuestro círculo cercano de familiares y amigos se ha convertido en un escaparate saturado de perfiles que la sociología empieza a definir bajo nuevos conceptos.
David estima que entre el 60 y el 70% de las cuentas que aparecen en su pantalla pertenecen a personas que “pasaban por ahí”, perfiles que no entran en la categoría de amigos, familiares o conocidos. También es cierto que, personalmente, no siente que le afecte muchísimo debido a que su uso de Instagram consiste en “ponerme ahí a chafardear y ya está”, comenta, reconociendo también que de vez en cuando prefiere “silenciar a la gente si veo que me sale demasiado”. Pero esta acumulación de impactos visuales genera un ruido constante en el día a día que acaba haciendo mella. | @eldiario
Extra:

Rebajar el ritmo de vida
El también profesor de la Universidad de Barcelona, defiende que un sector considerable de la juventud española no está dispuesto a renunciar a un cierto ritmo de vida basado en un gasto en el ocio recurrente. Y es que las cantidades de dinero que intercambia por estos bienes y serviciosresultan incompatibles con guardar fondos para una inversión mayor.
“Ahorrar cuesta esfuerzo y uno no puede pegarse la vida padre y ahorrar a la vez”. “La gente joven tiene futuro, pero gasta como si no hubiera ninguno”, comentaba el experto acerca de esta realidad que observa en estas generaciones, lo que les impide siquiera acercarse a adquirir una vivienda en propiedad.
Por el contrario, son muchos jóvenes los que denuncian el crecimiento irrefrenable de los precios del mercado inmobiliario y el estancamiento de los salarios, generando un desequilibrio cada vez más pronunciado entre los interesados en hacerse con un hogar y los inmuebles disponibles para su transacción. | @elconfidencial
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La psilocibina es un compuesto que se encuentra principalmente en algunos hongos, sobre todo los de la familia de las Psilocybe que se conocen como setas mágicas. Cuando se ingiere, se transforma en otra sustancia, la psilocina, que tiene propiedades psicodélicas. Los psicodélicos son compuestos capaces de generar estados alterados de consciencia. Permiten percibir la realidad de forma diferente. En concreto, la psilocibina, o la psilocina, activan los receptores de la serotonina en el cerebro. La serotonina es un neurotransmisor relacionado, principalmente, con el estado de ánimo y las emociones. Esa activación produce efectos en el cerebro.
Los primeros efectos que causa el consumo de psilocibina son los agudos que duran unas seis horas tras ingerirla. Consisten en que la conectividad del cerebro se desorganiza. Las conexiones que tenemos normalmente en el cerebro y que nos hacen percibir la realidad como la percibimos y sentirnos como nos sentimos, cambian y tienden a desorganizarse, de forma que se presentan los síntomas típicos de los alucinógenos en los que se percibe la realidad de forma distinta. Se pueden ver los colores diferentes o se pueden tener alucinaciones visuales, sentir que no se es uno mismo, se distorsionan el concepto del yo y la percepción del tiempo. Y esto se debe en gran medida a esa desorganización de las conexiones del cerebro.

Además, hay otros efectos que son más persistentes y que pueden durar hasta 21 días. Estos son los que tienen más que ver con su investigación para salud mental porque afectan a la plasticidad cerebral. La plasticidad es la capacidad del cerebro para transformarse, crear nuevas neuronas, generar nuevas conexiones, etc. Se cree que estas sustancias son capaces de ampliar la plasticidad cerebral, la capacidad de aprender. Esto supone que mejore el estado de ánimo o que, por ejemplo, se responda mejor a una psicoterapia, la cual es esencial para que los efectos positivos de estas sustancias se mantengan. Es decir, lo que hacen estas sustancias es facilitar el proceso de recuperación de, por ejemplo, una depresión.
Además, también generan cambios persistentes en la conectividad cerebral. Después de las seis horas que te decía antes, la conectividad se restablece y uno vuele a sentirse normal, pero todavía continúan ciertos efectos más sutiles en la conectividad que también se han relacionado con mejorías en los síntomas de la depresión. Tras el tratamiento, la persona puede experimentar una mejoría rápida en el estado de ánimo y una atenuación de los síntomas depresivos, cosa que en ocasiones puede tardar varias semanas con los antidepresivos convencionales. | @elpais
Hasta aquí la parte positiva, pero también hay una negativa. Las experiencias con psicodélicos como la psilocibina pueden ser muy intensas y, por tanto, pueden dar mucho miedo y pueden llegar a convertirse en una vivencia muy traumática, lo que se conoce coloquialmente como un mal viaje […] Tomarla una persona sola y sin experiencia puede ser peligroso.