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Un italiano fue descubierto disfrazado de su propia madre fallecida, con peluca, maquillaje y uñas pintadas, cuando intentaba renovar el carné de identidad de la progenitora para seguir cobrando su pensión, mientras ocultaba su cadáver momificado en casa.
Los hechos ocurrieron en la localidad de Borgo Virgilio, en la provincia de Mantua, al norte del país, el pasado 11 de noviembre. El periódico Il Corriere della Sera ha publicado la fotografía de carné que el hombre se hizo vestido supuestamente de su madre para tratar de seguir cobrando su pensión.
Se trata de un hombre de 57 años, enfermero de profesión, que acudió al ayuntamiento de la localidad asegurando ser Graziella Dall’Oglio y pidiendo renovar su carné de identidad.
Ante la escena, los funcionarios municipales desconfiaron y llamaron a la policía, que constató que no solo se trataba de un hombre sino que era el hijo de la mujer que estaba interpretando. Los agentes se personaron en su casa y encontraron el cadáver de la madre, que había ocultado durante tres años presuntamente para seguir cobrando su pensión.
Los agentes denunciaron al presunto impostor por los delitos de ocultación de cadáver, sustitución de persona, estafa a la Seguridad Social y falsedad documental. | @elpais
この子、陶芸歴1年なのに生徒が300人いるらしい。 pic.twitter.com/31NvbaQ76s
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Según el Wedding Trends to Watch Report 2025, el 86% de los jóvenes de la Generación Z planea casarse a corto o medio plazo. Lejos de la caricatura del veinteañero incapaz de comprometerse, una nueva ola de parejas celebra bodas tempranas, rescata los rituales tradicionales y convierte el «Sí, quiero» en tendencia.
Es el caso de Teresa y Carlos, de 25 y 28 años, que celebraron su boda en Murcia a finales de septiembre, cinco años después de conocerse y en el ecuador de sus estudios de doctorado: «Teníamos una amiga en común. Yo había salido de otra relación y le pedí a mi amiga que me presentase chicos, y ella me habló de Carlos», relata Teresa. «Él ya le había preguntado a nuestra amiga por mí, ya que me había visto en alguna foto de su Instagram. Un día, nuestros encuentros se solaparon y empezamos a quedar. No nos hemos separado desde entonces».
En una época marcada por el individualismo y la cultura del match, ¿qué explica que muchos jóvenes de la Generación Z vuelvan a apostar por el matrimonio?
«Vivimos un momento en el que el amor, la estética y la búsqueda de sentido se entrelazan, y el resultado es una re-romantización de la sociedad», explica Jordi Cirach, consultor especializado en el análisis de tendencias, comportamientos emergentes y cambios culturales. «Lo vemos en la revalorización de lo ritual, en el retorno de las cartas escritas a mano, los álbumes de fotos… y, por supuesto, en la propia espectacularización de las bodas».
Tras una década de aplicaciones de citas, la fatiga del swipe ha hecho mella. Tinder, que una vez fue símbolo de libertad (y libertinaje), hoy es sinónimo de agotamiento emocional. Un artículo reciente de Vogue apuntaba, incluso, que «tener novio en 2025 da vergüenza», razón por la que muchas jóvenes evitan compartir abiertamente que tienen pareja estable. Las encuestas revelan que cada vez más usuarios abandonan las plataformas de ligoteo o las usan con menor frecuencia y mucho menos entusiasmo.
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