sofia vergara, my god pic.twitter.com/GCnjXs5wP3
— 𝘀𝗶𝗿𝗲𝗻 𝗰𝗿𝗮𝘃𝗲 (@sirencrave) July 17, 2025
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Pues nada, a raíz de un video en tik tok hablando del tema me he onformado y he ido a parar a esta web: https://cndes-web.ses.mir.es/publico/Desaparecidos/Ver-Todos?tipoDesaparecido=MENOR
Y ostia puta, es muy loco ver cuantos chavales jovenes desaparecen cada año. Mucho entre 13 y 18 años que suele ser epoca conflictiva a nivel familiar por la adolescencia
Madrid, ciudad pionera en asimilar todo tipo de tendencias culinarias a su paso, ha acogido de buen agrado este plato popular entre restaurantes de moda. La ruta para probarlos comienza en Caja de Cerillas (Donoso Cortés, 8). En apenas tres meses y medio, este pequeño local de ocho mesas ha dado mucho de qué hablar en Chamberí. Tras 20 años en Barcelona y la puesta en marcha de cuatro bares de Hermanos Vinagre con su hermano Carlos, el cocinero madrileño Enrique Valentí camina en solitario con una carta castiza en la que no falta la oreja a la plancha o la tajada de bacalao en homenaje a Casa Labra.
Su versión a 21 euros de los macarrones del cardenal, un clásico en el recetario catalán que popularizó hace unos años Carles Gaig, revela ese placer infantil de romper el gratinado seco con el tenedor. Cocinados con papada confitada, pollo y salchicha, se rehogan en caldo de carne y tomate muy concentrado, antes de añadir orégano fresco y romero. “La idea es dejar el macarrón muy seco para que pueda absorber todos los sabores y luego gratinamos al horno con una mezcla de quesos”, explica Valentí. La interpretación ‘madrileña’ con chorizo llegará a su carta en otoño para revitalizar esa tradición que se perpetuó en las antiguas casas de comidas de Madrid. “Para mí, un plato de pasta en un restaurante significa honestidad y cercanía. En Caja de Cerillas queremos cocinar de manera cotidiana platos que podrías comer cada día en tu casa, y en la dieta mediterránea un buen plato de pasta nunca debe faltar”. | @elpais
Era 1977. Mark Knopfler entró a un pub casi vacío en Deptford, Londres. En el escenario, una banda de jazz tocaba con pasión para unas pocas sillas vacías. Al terminar su set, el cantante cerró la noche con un comentario cargado de humor y dignidad: “¡Buenas noches, somos los Sultanes del Swing!”.
A Knopfler le fascinó esa ironía humilde, esa actitud de músicos que, aunque nadie los escuchara, no perdían el amor ni el orgullo por su arte. Aquella escena no lo soltó en toda la madrugada: al volver a casa, escribió la letra en una servilleta, convirtiendo esa postal gris en la vibrante historia de músicos reales que tocan por pura pasión, sin promesas de fama ni fortuna.
Cuando Dire Straits la lanzó en 1978, Sultans of Swing conquistó al mundo con su narrativa honesta y ese punteo de guitarra inolvidable que parecía contar la historia nota por nota.
Esa canción se volvió un homenaje eterno a todos los músicos de bares, a los héroes anónimos que hacen música por amor, no por el brillo falso de la industria.
Un aleman encontró un half life físico original
En su caja de cartón de cuando salió y todo
Y no lo quiso comprar porque 60 euros le parecía mucho kjj
Así les va pic.twitter.com/Qn8jy65D0K— ElBuni (@therealbuni) July 16, 2025