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Está claro que ahorita somos más vagos, y con razón

El 5 de septiembre de 2025, la Junta de Gobierno Local del Ayuntamiento de Valencia aprobó la segunda fase del Plan Municipal de Empleo2025, una iniciativa laboral que busca contratar personas desempleadas para distintos servicios municipales durante un periodo de doce meses.

Este 6 de octubre, el Cap i Casal hizo público el listado provisional de personas admitidas y excluidas, en el cual llama especialmente la atención que de los 488 desempleados remitidos por el Labora para las diferentes ofertas, tan solo 120 personas se han presentado al puesto de trabajo. | @elespañol

Toni Nadal: «Para algunos en este país parece que el trabajo es un castigo del Señor»

Según contó en esta charla el manacorí, una de las claves de su éxito profesional ha sido aplicar la frase «me gusta el trabajo» a toda su trayectoria en el mundo del deporte. «Yo creo que al final lo que te da más opciones de éxito en la vida es la formación del carácter, y por eso fui un entrenador que busqué el éxito profesional a través del desarrollo personal», explicó al referirse a la importancia de «retarnos a lograr un objetivo difícil».

Toni Nadal lamenta la actitud de muchos españoles a la hora de trabajar

En ese sentido, Toni Nadal valoró la falta de implicación que muchos españoles tienen en su puesto de trabajo. «Me extraña que vivamos en un país donde parece que el trabajar está denostado», dijo, asegurando el trabajo le hace «sentir útil» y le da «un cierto sentido» a lo que hace a diario.

«Me extraña que vivamos en un país donde parece que el trabajar está denostado»

El exentrenador de Rafa expresó su preocupación por lo que sucede en la sociedad actual al comprobar que «en España, desgraciadamente, la gente de hoy en día, no sé si es porque cae antes en la frustración, no suele ir al límite». «Para algunos en este país parece que el trabajo es un castigo del Señor», ha señalado.

«Durante el Covid, cuando estuvimos enclaustrados en casa, los distintos periodistas me hicieron entrevistas, a ver si echaba de menos pasear, salir… Yo decía que lo que echaba de menos era trabajar, irme al trabajo, porque esto es lo que me hace sentir útil», aseguró el mallorquín, insistiendo en esta idea de que «en la vida lo principal es el trabajo».

Toni Nadal volvió a subrayar entonces la importancia del trabajo, lamentando esta falta de interés de muchos por ganarse la vida. «Aparte de proporcionarte la manutención, lo que hace es darle en cierto sentido a la vida. Es verdad que tiene a veces incomodidades, pero prefiero más trabajar que no trabajar», sentenció este, dejando clara su postura. | @abc

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Yo confío en que esto puede funcionar…

El artículo menciona varios países que han puesto a prueba jornadas más cortas o semanas de cuatro días, como Islandia, y los resultados muestran que en general la productividad no disminuye, y sin embargo, los beneficios para las personas (salud, bienestar, conciliación) tienden a mejorar.

La empresa andaluza situada en Jaén, Software DELSOL, también corrobora esta tesis. Fue pionera en implantar la semana laboral de cuatro días en enero de 2020, un modelo que, según sus responsables, ha traído beneficios como una mayor productividad, una reducción del absentismo y una mejora en la conciliación de la vida personal y laboral de sus empleados, sin afectar su salario.

Seguimos anclados en esquemas laborales del siglo pasado y en la trampa de trabajar muchas horas, viviendo poco y no necesariamente rindiendo más

Aun así, en pleno siglo XXI, con avances tecnológicos sin precedentes y una mayor conciencia sobre la salud mental y la sostenibilidad de nuestras vidas, seguimos anclados en esquemas laborales del siglo pasado y en la trampa de trabajar muchas horas, viviendo poco y lo que es más paradójico, no necesariamente rindiendo más.

Y es que las largas jornadas favorecen la fatiga, el estrés y la falta de concentración, manteniendo en muchos sectores una cultura del “presentismo” que confunde la cantidad de trabajo con el buen trabajo.

España destaca además por ser uno de los países europeos con mayores dificultades para conciliar la vida laboral y familiar. Las jornadas partidas, las pausas largas para comer y la falta de flexibilidad dificultan no sólo el cuidado de hijos o personas mayores, sino también la posibilidad de descansar, formarse, o simplemente tener tiempo libre. En España se trabaja más, pero no mejor.

Una consecuencia evidente se refleja en las bajas tasas de natalidad. Los jóvenes retrasan cada vez más la decisión de tener hijos, no porque no quieran, sino porque simplemente se hace insostenible. Pero la conciliación no es un lujo. Es una condición básica para el bienestar, la igualdad y la democracia. Si la gente no tiene tiempo para cuidar, para participar en actividades comunitarias o para descansar, se debilita la salud, el tejido social y aumentan las desigualdades.

En un mundo donde la inteligencia artificial, la automatización y el trabajo digital han revolucionado la producción, cabría esperar que el beneficio de esa eficiencia se tradujera en más tiempo libre. Pero no ha sido así. Sabemos que la tecnología no es neutra y a lo largo de la historia los avances tecnológicos han sido apropiados por las élites económicas, que los han utilizado para incrementar sus beneficios, sin que eso se traduzca de manera automática en mejoras para la mayoría trabajadora.

Y eso que, como ha documentado ampliamente la economista Mariana Mazzucato en su libro El Estado Emprendedor, detrás de las grandes innovaciones tecnológicas que luego explotan las empresas privadas, suele haber una fuerte inversión pública en investigación, educación e infraestructura y lo peor es que estos beneficios generados no retornan proporcionalmente a la sociedad que los financió, sino que sirven para hacer multimillonarios a unos pocos.

En innovaciones disruptivas como Internet, el GPS, microprocesadores o nanotecnología el Estado ha sido un actor decisivo. Reducir la jornada laboral sería una forma justa de devolver a la sociedad parte de ese progreso

En innovaciones disruptivas como internet, el GPS, los microprocesadores, la nanotecnología, las pantallas táctiles y un largo etcétera, el Estado ha sido un actor decisivo. Reducir la jornada laboral, por tanto, sería una forma justa de devolver a la sociedad parte de ese progreso.

Claro que siempre habrá resistencia, sobre todo a perder privilegios. Algunos sectores empresariales alegan que no podrán asumir el coste de pagar lo mismo por menos horas. Pero esos mismos sectores suelen olvidar que la precariedad, el agotamiento y la falta de conciliación también tienen un coste: rotación de personal, absentismo, desmotivación, y un sistema de cuidados colapsado que termina dependiendo de redes informales o del trabajo no remunerado de las mujeres.

Es hora de actualizar el contrato social: que el progreso tecnológico y económico se traduzca en tiempo libre, en salud mental y en calidad de vida. | @eldiario