La casa más cara de Estados Unidos tiene tantos gadgets que incluye su propia sala de servidores para gestionar toda la electrónica [subtítulos en español]

 

Esta curiosa visita en vídeo a la casa de Los Ángeles de la que podría ser la vivienda más cara de Estados Unidos (295 millones de dólares es su precio) es una fabulosa muestra de excesos se mire como se mire. Baste decir que la casa, llamada icónicamente The One, tiene 21 dormitorios y 49 cuartos de baño –deja a Villa Meona en pañales– con unos 9.750 m² cuadrados construidos en una parcela de 15.500 m². Es algo así como «el zulista inverso», con habitaciones e incluso armarios en los que podrían vivir familias completas. Y, claro, está llena de chismes electrónicos, el sueño de cualquier geek.

Además de tener su propia bolera de cuatro pistas, un simulador de golf(y otro minigolf de verdad) y una sala de cine que es probablemente mejor que el 90% de las salas comerciales de cualquier ciudad, cuenta con una habitación de M&Ms, salón de belleza, innumerables cocinas, saunas y tantas piscinas que sería difícil bañarse en todas ellas en el mismo día, siquiera tener tantos amigos como para ocupar todo el espacio. Como puede verse las estancias están además llenas de decenas de pantallas gigantes, mecanismos automáticos e infinidad de controles electrónicos. Lo cual requiere que en la casa haya un punto de control central, que puede verse en [17:55], una excelsas sala de servidores:

Este es el cerebro de la vivienda. Se han gastado tanto dinero en él y es tan grande que de hecho lo han convertido en una especie de sala de exposición, con una pared de cristal transparente, para poder verlo todo en acción. Así es: si quieres alimentar y controlar una casa como esta, con todos esos iPads y demás chismes, esto es lo que necesitas.

@microsiervos

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Hmmm…

Las coincidencias existen. Bien lo saben estas tres compañeras de Derecho de la Universidad de Valladolid que han logrado terminar la carrera curso por año y aprobar las oposiciones a juez en un tiempo récord. Solo 25 meses de intensa preparación han necesitado estas jóvenes de 24 años para hacerse con una plaza fija de jueza de por vida, cuando la media está en cinco años. Ellas forman parte de la remesa de los más jóvenes. Al principio pensaban que eran las únicas, pero luego «al llegar a la Escuela Judicial de Barcelona —donde se encuentran ahora recibiendo formación— nos dimos cuenta de que había más gente del 97», comentan. Un hecho que no les quita mérito y las sigue situando en el club de las juezas más jóvenes de España. Casi nada. | @lavozdegalicia