Perdonad, pero en Vitoria llueven 5 días de 6.

En los Países Bajos, un estudio de 2017 siguió durante seis inviernos a 291 personas diagnosticadas con Trastorno Afectivo Estacional (TAE), una forma de depresión que aparece cíclicamente con la llegada del otoño y el invierno. El objetivo era entender cómo influye el clima —más allá del cambio de estación— en quienes padecen este trastorno. Los resultados revelaron que las oscilaciones meteorológicas de una semana a otra, como una racha especialmente gris, fría y húmeda, pueden intensificar los síntomas depresivos incluso en un periodo ya de por sí sombrío. Factores como la duración de la luz solar, la radiación global y la temperatura del aire demostraron tener un impacto directo en el estado de ánimo de los pacientes.

Lara Martos, una joven malagueña, confiesa que, acostumbrada al buen tiempo, le cuesta soportar estas semanas grises y frías. “Si lo pienso bien, casi la única vez que he visto llover así fue en octubre, durante la semana de la DANA, aunque por suerte mi pueblo, Fuengirola, no fue de los más afectados”. Asegura que la lluvia cala de inmediato en su estado anímico: “El problema es que es constante, no cinco horas y ya. No puedes ir a una terraza con tus amigos porque sales volando o te empapas. Se me está haciendo pesado”. Aun así, intenta ver la parte positiva: “Al menos se habrán llenado los embalses”.

Juan Molinero, psicólogo, explica que uno de los motivos por los que nos afecta la lluvia es porque restringe nuestra actividad social: “El buen tiempo te invita a salir de tu casa. El mal tiempo a resguardarte en un sitio cerrado. Al estar en actividades sociales experimentamos sensaciones más positivas que en soledad”. | @eldiario