«Buscan menores» xdxd

«Antes de venir, la gente con la que había hablado me decía: ‘Pues ahí son muy guapos todos’. Y yo siempre pensaba: ‘Bueno, puede ser que sean superguapos, pero no son de mi estilo’. Y se ve que la mayor parte de gente de España aquí acaba ligando con un caboverdiano. Se ve que aquí es el único sitio con más índice de prostitutos que de prostitutas [sic]».

«Yo venía aquí dándome igual y… [realiza aspavientos y simula que cae desmayada en la cama]. ¡Son perfectos! Vi a cuatro niños de nuestra edad y tienen la piel perfecta, los labios perfectos, los ojos, la sonrisa, los dientes, los brazos, el cuerpo».

El entrecomillado pertenece a un vídeo, de apenas unos segundos, que acumula millones de visualizaciones en TikTok. Una joven española, cámara en frente, comparte con sus seguidoras lo que presenta como un descubrimiento personal: la belleza de los hombres de Cabo Verde.

En los comentarios, emojis de fuego, frases en tono jocoso, bromas sobre viajar al archipiélago. Nada parece desentonar: se trata, a simple vista, de la enésima pieza de contenido viral sobre destinos «de moda» para grupos de amigas que buscan playas, fiesta y un toque de exotismo.

@eslayyys

Dato curioso

♬ sonido original – Lays🍟

Pero detrás de esos vídeos aparentemente inocuos late una realidad incómoda, difícil de nombrar: el turismo sexual femenino. Cabo Verde, un país insular de renta media baja, se ha convertido en los últimos años en un polo de atracción no solo para europeos en busca de resorts de sol y playa, sino también para mujeres, muchas de ellas españolas, que viajan con la expectativa —explícita o implícita— de mantener relaciones con hombres locales, mayoritariamente adolescentes.

Fenómeno tabú

El turismo sexual protagonizado por mujeres europeas lleva años documentado en otros destinos como Jamaica, Gambia o Kenia. En Cabo Verde, según reconocen misioneras, ONG y activistas locales, el fenómeno ha crecido en paralelo al aumento de los vuelos de bajo coste y a la popularidad del archipiélago en redes sociales como Instagram y TikTok.

«Existen mujeres que vienen buscando expresamente sexo con chicos jóvenes. Otras no lo dicen así, pero lo hacen. Y luego están quienes se enganchan emocionalmente y mantienen esas relaciones a distancia, enviando dinero todos los meses», explica Milagros García López, una religiosa española con más de dos décadas de trabajo en Mindelo, capital cultural del país.

En la jerga local, a esos jóvenes se les llama «niños de la Western Union«: varones que dependen de las remesas que les envían estas mujeres europeas a través de la empresa internacional de transferencias de dinero. La isla de Sal, con sus resorts y discotecas a pie de playa, concentra buena parte de estos encuentros.

Allí, hace muy pocos años que grupos de jóvenes españolas llegan atraídas por los paquetes turísticos asequibles, el clima estable durante todo el año y la promesa de ocio sin complicaciones. Lo que no se promociona en los catálogos, pero se comenta en voz baja, es la otra cara: la proximidad de chicos locales, muchos en situación de precariedad, dispuestos a convertirse en compañía ocasional o estable a cambio de dinero, regalos o incluso tan solo una promesa de un futuro billete de avión.

Fiestas y supervivencia

En Cabo Verde, el 25% de la población vive en situación de pobreza estructural. El desempleo juvenil supera el 20% y las oportunidades de movilidad social son muy limitadas. En ese contexto, la prostitución —tanto femenina como masculina— se convierte en una salida de supervivencia.

«Para muchos jóvenes, estar con una turista significa tener cubiertos unos meses de gastos, poder seguir estudiando o ayudar en casa. Lo viven como algo normal», cuenta una cooperante española que trabaja en proyectos de prevención en Sal. «Algunas de las chicas con las que hablamos no se sienten víctimas. Dicen: ‘Es mi decisión’. Pero detrás está siempre la falta de alternativas».

La presión económica es más cruda en Santiago y São Vicente, otras islas señaladas por la presencia de prostitución juvenil. Varias ONG locales trabajan en la atención a víctimas, especialmente niñas y adolescentes femeninas, las más perjudicadas, y denuncian que los recursos son insuficientes. «El turismo sexual no se limita a los hombres que buscan mujeres jóvenes. También está el caso de las mujeres europeas con chicos caboverdianos. Pero de eso casi nadie quiere hablar», añade la cooperante.

La dimensión española

España es uno de los mercados emisores de turistas hacia Cabo Verde que más ha crecido en los últimos meses y años. Agencias, blogs especializados e influencers turísticos lo recomiendan como destino «exótico, cercano y barato» para despedidas de soltera, viajes de amigas o escapadas universitarias.

En la plataforma de TikTok proliferan vídeos de españolas bailando en clubs de Santa María o describiendo la «hospitalidad» de los locales. Lo sexual rara vez se nombra, pero está presente en los comentarios, las bromas y los mensajes privados.

Un informe de la ONG local Morabi recogía ya en 2023 la presencia de «relaciones de intercambio entre mujeres extranjeras y varones adolescentes en Sal y Mindelo». Aunque no existen cifras oficiales —Turismo de Cabo Verde ha declinado hacer declaraciones al respecto— las misioneras que trabajan en la zona confirman que hay casos de mujeres españolas que mantienen durante un largo tiempo vínculos de dependencia económica con jóvenes caboverdianos.

El vídeo viral con el que arranca este reportaje es tan sólo un ejemplo de cómo las redes sociales construyen una imagen parcial del fenómeno. En ellas se ensalza la belleza masculina —principalmente, a través de imágenes tomadas sobre el terreno sin el permiso de los protagonistas—, se exagera la sorpresa, se convierte en broma lo que en muchos casos roza la explotación sexual.

@tinnkatt

Just another Friday at the beach 🏖️ #lifeisgreat #travel #capeverde #menoftiktok #caboverde #caboverdeanos

♬ SexyBack – ilkan Gunuc & Clara Stegall

A diferencia de otros destinos donde el turismo sexual femenino ha sido objeto de reportajes internacionales, en Cabo Verde el tema apenas asoma en los medios. En España, la cuestión genera incomodidad: rompe con la idea estereotipada del turismo sexual como algo asociado exclusivamente a varones occidentales.

En Mindelo, la misión de las Hermanas de la Caridad lleva años atendiendo a adolescentes en riesgo de prostitución. Ofrecen talleres de capacitación, becas escolares y un espacio seguro para hablar de lo que viven. «Las chicas nos cuentan que ven a sus amigas con ropa nueva, con móviles caros, y sienten la presión de entrar en esa dinámica. Algunas empiezan con 14 o 15 años», explica Milagros García.

Pero, cabe recordar, el trabajo se extiende también a los varones. «Tenemos chicos de 17 o 18 años que ya han estado con varias turistas. Dicen que es fácil, que les regalan zapatillas o que les mandan dinero después. Pero también hay un desgaste emocional enorme. Muchos acaban atrapados en relaciones de dependencia», señala la religiosa.

La cooperación española y organismos internacionales financian parte de estos proyectos, pero los responsables advierten de que el fenómeno crece más rápido de lo que las instituciones pueden abarcar.

Una frontera difusa

No todas las relaciones entre turistas y locales en Cabo Verde son explotación sexual. Existen historias de parejas que se han consolidado, de matrimonios binacionales, de vínculos basados en la atracción mutua. La frontera, sin embargo, se difumina cuando media la desigualdad extrema: diferencias de edad, poder adquisitivo y oportunidades vitales que convierten lo que parece un idilio en un intercambio marcado por la necesidad.

«Lo complicado es que muchas de estas mujeres no se perciben como clientas de prostitución. Piensan que han conocido a alguien especial en sus vacaciones. Pero cuando pagas la cuenta del hotel, compras regalos o envías dinero cada mes, estás participando en una relación desigual», explica la investigadora Yolanda Cruz, que ha estudiado el turismo sexual en África occidental.

En general, el turismo sexual femenino en Cabo Verde es un tema del que pocos quieren hablar. Principalmente porque no se entiende como tal. Para las autoridades locales, reconocerlo implicaría asumir la incapacidad de proteger a su juventud más vulnerable.

@elespañol

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Ya me jodería… Pero es que ir por Barcelona con un reloj así…

El suceso ocurrió el pasado 29 de agosto, cuando la víctima, un turista chino recién llegado a Barcelona para participar en un torneo de póker en el Casino, fue atacado en una terraza del Port Olímpic. El ladrón le arrancó de la muñeca un Richard Mille Chronograph RM65-01, valorado en unos 500.000 euros. El tirón le provocó arañazos en el brazo.

Aunque al principio dudó en denunciar, finalmente se decidió en presentar una denuncia en la que aportó imágenes del exclusivo reloj, con correa de caucho azul turquesa. Los Mossos d’Esquadra detuvieron días después a un joven de 19 años con 13 antecedentes, aunque el reloj de lujo aún no ha aparecido.

Detalles del detenido

El grupo Titani de los Mossos d’Esquadra, especializado en este tipo de robos, investigó el caso y confirmó que el reloj era auténtico. Gracias a las imágenes captadas por las cámaras de seguridad, pudieron identificar al autor, y el viernes pasado fuedetenido en la calle de la Cera, en Ciutat Vella. El detenido tiene 19 años y acumula 13 antecedentes policiales. No ha aportado pistas sobre dónde está el reloj, que sigue en paradero desconocido. | @antena3

Dormir pegados es de pobres. Lo mejor es camas separadas, mejor aún habitaciones separas y mejor aún casas separadas

Tu pareja da mil vueltas antes de conseguir el sueño profundo, tú roncas y hay noches en las que el combate por conseguir vuestra porción de sábana podría entrar en la categoría de deporte olímpico. Aquí no hay quien duerma. Pero tranquilos porque, conscientes de la importancia que el descanso nocturno tiene para la salud, la ciencia se ha propuesto resolver tu relación y te lanza un mensaje: antes de separarte, prueba a separar las camas, incluso las habitaciones…

«Las parejas siguen sujetas a la convención social que dicta que compartir la cama es un signo de una relación sexual saludable»

«Mejor comunicador, más feliz, más empático, más divertido y hasta más atractivo»… ¿Promesas de un coach o de una terapia con testosterona? No. Evidencias científicas. Son palabras de la investigadora Wendy Troxel, científica del comportamiento de la organización Rand Corporation y especialista en medicina del sueño. Según cuenta en su libro Sharing the Covers: Every Couple’s Guide to Better Sleep, dormir separados puede a ayudar a las parejas a ser más felices, menos resentidas y con capacidad para disfrutar mucho más del tiempo que comparten en la cama, «sobre todo los fines de semana cuando las demandas laborales son más ligeras», explica. Ante la evidencia de que un sueño reparador puede evitar una gran cantidad de patologías, desde cardíacas y cerebrovasculares hasta riesgo de diabetes o enfermedades del sistema inmunitario, si las rutinas para dormir de una pareja se hacen incompatibles, Troxel propone dejarse de remilgos y compartir colchón solo con Morfeo. Sin resentimientos.

Hasta que los ronquidos nos separen. Se calcula que en España, el 50 por ciento de los hombres y el 25 por ciento de las mujeres roncan más de cinco días a la semana, según datos de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR)

«Les digo a las parejas que traten de pensar en ello no como una solicitud de separación, sino como algo que va a forjar una alianza de sueño, ya que al final del día no hay nada más saludable, feliz e incluso más sexy que una buena noche de descanso», declara la investigadora. Y añade más ventajas: «Es probable que dormir mejor sea un buen camino para tener mejores relaciones sexuales, porque cuando estamos bien descansados, disfrutamos más del sexo. Aumenta nuestra frecuencia sexual porque aumenta nuestro impulso sexual. Por lo tanto, hay muchos beneficios para las relaciones al priorizar el sueño».

El 49 por ciento de los encuestados se queja de que su pareja los despierta durante la noche, según un estudio del Sleep Council británico

«También hemos visto que la falta de sueño nos hace menos empáticos, menos capaces de leer las emociones del otro. Y eso es algo increíblemente importante en una relación. Tienes que ser capaz de detectar cuándo te pasas de la raya o cuándo tu pareja se siente vulnerable y no dormir lo suficiente dificulta esta capacidad», mantiene la doctora Troxel. Un punto que coincide con un estudio anterior dirigido por la doctora Kneginja Richter, Jefe de Servicio Externo de Medicina del Sueño de de la Universidad Médica Paracelsus, Nuremberg ( Alemania), y según el cual los inconvenientes para dormir y los conflictos de pareja tienden a ocurrir de manera simultánea. Es más, según este informe los problemas de sueño de uno también pueden convertirse en los de la otra parte.

Combates nocturnos. La lucha por las sábanas, las vueltas en la cama o las excursiones nocturnas al baño se mencionan entre las prácticas que más contribuyen a los trastornos del sueño en pareja.

Richter y sus compañeros analizan la literatura científica relacionada con las implicaciones de dormir en pareja y citan a la socióloga de Jenny Hislop, de la Universidad de Keele (Reino Unido), según la cual «si bien la compatibilidad sexual se considera un criterio clave para la formación de parejas, estas rara vez evalúan su compatibilidad como compañeros de sueño y eligen compartir noche a pesar de la posibilidad de interrupción y falta de sueño». Cita la socióloga una investigación realizada en el Reino Unido por el Sleep Council, según la cual el 49 por ciento de los encuestados se quejó de que su pareja los despertaba durante la noche. Los ronquidos, las vueltas en la cama, la lucha por las sábanas o las excursiones nocturnas al baño se mencionaron entre las prácticas que más contribuían a los trastornos del sueño.

El tabú de dormir separados

«Las parejas en general muestran una disposición a aceptar la posible interrupción asociada con compartir una cama para preservar el bienestar de la relación y cumplir con las expectativas sociales de un comportamiento de pareja apropiado», asegura la socióloga Jenny Hislop. «A pesar de la promesa de una buena noche de sueño en una cama propia, las parejas siguen sujetas a la convención social que dicta que compartir la cama es un signo de una relación sexual saludable y un símbolo de una relación comprometida. Dormir separados es desafiar la costumbre, socavar las expectativas de orden social y arriesgarse a la censura moral». Pero, ¿de dónde viene esa convención?

«Los inconvenientes para dormir y los conflictos de pareja tienden a ocurrir de manera simultánea»

En su libro Historias de alcobas (Siruela, 2011), la historiadora Michelle Perrot cuenta que durante el imperio romano, las clases más privilegiadas no compartían su propio lecho para la intimidad del matrimonio, sino que existían camas destinadas a tal uso, por lo que descanso y placer quedaban desvinculados. Según los relatos de Perrot, las clases más desfavorecidas, tanto en la época romana como en siglos posteriores, solían apiñarse en habitaciones comunes donde varios miembros de la familia se acurrucaban en una misma cama de grandes dimensiones. Fue la llegada de la Revolución Industrial la que ofreció nuevas opciones. Con la fabricación de los colchones de muelles, las camas en Europa se hicieron más pequeñas y más baratas de comprar y eso propició que aparecieran también las versiones matrimoniales. A partir de ahí, dormir separados se empezó a interpretar como una señal de relación distante

«Es evidente que la experiencia de los abrazos y la cercanía es muy importante para muchas personas. Esa sensación de calidez y protección es real y a algunos puede que realmente les ayude a dormir. Así que no hay una solución única para todos», concluye la investigadora Wendy Troxel en una entrevista. «Siempre digo que depende de la pareja. Si estás en un punto en el que ninguno de los dos duerme bien, entonces podría valer la pena dar un paso atrás y repensar las cosas. Si no está durmiendo lo que necesita, probablemente esté pagando un precio demasiado alto por los beneficios psicológicos de compartir una cama».| @abc

Ya llegó el «sunday scaries»

Llega el domingo por la tarde, que, teniendo en cuenta que solo solemos tener dos días libres a la semana, no es una franja de tiempo nada desdeñable. Y, de repente, empiezas a notar cierta sensación de disgusto difícil de explicar. No es cansancio, puesto que no has trabajado, pero sí percibes un bajonazo tremendo y un sentimiento de inquietud aliñado con tristeza que nos sabes a qué atribuir. Si los días de la semana tuviesen un termómetro de bienestar, a última hora del domingo estaría en su punto más bajo (quizá con el lunes a primera hora, aunque en ese momento ya estamos al menos más activados). ¿Qué nos pasa? Se llama síndrome del domingo por la tarde o sunday scaries (terrores del domingo) y es un sentimiento de ansiedad y desánimo que en algunas personas hasta cristaliza en dolores de cabeza, malestares digestivos e incluso palpitaciones. Pero, sobre todo, se caracteriza por una avalancha de pensamientos negativos. Cada cual sufre su propia versión: unas personas ven venir el lunes con preocupación y ante esta amenaza se bloquean, otros entran en rumiación -dar vueltas a las mismas ideas una y otra vez- y los más ansiosos tienen ataques de mal humor. ¿A alguien le suena?

«Muchas personas viven pensando en el fin de semana para sentir que su vida tiene sentido, quizás porque se encuentran en situaciones laborales, académicas o personales que no les gustan y apenas le encuentran sentido a lo que hacen: solo sienten que exprimen sus vidas cuando se acerca el viernes. Pero, como todo tiene un ciclo, cuando vuelve la tarde del domingo se remueven por dentro, porque saben que en pocas horas empezarán de nuevo a sentir un vacío», explica Marina Marta García Fuentes, psicóloga clínica y directora del Instituto Psicode.

Tal y como indica, nuestro cerebro no entiende en qué día estamos, si es domingo o lunes. Y, como quiere darnos la energía que necesitamos para acometer esas tareas de la semana en las que hemos empezado a pensar, comienza a activarnos… «Así que sentimos una tensión como si el problema laboral o de entre semana estuviera ahí en nuestro salón (y el caso es que nos encontramos en el sofá, observando cómo el cuerpo se nos acelera)». Es decir, el síndrome consiste en que, en ausencia de un problema futuro (no estamos aún en el lunes), lo traemos a nuestro presente y acabamos nerviosos (porque, encima, aún no podemos hacer nada para abordar esas cuestiones).
¿Qué podemos hacer para disfrutar de esa recta final del fin de semana? Hay varias vías que podemos probar para no desaprovechar ese tiempo de libertad. La psicóloga recomienda, por un lado, disfrutar del nadismo, es decir, no hacer nada y quedarnos en casa sin ningún tipo de remordimiento y haciendo cosas que nos gustan -leer, ver series, jugar con la consola…- pero que no carguen la agenda (hay agendas de fin de semana que dan miedo, llenas de compromisos, partidos de niños, etc), tal y como promueve el hygge danés, un concepto que invita a disfrutar del ocio en casa sin imponerse planes, reduciendo o prescindiendo de las redes sociales y disfrutando de la seguridad de estar en casa, nuestro lugar seguro donde no tenemos que fingir ser lo que no somos.
QUINCE MINUTOS
¿Esto significa que no debemos planificar nada de la semana que está a punto de empezar para no agobiarnos? Todo lo contrario. Si sufres del síndrome del domingo por la tarde, es mejor que dediques quince minutos de ese día a planificar por encima las jornadas venideras, mejor que estar toda la tarde y la noche con ese runrún tan dañino en la cabeza. «Cuando planificamos, parece que hacemos una especie de tregua con el cerebro, ya que, al tenerlo apuntado, no nos recuerda tantas veces lo que tenemos pendiente y descansamos mentalmente. Nuestra memoria no es infinita, apuntar ayuda a pasar página y poder poner la atención en otras cosas», señala la psicóloga, que añade un consejo imprescindible: no planificar más cosas de las que podemos hacer durante la semana, ya que, si no, la propia agenda se convertirá en un estresor visual. Hay que ir a básicos.
Otros tips que ayudan: planear actividades de domingo totalmente distintas a la habituales (para romper el bucle) y no cambiar mucho de horarios. Finalmente, deja para la noche algo que te guste mucho (tu serie favorita, pedir comida a domicilio, cocinar algo especial). Es decir, llena esas horas oscuras con algo bonito.

Y el temido lunes… ponlo en su sitio

Los domingos por la tarde estamos en horas bajas y esto, sin duda, influye en nuestra manera de iniciar el lunes (el día que tradicionalmente ha concentrado más suicidios). Reservar para este día de arranque una actividad que nos guste (quedar para comer con alguien que nos caiga bien, ir a la biblioteca, un rato de piscina, una clase de algo que te agrade, una caminata con tu perro) puede marcar la diferencia para no sentir que hemos perdido toda la autonomía sobre nuestro tiempo ni sobre la gente con quien lo pasamos. Si logramos encarrilar la semana con un buen lunes, en los días siguientes superaremos el llamado ‘monday blues’ (‘tristeza del lunes’). Según los expertos bursátiles, son días tan poco animados que hasta se nota en la tibieza de las inversiones: no hay euforia, no hay apuestas ni hay riesgo. | @diariodenavarra