

El putísimo final me tiene a lágrimas pic.twitter.com/gRx6CvVKT1
— 𝐂𝐀𝐌𝐈𝐍𝐎𝐒 🇪🇸 (@Diegocalle_15) August 17, 2026
repite absolutamente CADA semana lo mismo y tiene que apuntarselo y leérselo desde una libreta en vez de saberselo de memoria????? shock pic.twitter.com/tf6zBChqaM
— ₕʸᴰᵣₒ (@hydrochl0r1de) August 16, 2026
Lo veo en mis hermanos/primos (rango de edad: 18-25), comidas, cenas, viajecitos, glovos, ropitas… cero interés en ahorrar, viven en el momento sin pensar demasiado en el futuro. Están en su derecho de gastarse sus sueldos como quieran, pero a mi no me parece lo más correcto. Yo también con su edad malgastaba, pero ahora entiendo que era un error.

Gonzalo Bernardos critica la tendencia de pedir préstamos para las vacaciones. El economista aconseja adaptar los gastos a realidad económica de cada uno.
«Le recomendaría que se quede sin vacaciones porque un préstamo es esencial cuando hay un agujero económico que no se puede sufragar de otra manera», señaló el docente. Según él, pedir fondos para viajar empeora los desequilibrios presupuestarios anteriores. Aborda la cuestión de la relación entre ingresos y capacidad de gasto. Bernardos afirma que hay perfiles con salarios altos que pasan dificultades económicas por vivir por encima de sus capacidades.
En una comparación entre generaciones hecha por el economista, afirma que «los jóvenes de los años 80 y 90 solo conocíamos el pueblo al que íbamos en verano. Allí se gastaba menos porque los precios eran más bajos«, afirmó. Así, ha habido, según este experto, una transformación en los hábitos turísticos, que ha coincidido con los distintos destinos y con una mayor exposición social vinculada al consumo visual y de subida de contenido en plataformas digitales.
En conclusión, Bernardos cree que esta forma de vivir económicamente genera un nivel de gasto que no es realista con las posibilidades de cada uno. «No se puede querer tenerlo todo sin hacer renuncias. O ganas más dinero, o reduces tus expectativas de consumo», sentenció. | @20m

Durante décadas, fueron uno de los motores económicos de Bizkaia. De las minas se extraía hierro de primerísima calidad que se exportaba a países como Bélgica o Reino Unido. Pero los recursos son finitos. El mineral rojizo se agotó. Las minas se cerraron y, con ellas, se extinguieron los puestos de trabajo que generaban.
Es el símil que utiliza el sociólogo y activista por el derecho a la vivienda Eriz Mendizabal para ilustrar qué podría ocurrir con el turismo, una industria que, a su juicio, erosiona seriamente el comercio, el uso del espacio público e incluso la identidad cultural del Casco Viejo, sometido, según denuncia, a una presión turística excesiva. “Me preocupa que los lugares que están destinados a que la gente viva, comparta sus vidas y cree vínculos culturales y sociales estén siendo alterados por una economía extractiva: la economía del turismo. Se comporta como la minería: llega a un lugar, extrae todos sus recursos y, cuando los ha agotado, lo abandona”, resume.
Frente a ello, las instituciones y el tejido comercial y hostelero de la ciudad defienden que el modelo turístico de Bilbao es “sostenible y equilibrado” y destacan su capacidad para generar empleo. Mendizabal, en cambio, cambia el foco y pone el acento en las condiciones laborales que rodean al turismo: cuál es esa supuesta riqueza que genera, en manos de quién acaba y cómo se redistribuyen sus beneficios.
En ese sentido, sostiene que diferentes análisis socioeconómicos apuntan a que la redistribución de los beneficios generados por el turismo se encuentra entre las más bajas de las distintas actividades económicas. “Únicamente se destina, de media, el 18% al pago de salarios, que además son salarios muy bajos. Los ingresos que genera este modelo económico no acaban, por tanto, principalmente en los trabajadores, sino que terminan engrosando los beneficios de quienes han montado esas empresas”, precisa.
Describe el turismo como una suerte de hidra de siete cabezas: una economía de carácter transversal que, por su propia naturaleza, incide en ámbitos tan diversos como la vivienda, el comercio o el espacio público.
Uno de los casos “más evidentes” es la vivienda. Asegura que “está más que comprobado” que existe una relación directa entre el número de plazas destinadas al turismo, ya sean apartamentos, viviendas turísticas u hoteles, y el aumento del precio de la vivienda. Los datos del mercado inmobiliario sitúan al Casco Viejo entre las zonas más cotizadas de Bilbao, con un precio medio que, según Idealista, oscila entre los 3.442 y los 3.666 euros por metro cuadrado. Es, además, uno de los barrios que concentra un mayor número de viviendas de uso turístico de la villa, una presión que ha llevado al Ayuntamiento a adoptar medidas para limitar su proliferación. | @deia