stripper

La vida íntima de un stripper:

Todavía recuerda su primera actuación cuando le temblaban las manos y cómo la vergüenza recorría todo su cuerpo durante el espectáculo. Aquel primer número que duraba 15 minutos se le hizo eterno y, cuando sacó a la primer mujer al escenario, ella le dijo: «Pero, ¡si estás temblando!». Aquella chica se llamaba Noelia y todavía guarda amistad con ella.

En esa época, Julio César tenía 18 años, quería trabajar en la noche de camarero y empezó a frecuentar locales de striptease porque conocía a uno de los boys. Enseguida quedó impresionado por el ambiente que se generaba en aquellas salas: «Yo era el más jovencito. Cuando entraba se pensaban que era uno de ellos y las mujeres comenzaban a gritarme piropos», relata.

Llegó a un día en que Tomás Ordóñez -que capitaneaba al grupo de los Tomas Boys- le ofreció participar en el espectáculo. Ordóñez fue uno de los pioneros del sector y le enseñó a bailar, a llevar los pasos, a sacar a las mujeres al escenario y a quitarse la camisa con elegancia.

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