
De la investigación ‘Cyber-Resistance’, liderada por el equipo Valores Sociales de la Universidad y financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación, se extrae entre las principales conclusiones que los niños monopolizan los videojuegos competitivos y de combate mientras que las niñas consumen tutoriales de belleza, estética y bailes. Pero el estudio va más allá y a la hora de analizar también el contexto familiar, otro de los resultados «más representativos» es que «los padres juegan con los niños a videojuegos de contenido muy violento», según explica la investigadora principal y profesora de la Universidad de Deusto, Estíbaliz Linares, Este trabajo se ha realizado entre niños de 5 y 13 años de nueve centros educativos públicos y concertados de Euskadi y cuatro de Gran Canaria, entre 2023 y 2026.
La investigación también identifica un fenómeno que «preocupa»: las niñas sufren exclusión explícita en comunidades de videojuegos online. Muchas camuflan su identidad utilizando avatares masculinos o nombres neutros para evitar ser insultadas, menospreciadas o expulsadas de las partidas por sus compañeros chicos, lo que evidencia una forma de «violencia simbólica y exclusión digital».
Asimismo, lo que han observado es que los niños monopolizan los videojuegos de combate, competitivos y deportivos, vinculando su identidad digital a la fuerza, el poder y la violencia. Según explica Linares, «cuando hablamos con los niños , se sienten vinculados positivamente con ese tipo de contenidos violentos y cuanto más lo sean, para ellos tiene una mayor satisfacción. Curiosamente hace años, jugar a videojuegos era como para gente más excluida. Ahora es donde están y donde se relacionan».
Por el contrario, según los resultados de las encuestas realizadas, las niñas se concentran en redes de edición de imagen y vídeo, donde consumen tutoriales de belleza, estética y bailes. La investigación advierte que estos patrones de uso no son inocuos y van más allá del ocio, ya que promueven una «marcada hipersexualización y las empuja a encajar en cánones estéticos muy normativos y restrictivos». | @elcorreo





