Un pequeño error

Uno de los casos es el de Rachel, que acudió a Dogus en 2012, cuando tenía 39 años. Necesitaba esperma de un donante para fecundar sus óvulos y escogió un tratamiento que costaba unos 4.000 euros. El paquete incluía, de acuerdo con la información que recibió, esperma de Cryos International, un banco de semen con sede en Dinamarca.

Rachel eligió en la página web de Cryos a un donante danés identificado con el nombre ficticio de «Ditto». Una de las razones de su elección fue que el hombre había indicado que estaría dispuesto a que sus descendientes conocieran su identidad cuando cumplieran 18 años. «Quería que cualquier hijo mío tuviera la posibilidad de ponerse en contacto con el donante», explicó. «Para un niño que intenta descubrir quién es en el mundo, podía ser algo muy importante».

Los rasgos físicos no coincidían

Después del tratamiento, Rachel quedó embarazada, pero comenzó a sospechar que el esperma utilizado no procedía del donante que había elegido cuando, según su relato, la clínica no le proporcionó un informe médico que confirmara su utilización. Las dudas aumentaron tras el nacimiento de su hijo Jonah, cuyo aspecto físico difería considerablemente del que ella esperaba a partir de la información del perfil del donante.

Trece años después, Rachel y Jonah decidieron someterse a pruebas comerciales de ADN. Los resultados indicaron que Jonah es hijo biológico de Rachel, pero que su ascendencia genética no coincide con la que cabría esperar del donante danés seleccionado por ella. Por su parte, Cryos International aseguró no tener constancia de haber suministrado esperma a Dogus, que además figuraba desde 2016 en una lista negra, tras detectar que la clínica había indicado a una paciente que solicitaría esperma de Cryos sin que el pedido llegara a realizarse.

Ole Schou, director ejecutivo de Cryos International, declaró que estaba «sorprendido al saber cuántas familias podrían estar afectadas», y la British Fertility Society ha descrito las revelaciones como indicativas de un posible «problema sistémico que trasciende a un médico y a una clínica».

«Estos informes son profundamente preocupantes», declaró Laura Bridgens, fundadora de Donor Conceived UK. «Es un derecho humano fundamental de una persona concebida mediante donación conocer la verdad sobre sus orígenes», aseguró. | @elcorreo

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